Sociedad

Crisis Sanitaria

¿Cómo vive una familia con coronavirus en José C. Paz?

Cuando comenzó la cuarentena el intendente Mario Ishii anunció que José C. Paz estaba preparada para afrontar la pandemia. Sin embargo, la realidad que se vive en los barrios muestra que esa afirmación es mentira. Sabrina se contactó con la Izquierda Diario para contar cómo vive una familia con COVID-19 en el distrito del Barón del Conurbano.

Lunes 10 de agosto | 23:53

Reproducimos su testimonio:

Mi nombre es Sabrina Salica tengo 29 años y vivo en José C. Paz desde los 4 años. En casa somos 9 personas, mi mamá Graciela de 49 años, su marido Carlos de 55 años, mis hermanos, Facundo de 22 años, Agustina de 23 años, Cristofer de 17 años, Yair de 9 años, mi sobrino Gian de 3 años y mi hijo Mateo de 9 años. Todos nos hicimos el hisopado, después de semanas de espera los resultados dieron positivo de COVID 19 para todos, excepto los resultados de los niños que dieron negativo.

El viernes 17 de Julio, Carlos volvió antes del trabajo porque tenía un fuerte dolor de cuerpo acompañado por dolor de cabeza, trabaja en Tigre en un country como jardinero y mantenimiento de parques. El sábado siguiente no se presentó a trabajar esperando que su malestar pasara, pero por el contrario levantó fiebre, que al día siguiente habría cesado.

Mi mamá también comenzó a sentirse mal pero no levantaba fiebre, decidió llamar al 107 y comunicar el estado de salud de ambos, la única respuesta que obtuvo fue que no reunían "los síntomas necesarios" para la realización de un hisopado. Ese mismo domingo en casa todos empezamos a sentirnos con dolor muscular y dolor de cabeza, pero confiando en lo que nos decían del 107 se lo atribuimos a un simple estado gripal, yo particularmente sentía como si tuviese sinusitis, pero al no sentirme totalmente decaída seguí sin darle importancia.

El lunes le dicen a Carlos que para presentarse a trabajar necesitaba llevar el resultado de un hisopado para descartar la posibilidad de que haya contraído el virus. Mamá seguía en cama y con fuertes dolores de cuerpo a lo que empezó a tomar medicamentos por su cuenta.

El martes 21/7 Carlos decide ir hasta la plaza Don Bosco de Derqui, donde nos habían dicho que estaban realizando un operativo de detección del virus, por fin y después de la insistencia logra que le realicen el hisopado. Quedan en que en 48hs. se van a comunicar para darle el resultado.

En casa ya estábamos todos mejor (excepto mamá) y cada uno se había presentado a sus respectivos trabajos. Yo trabajo en una agencia de lotería al igual que mi hermana y mi hermano en un mayorista de supermercados de repositor, todos trabajamos en negro.

El día 23/7 llega el llamado y le dicen a Carlos que había dado positivo, que debíamos aislarnos y avisar en nuestros trabajos y a las personas que habían tenido contacto con nosotros, en un segundo cambió la vida y la incertidumbre inundó nuestras cabezas.

Nos dijeron que hicimos mal en ir a otro partido a realizarnos el hisopado y al comentarle sobre el estado en que se encontraba mi mamá dijeron que era el municipio de José C. Paz el que tenía que encargarse de ella. Ahí comenzó una verdadera travesía.

Lograr que mi mamá tenga una atención médica debido a su estado de salud y al agravante de presentar una enfermedad de base como lo es la diabetes, no fue para nada fácil, sumándole a esto que para el sistema de salud no cuenta con una obra social y lamentablemente la salud es una mercancía aún en esta pandemia donde nos cansamos de escuchar que de esta salimos "todos juntos".

Es totalmente hipócrita, los que tengan una mejor prepaga u obra social tendrán dentro de este sistema capitalista una oportunidad muy distinta a los que no. Ese mismo día después de llamar al 107 y dar con José. C. Paz quedaron en mandar una ambulancia al día siguiente para que atiendan a mi mamá.

El viernes 24/7 llegó a casa la ambulancia le hicieron el hisopado y le dejaron un combo de Ivermectina y Paracetamol, ante mi consulta a la profesional de la salud si es que mi mamá con esos medicamentos mejoraría me respondió que sí y que en caso contrario vuelva a llamar.

Mamá apenas se levantaba para ir al baño y le estaba costando respirar porque se agitaba mucho, empezó a automedicarse con Sabutamol ya que la situación era desesperante.

El sábado 25/7 mis hermanos y yo tuvimos perdida del gusto y el olfato, llamamos al 107 y nos realizan los hisopados a los 3. La doctora que nos realiza el estudio quedó en que iba a volver a revisar a mi mamá, ya que yo vuelvo a insistir en que no la veía bien. La doctora dijo que le anotara en una hoja el nombre, apellido y DNI que por la tarde pasaría a revisar. Ese mismo día mamá seguía mal y la doctora nunca volvió y tampoco nadie llamó, nosotros volvimos a llamar al 107, otra vez decir su nombre, su DNI y su estado de salud. Quedan en que apenas se desocupe una ambulancia iban a mandar una al domicilio. La ambulancia nunca llegó.

La impotencia que sentía era insoportable la veía mal y no podía hacer nada por ella, lo único que hacía era llamar y llamar esperando una respuesta.

Esa misma noche llama una doctora de Pilar para hacer el seguimiento de Carlos que era quien se había hecho el hisopado en Derqui. Al comentarle el estado de mi mamá me dice que para su diagnóstico mi mamá necesitaba internación, pero que al ser de Pilar lo único que podía hacer era un reclamo a través de sus supervisores. Me dijeron que no dejara de llamar al 107 y exigir que vayan a atenderla.

El domingo 26/7 otra vez volver a llamar al 107, otra vez tener explicar que en casa había un caso positivo de COVID-19, otra vez explicar que mi mamá tiene diabetes y que cada vez está peor. Otra vez quedan en que van a mandar una ambulancia en el transcurso del día por la tarde precisamente.

Todo esto sumado al escándalo de los videos que luego se publicaron del intendente Mario Ishii, me inundó una bronca increíble, porque somos los pobres los que sufrimos el abandono del Estado y por eso me decidí a denunciar como se vive con COVID-19 a partir de nuestra experiencia.

Ese mismo domingo como a las 21 hrs la veo peor a mi mamá, le insisto que vayamos a un centro médico para que la atiendan. (Cosa que no podíamos hacer al ser casos "sospechosos" de COVID-19). Mi mamá me contesta: "No puedo ni caminar y ¿quién nos va a querer llevar?”.

La bronca e impotencia que sentía era insostenible, no podía hacer nada porque la gente que tenía que encargarse de atenderla se había lavado las manos desde el día uno.

Mi hermana que vive en otro domicilio también había estado llamando por la tarde y como a las 23:30 nos llaman que la ambulancia estaba en camino, fue un alivio dentro de tanta montaña rusa de emociones. A las 00hs. llega la ambulancia y baja una doctora con tan solo un barbijo, (no tenía los elementos de protección, máscara, cofia, etc. para el virus). Nos pregunta el motivo de la llamada y el estado de salud de mi mamá, le comentó que nunca tuvo atención médica ni seguimiento telefónico, cosa que sí había tenido Carlos. A lo que me contesta que eso era porque tal vez Carlos tenía obra social. Cosa que no es verdad, más bien es que desde Pilar hicieron un seguimiento de la familia siguiendo un protocolo. Al comentarle del caso positivo y al ver a mi mamá la doctora se dirige a la ambulancia y se pone los elementos necesarios de prevención.

Se la llevan al Upa Angio ubicado en Padre Ustarroz 5253. Queda internada y es tratada porque tenía el azúcar alta, a lo que se debía el dolor de piernas. El viernes 30/07 le dan el resultado a mi mamá y dio positivo. A mis hermanos y a mí nos dieron los resultados el lunes 3/08 y todos fueron positivos.

Nunca recibimos acompañamiento ni seguimiento del municipio de José C. Paz, todos trabajamos en negro y no sabemos si vamos a cobrar los días de aislamiento y recuperación, solo recibimos la solidaridad y ayuda de los vecinos, familiares y amigos que nos van a hacer las compras, nos mandan fuerzas, etc.

Me pregunto qué hubiera sido de mi mamá si es que la atención médica hubiera llegado mucho antes, tal vez hubiese podido transitar el aislamiento de una mejor forma acá en casa con nosotros, tal vez no hubiese sido necesario utilizar una cama más en ese tan colapsado sistema de salud, si desde el día en que nos enteramos del positivo la hubieran atendido y la hubieran medicado. Y hasta ahora nadie me saca la idea de la cabeza que esa ambulancia que vino el domingo por la noche no sabía que en casa estábamos en aislamiento, porque tal vez tampoco hubiese llegado.

Lo que más bronca me da son esos carteles que ponen desde la municipalidad día a día lamentando los fallecidos y dando las condolencias a las familias. La hipocresía que manejan es terrible, porque en realidad no se hace nada para evitar que esas vidas no se pierdan porque en realidad al posible caso se lo aísla, se le da una caja de Ivermectina (una droga experimental) y unos Paracetamol y listo. Arreglate, jodete por salir a laburar para comer, jodete por no tener una obra social por trabajar en negro o porque no te alcanza para pagarte una prepaga y te dicen #Quedateencasa.

La precariedad de la vida

El Censo de 2010 muestra situaciones de vulnerabilidad sociosanitaria: un 5,88% de población vive con hacinamiento crítico, mientras que el intendente Ishii fue investigado por entregar casas de emergencia habitacional a familiares en 2010.

Según el INDEC, de los 45 millones de personas en Argentina, más de tres millones y medio de familias no tienen una vivienda adecuada. Unos doce millones de personas tienen problemas de techo, casi un tercio de la población. Y la tendencia va en aumento. Viven hacinados, en condiciones de insalubridad, sin agua ni servicios.

En el Gran Buenos Aires se calculan casi 1.300 barrios irregulares, en zonas inundables, expuestos a la contaminación y falta de infraestructura básica, conformados por casi 400 mil hogares, sin red cloacal ni gas natural.

El intendente expresó que “desde el municipio estamos repartiendo entre 15 mil y 18 mil bolsones mensuales de alimentos. A eso le sumamos que al enfermo con diagnóstico positivo debemos hacerle llegar la comida a su hogar para que no salga.” Sabemos que esto no es así, al menos con Sabrina y su familia, nunca se comunicaron para nada.

También dice que “contratamos un avión para anunciar nuevas medidas para que toda la población se entere: que tiene que llamar a tal número, que no debe moverse de la casa”. Como si eso alcanzara para asistir los casos sospechosos o positivos de COVID.

Lo que se necesita es que se invierta en los centros de asistencia médica tanto a nivel municipal como provincial, los trabajadores de la salud son los que están en la primera línea, pero están inmersos en la mas absoluta precariedad.

De la situación que están viviendo Sabrina y su familia se destaca también que todos trabajan de manera informal, no saben si van a cobrar el sueldo mientras estén de licencia médica y como ellos se encuentran miles en la misma situación laboral y no obtienen respuesta ni del gobierno nacional, provincial o municipal.

No está de más denunciar que el propio intendente Mario Ishii precariza a los trabajadores temporarios municipales que llegaron a tener salarios de 1500 en el mes de abril, mientras que el intendente cobra un sueldo por arriba de los 150 mil pesos y el gobierno destina millones al subsidios de empresas y a pagar una deuda ilegítima.

Mientras que los que generaron la crisis siguen ganando millones, a la clase trabajadora solo le toca sobrevivir, en medio de una pandemia que no hace más que agudizar las desigualdades sociales que genera el capitalismo, por eso hay que exigir que no vaya ni un solo peso al FMI, que esa plata vaya para salud, trabajo y vivienda digna.







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