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Clase, partido y dirección

Es el título del artículo que Trotsky estaba escribiendo para responder a Que Faire?, y que no pudo concluir a causa de su asesinato. Hoy quiero recomendarlo porque en él no solo polemiza con el diario francés, que solo es una anécdota de la historia, sino porque a través del debate va dejando enseñanzas sumamente importantes para las nuevas generaciones de revolucionarios y revolucionarias.

Roberto Amador

Obrero de Madygraf y docente de escuela secundaria

Sábado 28 de noviembre de 2020 | 14:01

Ilustración: Ana Laura Caruso

La historia detrás del artículo

El 1° de abril de 1939, el último parte de guerra confirmaba la victoria de Franco en la guerra civil española. Eran momentos de balance de una de las más grandes revoluciones donde “la victoria era posible”. Ese mismo año M. Casanova [1] , trotskista polaco de nacimiento, que participó en la Guerra Civil publica su libro, El Frente Popular abrió las puertas a Franco. Es categórico en lo que escribe: “Tenía que explicar, sobre la base de mi experiencia, lo que acababa de pasar. Cómo España fue entregada a Franco. Mis informes, mis análisis, todo conducía a una sola y misma fuente: la política criminal del Frente Popular”.

“Del lado de Franco no hay ni ejército poderoso ni apoyo popular. Solo hay propietarios rapaces dispuestos a ahogar en sangre a las tres cuartas partes de la población, nada más que para mantener su dominación sobre el otro cuarto” [2] , había planteado Trotsky en enero de 1939. Para él toda esa “ferocidad no habría sido suficiente para asegurar su victoria sobre el heroico proletariado español” sin la ayuda principal del estalinismo y su política de Frente Popular.

Esto trasmitía, desde su experiencia personal, el libro de Casanova, al cual desde el periódico Que Faire?, publicado en Paris en esos años, respondieron con una crítica que atacaba su balance argumentando que se concentraba en los partidos y las políticas responsables de la derrota, en vez de concentrarse en los atributos de la clase obrera española, sobre todo en su "inmadurez", que la volvía incapaz de derrotar al fascismo. Claramente un balance para quitarle responsabilidad a las direcciones políticas que la llevaron a la derrota.

En el artículo "Clase, partido y dirección" Trotsky va de lleno a esta discusión. No solo pone de relieve que “la línea de acción de los obreros se separó en todo momento, en determinado ángulo, de la línea de su dirección” sino que estuvo “contra ella”, como la experiencia de los obreros de Cataluña. Esas masas, que trataron en todo momento de abrirse paso por el buen camino, “encontraron que era superior a sus fuerzas estructurar, en el mismo fragor de la batalla, una nueva dirección que corresponda a las experiencias de la revolución. Cómo se forja esa dirección revolucionaria”.

El problema no fue, y no es la predisposición de las masas, sino cómo una dirección revolucionaria tiene la decisión de tomar el poder y les da confianza para eso. Aún más cuando esa dirección, la dirección estalinista, se apoyaba en el prestigio que le daba la Revolución rusa, algo no menor, y es con esa dirección prestigiada que las masas hacen su experiencia en un proceso vivo. Lo mismo sucede con el anarquismo y el POUM, todas direcciones que participaron en el Frente Popular y que les planteaban que primero había que ganar la guerra y luego hacer la revolución. No hay ingenuidad ni inmadurez en las masas sino confianza en sus direcciones.

Ahí es donde Trotsky toma una discusión que es sumamente vigente, y que me parece lo central que rescato de este artículo. Cómo se forja esa dirección revolucionaria, si la conclusión es que eso les faltó para triunfar a los obreros y obreras españoles que habían “fundado sus propios órganos de poder, se habían apoderado de las fábricas, regulado la producción”. Él da el ejemplo del Partido Bolchevique, que “en marzo de 1917 seguía siendo una insignificante minoría de la clase obrera, y además dentro del partido mismo existían desacuerdos”. Pone de relieve la figura de Lenin, quien tenía una concepción clara y profunda, mientras había confusión en los cuadros rusos, y afirma que “el Partido gozaba de autoridad entre los obreros de vanguardia”. Estos “activos”, al calor de la radicalización de la lucha de clases, y la orientación precisa en ella, hicieron que el Partido pasara de ser una minoría a ganar a las masas para la revolución.

“El Partido alineó rápidamente su política hasta hacerla responder a la concepción de Lenin, es decir, al auténtico curso de la revolución. Gracias a esto encontró un firme apoyo por parte de decenas de miles de trabajadores avanzados. En pocos meses, basándose en el desarrollo de la revolución, el Partido fue capaz de convencer a la mayoría de los trabajadores del acierto de sus consignas. Esta mayoría, organizada en los soviets, fue a su vez capaz de atraer a más obreros y campesinos. ¿Cómo podría resumirse este desarrollo dinámico, dialéctico, mediante una fórmula sobre la ‘madurez’ o ‘inmadurez’ del proletariado? Un factor colosal de la madurez del proletariado ruso, en febrero de 1917, era Lenin. No había caído del cielo. Encarnaba la tradición revolucionaria de la clase obrera. Para que las consignas de Lenin encontraran el camino de las masas, era necesario que existiesen cuadros, por débiles que fueran al principio. Era fundamental que estos cuadros tuviesen confianza en su dirección, una confianza fundada en la experiencia del pasado. Rechazar estos elementos de sus cálculos, es simplemente ignorar la revolución viva, sustituirla por una abstracción, “la relación de fuerzas”, ya que el desarrollo de las fuerzas no cesa de modificarse rápidamente bajo el impacto de los cambios de la conciencia del proletariado, de tal manera que las capas avanzadas atraen a las más atrasadas, y la clase adquiere confianza en sus propias fuerzas. El principal elemento vital de este proceso es el partido, de la misma forma que el elemento principal y vital del partido es su dirección. El papel y la responsabilidad de la dirección en una época revolucionaria son de una importancia colosal.”

Las peleas por moldear obreros y obreras de vanguardia, mostrarles que el único camino posible para vencer es comprendiendo que la clase obrera es una sola, y que su debilidad yace en esa división, que tanto milita la burocracia sindical en los lugares de trabajo y que también fomentan los movimientos de desocupados. Esa es la unidad necesaria para llegar preparados a futuros combates de clase. Esa lucha es hoy, porque los cuadros y la vanguardia, así como la dirección se van templando al calor de la lucha de clases, como es hoy la lucha de las familias que toman tierra y que tiene como máxima referencia a las familias de Guernica.

No se puede pretender que la conciencia avance sin dar luchas, pelear la conciencia al calor de las experiencias vivas que da nuestra clase es central. Lo contrario es ubicarse como meros espectadores a la espera de que surja un activismo sin estrategia mientras los ricos utilizan sus medios y su fuerza para moldear una subjetividad que nos haga aceptar ser esclavos eternamente. Por eso nos parece fundamental lo que Trotsky plantea en el Programa de transición: “Es preciso ayudar a la masa, en el proceso de la lucha, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase obrera a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado.” Para esto es necesario construir un partido revolucionario que eduque a la vanguardia y le dé una perspectiva de poder



[2Trotsky, León. La victoria era posible. Escritos sobre la revolución española (1930- 1940). “La tragedia” de España. Buenos Aires, Ediciones IPS-CEIP León Trotsky, 2014, p. 400.







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