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ELECCIONES EN CHILE

Comenzaron las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile

Desde las 8 de la mañana se desarrollan las elecciones en las que se espera una victoria del candidato de la derecha, Sebastián Piñera, un alto nivel de abstención y el efecto de la reciente reforma política en la configuración parlamentaria.

Domingo 19 de noviembre | 10:51

Además de la presidencia, para la cual se postulan 8 candidatos, se elige la mitad del Senado y todos los diputados, bajo un nuevo esquema que reemplazó al sistema binominal heredado de la dictadura de Augusto Pinochet. Están en disputa 23 bancas en el Senado, 155 en Diputados y 278 consejeros regionales.

No hay mucho espacio para las especulaciones. Todas las encuestas dan por ganador al candidato de la derecha, Sebastián Piñera. Según la última encuesta CEP, la más relevante de cara a las elecciones, Piñera ronda un 44,4% de los votos probables. Bastante más atrás le sigue el candidato oficialista, Alejandro Guillier con un 19,7% de las preferencias. En tercer lugar, se ubica Beatriz Sánchez, candidata del Frente Amplio, con un 8,5%.

El escenario para el cual todos se preparan es a un ballotage entre Sebastián Piñera y Alejandro Guillier. Atrás quedaron las especulaciones de una posible victoria de Piñera en primera vuelta o de un sorpasso de Beatriz Sánchez, candidata de la llamada “nueva izquierda” referenciada con los nuevos fenómenos reformistas a nivel mundial.

Bachelet comenzó su segundo gobierno con records de aprobación. Piñera había terminado su mandato, en 2014, como uno de los presidentes menos populares de los últimos años, sacudido por importantes procesos de movilización como la lucha estudiantil del 2011. Ahora es Bachelet quien destaca por los históricos índices de rechazo, y Piñera está a las puertas de ganar su segundo gobierno. ¿Qué fue lo que pasó?

Las expectativas frustradas del gobierno de Bachelet

Varias son las razones que explican el fortalecimiento de la derecha. El punto de partida es que el gobierno de Bachelet fue una gran decepción para amplios sectores. La Nueva Mayoría (coalición que incluye al Partido Socialista, el Demócrata Cristiano y el PC entre otros) asumió con un programa de reformas con el objetivo de canalizar el descontento de la calle y recomponer la gobernabilidad de un régimen político profundamente cuestionado.

Sin embargo, cada una de sus reformas las terminó negociando con la derecha y los grandes gremios empresariales. Prometió instaurar una educación gratuita, pero terminó implementando una beca focalizada para los estudiantes que pasen el engorroso proceso de acreditación de pobreza. Realizó una reforma laboral que pretendía ampliar derechos sindicales, pero se transformó en su contrario y hoy es rechazada por amplios sectores del movimiento sindical.

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Mientras el gobierno defraudaba expectativas y la Nueva Mayoría se desangraba en sus tensiones internas, la derecha aprovechó para instalar un discurso de que no se necesitan reformas y que éstas solo frenan la inversión y el crecimiento, buscando así generar la ilusión de que un nuevo gobierno de Sebastián Piñera traerá más empleos y estabilidad.

El objetivo de un nuevo gobierno de Piñera es acabar con el Chile del 2011, es decir, un país con fuerte protagonismo de la calle, del movimiento estudiantil, sindical, de luchas regionales y del movimiento de mujeres. ¿Significará esto un plan ofensivo de contra reformas? Aún no está definido. Piñera al mismo tiempo que ataca al gobierno de Bachelet, habla pestes de la gratuidad y dice que ajustará la reforma tributaria a favor de las empresas, también asegura que no quitará las becas, que modificará el crédito universitario y que en Chile hace falta una “segunda transición” que recupere el espíritu noventista de la Concertación (coalición entre el PS, la DC y otros partidos), haciéndole guiños a la Democracia Cristiana.

La derecha se debate entre un plan de contra reformas abiertas o una táctica más bien gradualista. Y es que Piñera busca sobre todo preservar lo ya existente, una herencia de la dictadura que se mantiene prácticamente intacta y que la Nueva Mayoría no atacó. Tiene como puntos de apoyo una perspectiva económica favorable (mayores índices de crecimiento y aumento del precio del cobre), la crisis de la centro-izquierda del régimen y el reflujo de los movimientos sociales. Pero como límites para una ofensiva mayor, se encuentra la alta abstención electoral que horada su base de legitimidad y gobernabilidad, sumado a una crisis de representación que se agravó con diversos escándalos de corrupción política y empresarial. Por su parte, el fantasma de las luchas estudiantiles del 2011 y las masivas movilizaciones contra el sistema de pensiones privado, si bien se encuentran en reflujo, no han sido derrotadas y no está descartado que revivan en caso de ataques de un eventual gobierno de Piñera.

Entre la crisis de la Nueva Mayoría y la irrupción del Frente Amplio

Además de la fortaleza de Piñera, uno de los datos que marcan esta elección es la profunda crisis de la Nueva Mayoría. En los hechos está quebrada. La Democracia Cristiana presenta a su propia candidata presidencial, Carolina Goic, mientras que el resto de los partidos, con eje en el Partido Socialista y Partido Comunista, apoya a Alejandro Guillier. Goic ha criticado duramente las deficiencias del gobierno de Bachelet, y Guillier se presenta públicamente como su continuador. Y en este marco, el debate en torno a un posible acuerdo para el ballotage en donde vuelva a cohesionarse la coalición, sigue generando chispas.

Se trata de un escenario de rupturas y de reconfiguración del mapa político de la centro-izquierda del régimen. Una crisis que la figura de Bachelet logró postergar en un primer momento, pero que el fracaso de su gobierno reavivó con mayor fuerza.

Una de las novedades de estas elecciones es la irrupción del Frente Amplio como tercera fuerza política. La coalición dirigida por los jóvenes diputados Gabriel Boric y Giorgio Jackson, ambos ex dirigentes estudiantiles, ha logrado una importante figuración en el debate político. Al principio de la campaña, algunas encuestas la posicionaban en una segunda vuelta, superando incluso a Alejandro Guillier. Sin embargo, el fenómeno de Beatriz Sánchez se fue desinflando, cayendo desde un 16,9% a un 8,5% en la encuesta CEP. Pese a posicionarse como tercera fuerza, no ha logrado transformarse en un fenómeno activo al interior del movimiento estudiantil y de los trabajadores, más allá del apoyo pasivo de cientos de miles que se muestran a favor de su programa de reformas.

El Frente Amplio es una coalición de partidos que se declaran anti neoliberales y muchas de sus figuras se referencian en los nuevos fenómenos reformistas como Podemos del Estado español. Luego del 2011, varias de las organizaciones que lo componen han jugado un rol de dirección en diversas federaciones estudiantiles. Sin embargo, durante la campaña el Frente Amplio decidió moderar su perfil, poniendo al centro la necesidad de “renovar la política”, por sobre la lucha “contra el modelo”, buscando dialogar sobre todo con la base decepcionada de la Nueva Mayoría. De hecho, gran parte de sus organizaciones se han posicionado a favor de llegar a un acuerdo programático con Alejandro Guillier para la segunda vuelta, recreando el rol que jugó durante muchos años el Partido Comunista antes de integrarse plenamente a la Nueva Mayoría.

Una voz anticapitalista en las elecciones

En este marco, desde el Partido de Trabajadores Revolucionarios, organización que impulsa La Izquierda Diario Chile, presentará por primera vez candidatos parlamentarios. En Santiago se presenta Dauno Tótoro, ex dirigente estudiantil de la Universidad de Chile, quien ha luchado codo a codo por la educación gratuita junto a Bárbara Brito, vicepresidenta de la principal federación estudiantil chilena. En Antofagasta, el PTR presenta una lista de candidatos con Galia Aguilera a la cabeza, joven profesora, acompañada por diversos dirigentes obreros de la industria minera y referentes estudiantiles.

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El PTR desplegó una campaña militante para posicionar una voz anticapitalista, repartiendo cientos de miles de volantes, instalando la campaña en lugares de estudio y trabajo, participando en diversos debates radiales, televisivos y por redes sociales. A su vez, logró reunir a 300 personas en Santiago y más de 200 trabajadores y estudiantes en Antofagasta, en Encuentros por una izquierda anticapitalista de los trabajadores.

El desafío ha sido posicionar una voz anticapitalista y un proyecto político obrero y socialista, que diga claramente que para conquistar las demandas por las cuales millones nos hemos movilizado, es necesario afectar las ganancias e intereses de los empresarios, desplegando la gran fuerza social de los trabajadores. Buscar un nuevo pacto con los sectores progresistas del empresariado y sus políticos como ensaya el Frente Amplio, solo puede llevar a nuevos fracasos y frustraciones.

En un escenario de fortalecimiento de la derecha, las candidaturas anticapitalistas deben ser una herramienta para posicionar este proyecto político y fortalecer fuertes agrupaciones revolucionarias en el movimiento obrero, estudiantil y en el movimiento de mujeres, porque justamente lo que mostró el gobierno de Piñera, fue que la verdadera oposición estuvo en las calles y no en la Nueva Mayoría.








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