Mundo Obrero

DÍA DEL TRABAJADOR DE LA CONSTRUCCIÓN

Comarca andina: trabajadores de la construcción en emergencia

La realidad de cientos de trabajadores de la construcción es apremiante. Excluidos del IFE, algunos de ellos debiendo incluso pagar el monotributo aún sin ingresos, comienzan a agotar los pocos ahorros y la cuarentena no parece tener fin.

Ulises Crauchuk

Corresponsal El Bolsón

Miércoles 22 de abril | 18:04

En los barrios de El Bolsón, El Hoyo o Lago Puelo son cientos de trabajadores que con sus manos levantan viviendas, cabañas para alquiler turístico y locales. “Había muy buena expectativa de trabajo por la temporada turística que fue muy buena. Ahora en un mes más, si no alcanzaste a techar te corta las manos el invierno”, nos comentaba Adriel Inalef, albañil. En su barrio, el San José “la mayoría dependen del día a día, el que corta pasto, el que sale a hacer una changa, electricista, plomero, carpintero, de lo que vive el común de la gente”.

Continúa, “estábamos quietos en el sentido que la podes sobrellevar, pero ya no podemos. Quedamos fuera de los $10000 y los impuestos nunca dejaron de llegar. Yo estoy pagando $2400 de monotributo que me debitaron automáticamente y se dispararon todos los precios”, además “la respuesta que esperabas del gobierno no sale, porque te largan un crédito a tasa cero, pero a la larga lo terminas pagando, sabiendo que esto va para rato. La mayoría se está endeudando con adelantos de $5000 o $10000 pero que vas a tener que devolver trabajando gratis.

Luis Mella también es albañil cuenta que en el barrio Usina, la situación no es muy diferente. “Hay montón y no solamente albañiles también el que trabaja en la chacra, los que juntan mosqueta, nueces en esta época”. Respecto a la ayuda que ofrece el gobierno, dice “10000 $ sirve, pero si tenés que comprar leña sale 1500 el metro, más el gas… es mucho, y el plan calor no está funcionando”, mientras los primeros fríos ya se hacen sentir en la comarca.

Ambos son parte de un grupo de hasta ahora 50 trabajadores de El Bolsón, que se unieron para pedir a las autoridades municipales y provinciales que la realidad socioeconómica de la comarca sea contemplada en las medidas dispuestas ante la emergencia sanitaria. “La comarca andina es usada para venderla en temporada turística, y resulta que cuando necesitas que funcione como comarca, te cierran el paralelo”, comenta Adriel. La propuesta de este grupo es extender la barrera sanitaria que fracturó la cotidianeidad comarcal, abarcando desde el Rio Villegas, en Rio Negro, hasta Leleque, en Chubut. De esta manera los parajes y pueblos desde El Manso hasta Cholila, quedarían integrados en la unidad económica y territorial que efectivamente constituyen.

Desde el 20 de marzo, la actividad quedó paralizada, y se profundizaron las medidas de aislamiento luego del aumento de casos de COVID-19 en Bariloche, del lado rionegrino, que llevó al ejecutivo chubutense a declarar “zona de riesgo” a El Bolsón cortando literalmente la circulación entre ambas provincias.

Del otro lado del paralelo 42, Fredy Sepúlveda, trabajador de la construcción de Lago Puelo, impulsa un grupo igual para reclamar ante las autoridades de Chubut. “No muchos pudieron entrar a los $10000, porque sos monotributista o tenés un auto a tu nombre”, nos dice.

Son mas de 80 los que se han sumado al grupo de whatsapp que abrió, “y aún falta sumar a los de El Hoyo”. Como ejemplo de la realidad de muchos nos cuenta que “ayer me llamo una señora que tenía una pérdida de gas y no tenía plata para pagar. Es peluquera y no puede trabajar. Depende del bolsón de comida de la escuela y tuvo que pedir plata prestada para vivir. Nosotros no queremos pedir una bolsa de alimentos, estamos acostumbrados a ganarnos el mango. Tenemos un oficio, que esa ayuda sea para quien realmente lo necesite.”

Respecto a la situación de la construcción destaca que “las obras que hay se empezaron en noviembre o diciembre, no hubo obras nuevas, porque la temporada terminó con la cuarentena. La plata de la temporada, que fue buena, la gente la guardo para pasar la cuarentena.”

La división de la comarca en el límite interprovincial del paralelo 42 que separa Chubut de Rio Negro, ha quebrado la realidad socioeconómica de la región. Recién hoy, luego del Habeas Corpus interpuesto por Nación ante las medidas arbitrarias del gobierno de Chubut, es posible transitar con el permiso nacional hacia El Bolsón. De todos modos el municipio rionegrino no permite trabajar al aire libre.

Mientras la crisis económica se agudiza y el gobierno nacional plantea un rescate millonario a las empresas por medio de subsidiar los salarios, la realidad de los trabajadores informales y cuentapropistas se derrumba a ritmos catastróficos.
Consultado sobre la propuesta de un impuesto a las grandes fortunas para financiar un salario de cuarentena, Fredy plantea “el que se hizo rico con la guita del pueblo, va a tener que devolver una parte al pueblo, pero van a poner palos en la rueda” y agrega “hay gente que la está pasando mal. Vienen dos, tres meses complicados.” Adriel comenta “Me parece bien porque son empresas que se han enriquecido en estos años. Yo si recibiría $30000 mensuales me quedaría en mi casa a proteger a mi familia, pero si no los tenés hay que salir a ganarlos.”

La iniciativa que impulsan busca resolver la problemática del sector de trabajadores que ganan su sustento día a día. Claramente el hambre asusta más que el coronavirus y la cercanía de un duro y largo invierno agudiza ese miedo.
La izquierda tiene una propuesta

Un aislamiento social obligatorio que, cada día es más claro, se ha impuesto para tapar la destrucción del sistema público de salud a lo largo de los últimos 30 años, ha dejado al descubierto la precariedad cotidiana de millones de trabajadores y trabajadoras.

La propuesta del diputado nacional por el PTS-FITU, Nicolas Del Caño, de un impuesto a las grandes fortunascon el que se financie un salario de cuarentena de $30000 y un plan de viviendas a nivel nacional para terminar con el hacinamiento, es una respuesta inmediata a estas demandas. Pero necesariamente, debe ser parte de un plan integral para enfrentar los desafíos que hoy pone ante nosotros la crisis desatada.

El desamparo del 40 % de la masa de trabajadores informales obliga a pensar en soluciones estructurales, de fondo, en este momento en que la crisis se agudiza golpeando más crudamente a ese sector intermedio de los trabajadores, aquellos que no cuentan con un sueldo fijo para sobrellevar la cuarentena, pero que aún no llegaron a niveles de pobreza extremos. Cuentapropistas, monotributistas, precarizados, informales, son las victimas dilectas de la crisis abierta por la pandemia. Del éxito de su organización dependerá en qué condiciones enfrentaran la dura post-cuarentena.







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