REVISTA

Cómo Occidente llegó a dominar

Tomás Quindt

RESEÑAS
Ilustración: Iara Rueda

Cómo Occidente llegó a dominar

Tomás Quindt

Reseña de How the West came to rule: the geopolitical origins of capitalism, de Alexander Anievas y Kerem Nisancioglu (Londres, Pluto Press, 2015).

El libro How the West came to rule: the geopolitical origins of capitalism de Alexander Anievas y Kerem Nisancioglu tiene como hipótesis central que

los orígenes y la historia del capitalismo solo pueden ser correctamente entendidos en términos internacionales o geopolíticos y que su “internacionalismo” es constitutivo del capitalismo como modo de producción histórico. [1]

Tiene como objetivo discutir con las teorías (o aspectos de ellas) que están en boga hoy en día sobre el surgimiento del modo de producción capitalista y que, según los autores, lo explican como un fenómeno “intra-europeo” y no uno internacional donde “la agencia no europea afectó constantemente y redirigió la trayectoria y naturaleza del desarrollo europeo” [2]. Es decir, para los autores el desarrollo del capitalismo en Europa no fue un proceso suí generis. A lo largo de la obra polemizarán con tres tesis que ellos consideran eurocéntricas. La primera es que los orígenes y las causas de la modernidad capitalista son producto de desarrollos principalmente endógenos a Europa (internalismo metodológico). La segunda, la prioridad histórica, divide tradición de modernidad, siendo el Oriente la primera y Occidente la segunda. Por último, y derivada de las dos previas, estaría el desarrollismo lineal que supone que la experiencia de modernidad europea es una fase universal del desarrollo por la cual todas las sociedades deberán pasar.

Un grupo de autores ha empezado a polemizar, desde los años ‘90, con lo que creen que es una visión eurocéntrica de la transición al capitalismo, dándole mayor importancia al papel jugado por las formaciones sociales y los modos de producción que estaban por fuera del feudalismo europeo. Según los autores, los mayores aportes los han hecho aquellos académicos que estudian las relaciones internacionales, pero afirman que estos últimos han terminado reproduciendo las premisas y conclusiones eurocentristas ya que no han podido terminar de “provincializar” Europa [3]. La propuesta del libro es ampliar el espacio de análisis más allá de Europa a través de la longue durée (Escuela de los Annales), “clarificando las múltiples formas en las que ‘el Oeste’, como identidad tanto político-ideológica como socioeconómica fue solo formada en y a través de relaciones interactivas con el mundo extra-Europeo” [4].

En los primeros dos capítulos se abordan las discusiones teóricas fundamentales. El primero presenta las distintas concepciones de la transición del feudalismo al capitalismo. El segundo presenta lo más novedoso a mi entender: la incorporación de la teoría del desarrollo desigual y combinado de Trotsky (TDDC) para comprender el surgimiento del capitalismo. Para ellos esta teoría “es la única que incorpora distintivamente una dimensión internacional de la causalidad dentro de su propia concepción de desarrollo” [5]. Los autores afirman que puede ayudar a superar la fuerte división entre las explicaciones endógenas (intensificación de la lucha de clases, demografía, contradicciones económicas estructurales) y exógenas (desarrollo del comercio y las ciudades) y que igualmente estas reproducen, en mayor o menor medida, los presupuestos eurocéntricos. Entre los primeros discutirán con Dobb, Brenner y Meiksins Wood, enfrentados a las concepciones de Sweezy y Wallerstein. Según afirman, los estudios que han tratado de explicar la transición con una mirada no eurocéntrica han equiparado las “formas antediluvianas” del capital con el capitalismo. Sin embargo, a mi entender los autores presentan el debate historiográfico demasiado esquemáticamente porque soslayan a autores que plantean posiciones no dualistas. Por ejemplo, en su artículo de 1975, Merrington plantea que el desarrollo de las ciudades feudales, que son “entidades autónomas y corporativas”, es intrínseco a un modo de producción que tiene en su lógica más profunda la fragmentación de la soberanía, del poder político [6]. Haciendo esto, “el feudalismo fue el primer modo de producción en la historia que, gracias a la ausencia de soberanía dentro del mismo, asignó un lugar estructuralmente autónomo a la producción urbana y al capital mercantil” [7]. En este sentido Merrington habla de una “exterioridad interna” del sector urbano, donde su interioridad es condición de su exterioridad. Finalmente afirma que al mismo tiempo que tiene “efectos disolventes” sobre el modo de producción, el capital mercantil (que se desarrolla en el feudalismo) tiene como condición de su existencia ser exterior a la producción porque actúa como intermediario entre extremos que no controla y premisas no impuestas por él (Marx) [8]. Es por eso que se debe pensar en esos términos complejos y contradictorios el “rol” de lo urbano y del capital mercantil en la transición.

Ilustración: Iara Rueda

Volviendo al libro, en la Introducción los autores se ocupan de definir conceptos clave para su lógica argumental. Interesantemente, defienden la comprensión marxiana del capitalismo como una totalidad social contradictoria, “un conjunto de configuraciones, ensamblajes o grupos de relaciones sociales y procesos orientados alrededor de la reproducción sistemática del capital, pero no reductible- ni –histórica ni lógicamente– a una relación sola” [9]. Siguiendo ese razonamiento, afirman que la reproducción del capitalismo a través del trabajo asalariado presupone un conjunto de relaciones sociales diferenciadas que la hacen posible y no están dadas inmediatamente por ni se derivan de la primera. Utilizan el ejemplo del patriarcado:

la existencia del trabajo asalariado presupone una vasta “esfera de reproducción” que está fuera –aunque esté relacionada– del proceso inmediato de producción. En ese sentido, formas no asalariadas de producción –cocinar, cuidado de la casa, crianza de los niños, etc.– son fundamentales para la reproducción del trabajo asalariado y del capitalismo como tal [10].

Anievas y Nisancioglu afirman que la TDDC provee una forma de revelar y analizar la emergencia histórica y el desarrollo de esos ensamblajes constitutivos del capitalismo. Constitutivos históricamente hablando pero también en relación al presente: son elementos sin los cuales el capitalismo no podría funcionar. Son esos elementos los que los autores consideran mucho más amplios que los que se toman en cuenta hoy en día a la hora de explicar la transición. El elemento central que estudian es la relación de la Europa proto-capitalista con otras formaciones sociales, con otros modos de producción. Esto no quiere decir que desconozcan que el capitalismo surgió en Europa, “algo único tuvo lugar en Europa que la propulsó al dominio global a expensas de las sociedades no europeas” sino más bien que “descubrir las historias de subyugación y explotación que yacen detrás de este alza es, por tanto, crucial para la crítica a la mitologización del excepcionalismo europeo” [11]. Un punto central que marcan los autores es “que el capitalismo pudo emerger, echar raíces y reproducirse a sí mismo –tanto a escala nacional como internacional– a través de procesos violentos, coercitivos y a menudo bélicos subyugando, dominando y a veces aniquilando muchas de esas fuerzas sociales que se le interpusieronproceso que continúa hasta el día de hoy” y es por eso que en la obra se le da importancia al estudio geopolítico [12].

En los capítulos siguientes nos encontramos con análisis más concretos de formaciones sociales o períodos históricos específicos. Por ejemplo, el capítulo 3 analiza como el enorme crecimiento del Imperio mongol permitió unir regiones previamente separadas en términos socioeconómicos. A partir de las conquistas nómadas, la región euroasiática se fue consolidando como un espacio más interconectado donde fluían desarrollos técnicos y conocimientos desde y hacia Europa, donde ésta última se benefició particularmente de lo que le aportaba el mayor desarrollo asiático. En el capítulo 4 analizan el papel que tuvo el relativo aislamiento de Inglaterra de las disputas entre los imperios otomano y habsburgo, a la hora de darle más cohesión a su clase dominante, algo fundamental para completar el proceso de cercamientos y absorción de tierras en el siglo XVI y más adelante. A su vez el Imperio otomano, que dominaba el mediterráneo y las rutas terrestres en Asia, forzó el redireccionamiento hacia el Atlántico para la expansión europea, eso es lo que se analiza en el capítulo 5. A los autores les interesa la desigual combinación de formas de trabajo y desarrollo de las fuerzas productivas que encontramos en América (fuerza de trabajo esclava proveniente de África, tierra americana y capital inglés) que le permitió a Inglaterra sobrepasar los primeros límites que surgieron al desarrollo capitalista. En el capítulo 7 se analiza el caso holandés, que través de la Compañía Neerlandesa de Indias Orientales (VOC) creó una red integrada de producción global, que combinaba distintas relaciones sociales de producción (esclavos, trabajadores serviles de distinto grado) y modos de producción, desde la producción de especias en Indonesia, pasando por la de metales preciosos en Japón y China, hasta la producción textil de la India. Los autores plantean que no podría haber habido desarrollo capitalista en Holanda sin esa masa de trabajadores no libres a los cuales subordinó, subjugó y subsumió. En el último capítulo estudian la fase, según ellos decisiva, donde “Occidente” se alzó cada vez más definitivamente por sobre “Oriente”, pensando en la multiplicidad de determinaciones que permitieron que ese proceso tuviera lugar y pensando un caso particular como hito fundante, la colonización inglesa de la India. En este sentido, la TDDC “provee una potente arma teórica capaz de identificar y articular estas múltiples y variadas, aunque combinadas, relaciones sociales de poder y explotación que hacen al modo de producción capitalista...” y concluyen que utilizando un punto de vista internacional “nuestra aproximación ha identificado una multiplicidad interactuante de ‘cadenas causales’ que emanan de diferentes y desiguales vectores espacio-temporales de desarrollo que se combinaron en las variadas conjeturas examinadas en este libro” [13].

A modo de conclusión, destaco la ambición de los autores por plantear principios de respuestas a problemas que han tenido teóricos marxistas (y no marxistas también) a la hora de explicar la transición al capitalismo. El contexto en el que aparece este libro es el del estallido de la crisis capitalista más aguda desde la Gran Depresión, donde la burguesía no encuentra una salida “pacífica” a largo plazo. Estamos presenciando una “Vuelta a Marx” y al marxismo, entendiéndolo como búsqueda de herramientas para comprender las crecientes convulsiones mundiales, aunque aún prima, casi exclusivamente, su utilización teórica por sobre la práctica. Anievas y Nisancioglu ensayan algunas conclusiones políticas de los análisis que hacen en el libro. En primer lugar que si el capitalismo tiene un origen (lógico e histórico), un desarrollo y crisis internacionales, entonces los anticapitalistas tenemos que tener un cuestionamiento global a su dominio, no hay posibilidad de “socialismo en un solo país” y esa es la gran lección que nos dejan los procesos por los cuales los Estados obreros se fueron y los fueron degenerando en el siglo XX y se convirtieron en la negación de sus objetivos iniciales. En segundo lugar, pensar las distintas formas sociales constitutivas de la reproducción capitalista (trabajo no asalariado, trabajo forzado o ilegal, coerción estatal, el patriarcado, el racismo, etc), no como externalidades, como epifenómenos ideológicos o superestructurales, sino como peleas centrales para ir a fondo en el enfrentamiento al sistema. Con esto no niegan la centralidad de la clase obrera en la lucha contra el capitalismo pero sí la noción de clase obrera bajo la rúbrica de la experiencia europea que no incluye en ella a sujetos fuera de la relación asalariada “típico-ideal”. El llamamiento final es a valerse de ese desarrollo desigual y combinado del capitalismo y “usarlo” contra el capitalismo.

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NOTAS AL PIE

[1Ibídem, p.2.

[2Ibídem, p. 4.

[3Se refiere al libro de Dipesh Chakrabarty, Provincializing Europe: Postcolonial Thought and Historical Difference, New Jersey, Princeton U. Press, 2000.

[4Op. Cit., p. 6.

[5Op. Cit., p. 7.

[6Merrington, J., “Ciudad y campo en la transición al capitalismo”, en Hilton, R. (ed.); La transición del feudalismo al capitalismo, Barcelona, Editorial Crítica, 1987.

[7Ídem.

[8Ídem.

[9Op. Cit. p. 9.

[10Ibídem, p. 9.

[11Ídem.

[12Ídem.

[13Op. Cit., p. 276.
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Tomás Quindt

Tomás Quindt nació en 1994, es estudiante de la Historia de la UBA y milita en la Juventud del Partido de Trabajadores Socialistas.
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