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Clase media y clase obrera: una mirada a contrapelo

Tanta agitación mediática de estas semanas sobre los intereses supuestamente democráticos de la “república”, el “todos somos Vicentín” que impactan sobre la opinión pública, me hizo pensar en el libro de cuentos de un escritor cordobés, David Voloj, que hoy quiero recomendarles. Se llama Recursos Urbanos y fue publicado en 2018 por Editorial Comunicarte.

Laura Vilches

Concejala PTS - FIT Córdoba. Legisladora provincial PTS-FIT (mandato cumplido) | @VilchesLaura

Martes 14 de julio | 14:04

Voloj es parte de la segunda generación de escritores post dictadura según la descripción y clasificación de la crítica Elsa Drucaroff. Es más, integra con el cuento “Cultura” una antología propuesta por Drucaroff y editada por Interzona sobre la narrativa emergente en Argentina. Hace unos años los entrevistamos para La izquierda diario y ha colaborado también con columnas de opinión y entrevistas.

Su último libro publicado, es un libro de cuentos para niñes, Cicatrices (Comunicarte,2019) con ilustraciones de Daniel Campos.

Junto a una cita de Eugene Ionesco, el libro Recursos urbanos se abre con el siguiente epígrafe tomado de Literatura y revolución del revolucionario ruso, León Trotsky: “Para decir algo, un caricaturista debe poseer algo más que la maestría en el manejo del lápiz, debe conocer como la palma de su mano el mundo que desenmascara”. Y es que los cinco cuentos que componen el libro develan, con precisión y un humor corrosivo, las aspiraciones y temores de ciertos sectores de la sociedad que podríamos llamar “la clase media argentina”.

Pero aquí es donde, aparece lo interesante de la cuestión. Porque esa “clase media”, un término cuya historia registró Ezequiel Adamosky en el libro : Historia de la clase media argentina de la que tanto gustan hablar y utilizan políticamente los representantes de la clase empresaria, presenta ambigüedades no desinteresadas en su definición.

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Desde el punto de vista del marxismo, las clases medias (o la pequeño burguesía) son aquellos sectores que ocupan un lugar intermedio en la estructura productiva y se definen en torno a la propiedad de los medios de producción. Ocupan un lugar intermedio entre las clases fundamentales bajo el capitalismo, la burguesía y la clase obrera. Como dice Trotsky, en A dónde va Francia en la heterogeneidad de esa clase intermedia, “su capa superior toca inmediatamente a la gran burguesía, mientras que la capa inferior se mezcla con el proletariado”.

Pero lejos de esta definición precisa, y como parte de una operación simbólica de la clase dominante, mientras el neoliberalismo decretaba la desaparición de la clase obrera como sujeto para la transformación social, resignificaba la noción de “clase media”, incluyendo sectores de la clase trabajadora (generalmente, por su nivel de consumo) amalgama sus perspectivas y objetivos de ascenso.

Dos de los cinco cuentos de David Voloj, se centran en ese sector social. "Inevitable” retratan la vida de esos “profesionales”, cuentapropistas que podrían pensarse como los sectores medios propiamente dichos. Así ocurre con la historia tragicómica (casi rayana con el fantástico) de un psicólogo que ve cómo fracasa la terapia con sus pacientes porque o el azar mete la cola, o la terapia es insuficiente para “curar los males” bajo al sociedad capitalista. Algo similar puede decirse del protagonista de “Recursos”, un gerente de recursos humanos de una multinacional y su casa de amplias comodidades, quien encuentra en los jóvenes ladrones que lo asaltan mucha más humanidad que la que los medios de comunicación enrostran a esos “choros” que ponen en jaque la pequeña propiedad privada.

Sin embargo, los cuentos de Voloj hablan de otra cosa: porque en realidad, son pequeñas historias cotidianas de una clase trabajadora con aspiraciones de ascenso social y cero orgullo de ser parte de la clase de esenciales que mueve al mundo. Ellos son los verdaderos “recursos humanos” (otra vez el alienante lenguaje neoliberal) convocados desde el título.

Uno de los cuentos que más me gusta es el que abre el libro. Me divierte un poco y a la vez me resulta trágico, porque si hay un lugar en la Córdoba del Cordobazo donde avanzaron las patronales y las burocracias fue en las automotrices:
“Squash”, la historia de un operario de multinacional automotriz que se endeuda y desvive para cumplir el sueño de la vida en un barrio cerrado, rodearse de nuevos vecinos que juegan squash y cumplir con los “mandatos” de consumo que el estatus social impone para su familia. Cualquier confusión de intereses con los patrones ricos, sus lujos ajenos a las grandes mayorías, pero también un modo de vida apegado a las apariencias, no es mera coincidencia.

Mecanismo similar opera en “Inseguridad”, donde no sólo se alude al discurso securitario que impregna las pantallas de los medios de comunicación es llevado a un límite ingenuo y risible que afecta a una pareja, para señalar el chivo expiatorio de la miseria generada por los despidos suspensiones y empobrecimiento generalizado de las masas, mientras unos pocos empresarios y gobiernos llenan los bolsillos. El trasfondo de la recesión económica aparece como telón allí donde una pareja de trabajadores (docentes), usa su medio aguinaldo para regalarse una tablet. La paranoia generada por esa maldita inseguridad (o su sensación) y la “creciente ola delictiva”- dice el narrador- provoca que la historia de la tablet de Gabriel y Ana, termine mal.

Voloj, a través del humor, decapa esos sentidos comunes que impregnan lo que podríamos llamar, con Adamovsky, esos elementos “identitarios” de la clase media; ese “conjunto de representaciones que se fueron entrelazando a través del tiempo" y se ponen en juego para operar como identificación. De alguna manera, la noción de clase media, en los términos planteados por Adamovzky, también implica “criterios de clasificación de acuerdo al color de la piel, los modales, el lugar de origen, el tipo de actividad económica y fortuna fue estableciendo los modos “legítimos” del ascenso social (el esfuerzo individual, el trabajo, el ahorro y la educación en contraposición al método y las prácticas obreras)”.

Voloj lleva hasta el final esas sensaciones y percepciones de una clase obrera poco orgullosa de sí y deseante del famoso “ascenso social” que la saque individualmente de las vidas precarias, el trabajo extenuante, el hacinamiento en el monoambiente o la imposibilidad de vacaciones que transita la mayoría. Pero al final, cuando el absurdo y al exageración concluyen, queda una mueca.

Porque aún más allá de la crítica al consumismo (se trate de tablets, viajes al caribe, Disney o la vida en el country) que vemos en la superficie de los cuentos, el elemento común es ese deseo de pertenecer a otra clase social, de parecerse a los poderosos.

Lo que en el primer cuento “Squash” hay de un inocente “juego familiar”, se vuelve en uno de los últimos relato titulado “Plan” un decadente “plan delictivo”.

Lo que me resultaba interesante de esos cuentos de Voloj, es el develamiento crítico, desde la sátira, de esa operación ideológica constante de las clases poseedoras que es minar el orgullo de las mayorías por su rol real y efectivo en la sociedad. Como se demostró durante la pandemia, son esenciales.
Aunque no parezca, aunque la clase capitalista, con sus gobiernos y las burocracias sindicales que fungen como aliadas intenten ocultarlo, son esos docentes, trabajadores automotrices o de la salud, albañiles, los precarios de las aplicaciones quienes movemos el mundo y sin nosotros cada día saliendo a trabajar, la rueda no gira.

El desmesurado esfuerzo cotidiano que hace la burguesía para construir y cimentar una identidad “clasemediera” tiene el objetivo político de frenar del reconocimiento de una clase que piense en sus propios intereses, que se constituya como una clase para sí, que eleve el grado de conciencia sobre su propio poderío, y permita convencer a las sectores medios, que verdaderamente son arruinados en cada crisis, de que poseen un interés y una perspectiva de salida común para evitar la ruina de ambas.

En argentina, esa clase es la mayoría del país, son más de 12 millones (ocupados y desocupados) que con sus familias superan los 30 millones de personas, la clase obrera de tradición anarquista y socialista que puso en pie centenares de sindicatos, con sus delegados, con sus comisiones internas. La clase obrera no es un invento de los revolucionarios.

Quizás estos cuentos de Voloj, que comienzan con esa familia obrera de "Squash" que se va a vivir al barrio cerrado, tenga el derrotero del empobrecimiento preanunciado en el último cuento de la antología: esa recesión agitada por los medios que hoy, al calor de la pandemia, vemos en la pérdida de puestos de trabajo, la rebaja salarial, las suspensiones que afecta a 5 millones de personas en nuestro país.

Recursos urbanos de David Voloj se presenta como una oportunidad para reírse un poco de estas “ínfulas” clasemedieras y poner a los trabajadores y trabajadoras en estado de alerta.

La dinámica de la crisis capitalista en curso, deja al descubierto que esa ilusión de ascenso social no puede ocultar que los verdaderos intereses de la clase trabajadora como clase fundamental se contraponen a los de los empresarios. Reconocer esta condición, y sentir orgullo de los lazos de solidaridad que se tejen en cada crisis, la organización que permite colectivamente obtener conquistas, así como la perspectiva de pelear para que los empresarios no arrebaten, no ya el anhelo consumista, sino el pan de la mesa familiar.

Porque además, la alienación de estos verdaderos intereses de clase mayoritaria de la propia clase obrera bajo un sistema capitalista en decadencia, puede terminar dándole al razón a la cita de Ionesco con la que Voloj también decide encabezar su libro: "

lo cómico es un poco de mecánica adherida a los seres vivos. Pero hay cada vez más mecánica y menos seres vivos.”

Que el humor y los cuentos de David Voloj, aporten a cambiar esa fatal perspectiva.







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