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Cómo enfrentar al gobierno de Bertone: ¿Unidad con quiénes y para qué?

Ante un 2018 que comenzó con miles de despidos en el sector estatal y con decenas de luchas en todos el país, muchos llaman a la "unidad". Los peligros y la trampa de una unidad oportunista y sin ningún contenido. La necesidad de un Frente Único Obrero que nos permita golpear juntos, pero delimitándonos de las direcciones burocráticas que solo buscan el beneficio del sector político al cual pertenecen.

Alejandro Marin

Docente exonerado por luchar - Delegado del Sutef

Jueves 1ro de febrero | Edición del día

A nivel nacional, si bien la imagen del gobierno cayó considerablemente en los últimos meses producto de las medidas antiobreras de las cuales la reforma previsional fue la más visible, todavía mantiene cierto margen para continuar con el ajuste. Esa capacidad relativa se asienta en el acompañamiento de gobernadores y gobernadorass, los diputados del PJ, el massismo, el radicalismo y fundamentalmente de la burocracia de la CGT.

La baja de popularidad no se debe únicamente al carácter de las reformas; la movilización de miles de trabajadoras y trabajadores en las jornadas del 14 y 19 de diciembre, demuestran que el camino para enfrentar a los gobiernos es la unidad en las calles. Al mismo tiempo, sería un error creer que la movilización creciente es un fenómeno solo espontáneo: entre el pasivo oportunismo y la connivencia de las centrales sindicales, los partidos y organizaciones de izquierda y las bancas de sus legisladores y legisladoras han sido fundamentales para encabezar esa resistencia.

En nuestra provincia, un breve balance sobre la situación política del gobierno de Bertone, permite destacar algunos elementos a tener en cuenta antes del comienzo del ciclo lectivo: la derrota sufrida en las últimas elecciones de medio término, la propia interna dentro del PJ y la disposición de un importante sector de trabajadores para enfrentarlo.

Aunque la segunda parte de la campaña estuvo marcada por anuncios importantes como la ampliación del puerto de Ushuaia o la millonaria remodelación del hospital público Gobernador Campos, no logró revertir la tercera ubicación en el escrutinio final, quedando afuera de las bancas en juego en la cámara de diputados. Este golpe previsible, contrasta con el ingreso a la Cámara del candidato macrista Tito Steffani, que con la receta de Duran Barba, basada en alocuciones vacuas, pero con fuerte sentido emocional, recogió los votos de un electorado crédulo.

Es cierto que la polarización nacional jugó un papel importante, pero hay que destacar que la gobernadora fue, junto con Morales de Jujuy, quien hizo todas las tareas ordenadas por la alianza Cambiemos. Desde la represión en casa de gobierno, hasta el ajuste brutal del segundo paquete de leyes a fines de 2017, pasando por garantizar cientos de despidos en el sector metalúrgico, la adhesión a la responsabilidad fiscal y la reforma previsional como base del ajuste, el gobierno no ha parado de caer.

Entonces, a pesar de ser una de las mejores alumnas del macrismo: ¿por qué no logró contener al menos al electorado más próximo? Una parte de la respuesta está en la propia debilidad interna por la fractura del sector del PJ al que representa. Es que parte del peronismo, como son las dos intendencias en Ushuaia y Río Grande, llegaron al gobierno de la mano del kirchnerismo referenciado en Scioli, y aunque han colaborado con el ajuste y fueron víctimas del ahogo financiero; como en el resto del país la gente votó al original antes que a malas copias que se quisieron disfrazar de amarillo.

Pero hay un elemento aún más importante, ya que no siempre la pérdida de apoyo popular es consecuencia de medidas antiobreras, y en nuestro territorio se vincula claramente con la resistencia que hemos ofrecido los trabajadores y trabajadoras de la educación, junto a gremios del sector público provincial y municipales. Esa gran pelea expresada en las calles explica, aunque pueda discutirse el balance relativo, la erosión del poder político del gobierno y su actual estado de impotencia.

Aún con la complicidad de la burocracia de ATE, UPCN, UTGHRA -por citar a los más numerosos-, exoneraciones, suspensiones descuentos salvajes, ataque a las organizaciones y dos años de congelamiento salarial, la unidad de los gremios combativos ha demostrado que siempre sirve luchar aunque los resultados inmediatos no sean favorables.

El valor y la confianza en su propia fuerza que han demostrado sectores de trabajadores y trabajadoras, permite avizorar un escenario de nuevas luchas para este año. La fatiga natural por la extensión del conflicto no se ha transformado en desaliento generalizado y es momento de definir los pasos a seguir.

En este sentido el debate que recorre al conjunto de las organizaciones combativas se centra hoy en la definición de una táctica adecuada. Si bien la “unidad” es un requisito indispensable para derrotar definitivamente al gobierno, el carácter de tal “unidad” será una definición central en dicha regla.

Es en este punto sustancial que se hace necesario profundizar la discusión política. La fórmula de la “unidad” por más atractiva y sincera que se pronuncie, es una fórmula ambigua, que puede ser vacía, revolucionaria y también puede ser reaccionaria dependiendo de su contenido. El concepto no significa nada en sí mismo; es la base política en que se apoya la que le da sentido: ¿Unidad con quiénes, para qué?

Existen sobrados ejemplos respecto de la utilización de esa consigna, que han significado enormes retrocesos para la clase obrera. No es un problema de voluntarismo, desestimando las diferencias tácticas y los modos de intervención que guían a cada organización según el momento. Se trata de definir los contornos de la unidad; sus límites y fines que expresan justamente el programa político y lo diferencia en su alcance.

Desde el sindicalismo opositor y dentro de las centrales a las que pertenecemos, el llamado que hacen las CTA tiene dos tendencias. Por un lado, la línea del diputado Yasky que llama a enfrentar al macrismo desde una referencia partidaria y que puede resumirse en la proclama “Vamos a volver”. Por otra parte, la línea Micheli, exhortando a la unidad con el anterior para resolver su propio quiebre interno –con la línea de ATE Godoy- y luego acumular para un proyecto político indefinido.

Estas dos corrientes confluirán el próximo 22 en una marcha de protesta junto con el ala rebelde de la CGT, Moyano y Palazzo, pero al día de hoy, están dejando pasar los despidos, lo que solo se explica por el oportunismo que los caracteriza.

Entonces la “unidad” a que se hace referencia, no puede ser en el vacío teórico. La que posibilita la lucha en conjunto incluso con las conducciones burocráticas, pero no detrás de ellas, sino por abajo, en las bases, es la táctica del Frente Único Obrero (FUO). Desarrollada en momentos de reflujo, plantea la unidad transitoria con todas las organizaciones para golpear juntos contra un objetivo común, pero no pretende unificar las distintas tendencias detrás del mismo programa. Unidad en la acción, en las calles.

El Frente Único no significa que luchamos por lo mismo, que perseguimos los mismos objetivos estratégicos. No intenta homogeneizar renunciando a la lucha de clases. La unidad en la defensa como experiencia práctica permite visualizar las deformaciones burocráticas, trascender los límites del sindicalismo corporativo, incorporarse a otras luchas y tomar conciencia del rol histórico de la clase obrera.

Miles de trabajadoras y trabajadores confían aún y por motivos distintos, en representantes burocráticos, reformistas o conciliadores. El ejemplo más claro es la mayoría de Baradel en SUTEBA. No alcanzan tampoco las experiencias en Latinoamérica, le fracaso de Syriza en Grecia o el institucionalismo de Podemos en España para comprender que la salida a la crisis del capitalismo no es por la vía parlamentaria. En el escenario actual de la lucha de clases, es clave la unidad entre programa y estrategia.

Así como los gobiernos, tanto el nacional como los provinciales, utilizan todas las fuerzas del Estado para reprimir, la idea de una realidad distinta, sin explotados, no va a concretarse por medio de la conciliación. Como dice Trotsky en ¿Adónde va Francia?: “La lucha física no es sino uno de los medios de la lucha política […] Es inútil oponer una a la otra, pues es imposible detener voluntariamente la lucha política cuando, por la fuerza de las necesidades internas, se transforma en lucha física”.

Es imperiosa la Unidad, exigiendo a las centrales que se pongan al frente para dar una pelea con la mayor fuerza posible. En la experiencia de estas luchas y las lecciones aprendidas podremos ver los límites de sus conducciones, desenmascarar su política y producir un salto en la conciencia de las trabajadoras y los trabajadores.







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