Géneros y Sexualidades

MUJER

¿Cómo frenar la violencia machista?

El pasado 25 se realizaron distintas performances y demostraciones callejeras contra la violencia machista. Pero en Uruguay ya son 20 las mujeres asesinadas por varones que fueron parejas, ex parejas y conocidos de la víctima. ¿Qué hacer? ¿Cómo cortar con esta violencia? Un debate al interior del movimiento de mujeres.

Karina Rojas

Montevideo

Lunes 28 de noviembre | 21:46

El pasado 25 nos manifestamos en distintos lugares de Montevideo y del país contra la violencia machista, para que no nos sigan matando, para denunciar las tantas violencias a la que estamos sometidas socialmente y para exigir al Estado medidas concretas para al menos paliar sus efectos más nocivos, sabiendo que la erradicación de la violencia machista tendrá que ver con un cambio social profundo, incluyendo del sistema capitalista y opresor en el que vivimos.

Nos manifestamos para exigirle al Estado que respete nuestros derechos y nuestras vidas, y que si el gobierno realmente está interesado como dice en protegernos frente a la violencia machista, que ponga los recursos que hacen falta en políticas de prevención y asistencia a mujeres en situación de violencia machista, que invierta en hogares de estadía para mujeres y sus familias, que de subsidios económicos, licencias laborales y tantas otras cosas mínimamente necesarias en estas situaciones.

Sin embargo, siempre nos quedamos en la asistencia, ¿pero cómo hacer para frenar verdaderamente la violencia hacia nosotras?

Capitalismo y patriarcado van de la mano

Partimos de considerar a los feminicidios como “la punta del iceberg” de una cadena de múltiples manifestaciones de la violencia a nivel psicológico, económico, sexual y físico que son más o menos constantes en muchas mujeres.

Ya sabemos también por estadísticas recientes (2013) que 7 de cada 10 mujeres en Uruguay hemos vivido situaciones de violencia en algún momento de nuestras vidas.

El maltrato y la discriminación en los trabajos, el acoso callejero, la violencia sexual legitimada socialmente, y esa noción social de subordinación constante de la mujer que nos ha relegado al ámbito doméstico y al rol de servidora de otros es lo que hay que cambiar profundamente, si es que queremos frenar los asesinatos a las mujeres porque hay hombres que las consideran de su propiedad.

El problema es social, es profundo, es cultural y por tanto se puede cambiar. Tiene que ver con las bases culturales de nuestras sociedades sostenidas por el patriarcado, al que se le suma el capitalismo que se nutre y se retro-alimenta de él. Es el capitalismo el que refuerza las cadenas de la presión y la explotación de género al recluirnos al ámbito doméstico, al flexibilizar o directamente no reconocer nuestro trabajo, al precarizar nuestras manos, al condenarnos a la pobreza (más de la mitad de la pobreza en Uruguay está compuesta por mujeres) y reforzar la discriminación contra nosotras.

El rol del Estado (y del gobierno)

Por tanto, el cambio social no va a venir de la mano de este Estado ni de sus instituciones como la justicia o la policía, que nos re-victimizan en las comisarías y en los juzgados.

No va a venir ningún cambio de estas instituciones ni de otras si no se cambia el Estado, que hoy sigue siendo misógino y reproductor de la ideología patriarcal, que tutela a la mujer como si fuera inferior al hombre (demostración de ello es la ley de aborto vigente que, si bien es un avance frente a la ilegalidad, marca una tutela estatal importante hacia las mujeres, ubicándolas siempre como subordinadas y dependientes).

Inclusive en cuestiones tan básicas como la equiparación salarial o la discriminación en los trabajos (donde las mujeres terminan teniendo los de menor calificación) el Estado es responsble por legislar siempre a favor de los patrones explotadores.

Lo que ocurrió con las ex trabajadoras de la ex FRIPUR también fue responsabilidad del Estado, donde la mayoría de ellas eran (y son) jefas de hogar, con experiencias de años en trabajos de baja calificación, o en negro y superexplotadas, donde el Estado dejó que casi 1000 puestos de trabajo se perdieran, dejó impunes a los dueños de la empresa (claro, son los amigos del Pepe Mujica) y negó totalmente cualquier apoyo a la salida planteada por los trabajadores de que la empresa se transformara en una cooperativa. Eso también, señores, es violencia contra la mujer.

O como cuando el recién asumido presidente Tabaré Vázquez dijo que lo que mataba a la mujer no era la violencia machista sino el tabaco, una frase por demás repudiable y además nuevamente, subestimadora de la mujer.

El Estado capitalista y patriarcal no nos va a dar ninguna solución de fondo. Por eso debemos exigirle y arrancarle hasta la más mínima reivindicación, pero sabiendo que la pelea es por derribar a este mismo Estado y al sistema que sostiene, el capitalismo y el patriarcado.

Necesitamos un movimiento independiente del Estado

Las miles de mujeres que nos manifestamos el pasado 25 de noviembre, debemos organizarnos en un gran movimiento que sea independiente del Estado y de los partidos de este régimen, ya que es un problema que en una manifestación una no pueda ir con una bandera que critique al gobierno, o que la misma sea en silencio y no se puedan cantar consignas contra el estado.

Pero el movimiento independiente implica también no regodearnos con las que somos, sino que tenemos que llegar a las miles y decenas de miles de mujeres superexplotadas, a las mujeres trabajadoras, tenemos que apuntar a su organización y a levantar sus demandas.

Es necesario formar comisiones de género en los lugares de trabajo y estudio, para que las mujeres podamos tomar ese espacio como propio, para que nos empoderemos y exijamos que los sindicatos, centros de estudiantes y federaciones tomen nuestras reivindicaciones, y que lo hagamos junto a los compañeros varones, porque también a ellos hay que “cambiarles la cabeza”, y lo vamos a hacer las mujeres organizadas. El cambio es de abajo hacia arriba, y por eso tenemos que empezar a organizarnos nosotras.

Un ejemplo pequeñito, Humanidades

Yo me manifesté con mis compañeras y compañeros de la Comisión de Organización del Centro de Estudiantes de Humanidades y Ciencias de la Educación, con quienes durante todo el año hemos mantenido una militancia firme y constante alrededor de esta temática. Hicimos talleres, muestras audiovisuales, nos manifestamos por #niunamenos, relacionamos la dictadura con la cuestión de la mujer, coordinamos acciones con otros sectores como docentes y estudiantes de UTU, reclamamos que todo el Centro de Estudiantes tome la problemática de la mujer (cuestión que conseguimos parcialmente) … en fin, una pequeña demostración que se puede.




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