Géneros y Sexualidades

CASO MIRAMAR

Clarín: la comisión interna repudió la misoginia de la patronal y exigió capacitación

La violación colectiva de una adolescente de 14 años en la ciudad de Miramar tuvo una escandalosa cobertura en diversos medios de comunicación, que trataron el hecho con sensacionalismo y misoginia. El mayor ejemplo fue Clarín, que recibió por ello un amplio repudio social y un merecido rechazo por parte de la Comisión Interna y los delegados de la empresa.

Sol Bajar

Editora de Géneros y sexualidades | @Sol_Bajar

Viernes 4 de enero | 00:12

"Compartimos la preocupación", dijeron los trabajadores y trabajadoras de Clarín luego de debatir sobre la cobertura del diario, que nuevamente culpabilizó a una joven de 14 años por la violación de la que fue víctima en un camping de Miramar.

Con declaraciones que publicaron desde las cuentas de su Comisión Interna, señalaron que la responsabilidad debería ser asumida "por quienes ocupan cargos decisores" y exigieron "capacitación en temas de género" dentro de las redacciones.

La construcción de la imagen de la violación sexual

La polémica nota responsabilizaba a la adolescente y a su familia por la violación sexual. “Botellas de fernet y alcohol por todos lados. Una carpa del horror. Descontrol. Una chica de 14 años que no debió estar allí, sino con sus padres y su hermano festejando el Año Nuevo, en otra carpa. Todo terminó mal, con cinco hombres acusados por violación, detenidos por la Policía”, sostenía ya en el primer párrafo el texto original.

La operación, orientada a construir una imagen particular acerca de violación, a transmitir una advertencia para el conjunto de las mujeres y a colocar sobre ellas la responsabilidad ante estos hechos aberrantes (era "la carpa del horror", la chica "no debió estar allí", y un largo etcétera que se repite ante cada caso), no tardó en ser repudiada desde las redes sociales.

Periodistas, personalidades y una gran cantidad de usuarios y usuarias rechazaron el mecanismo que revictimizaba a la adolescente, al mismo tiempo que naturalizaba la violación sexual. El rechazo, lógicamente, creció cuando se conoció que los propios corresponsales que escribieron sobre el hecho, afirmaron que no habían incluido ese contenido en la nota en cuestión.

Tal magnitud adquirió el repudio a la nota de Clarín que, finalmente, el diario debió "aclarar" lo sucedido, en un hecho del que no se registran prácticamente antecedentes.

Como era esperable, las declaraciones no pasaron sin embargo de la mera formalidad: de toda la publicación, la única frase que eliminó la editorial de Clarín fue la que hacía referencia a que la joven “no debió estar allí”.

Sin siquiera disculparse por la manipulación del texto, el diario sostuvo también que “el autor de la nota es ajeno” a esa frase que responsabilizaba a la adolescente por haber estado esa noche “en el lugar equivocado”. Igualmente repudiable, como señaló uno de los periodistas del diario, Mariano Gavira.

Otra sería la historia

Para los trabajadores y trabajadoras de Clarín y para su Comisión Interna, tampoco es suficiente. En las declaraciones que publicaron este jueves, sostuvieron que "ante lo debatido por la cobertura de la violación en Miramar, compartimos la preocupación. Creemos necesario que las responsabilidades en estos casos sean asumidas por quienes ocupan cargos decisores y reiteramos la exigencia de capacitación en temas de género en las redacciones".

Allí también afirmaron que "valoramos, además, que gracias a la discusión y el planteo dado internamente entre trabajadoras y trabajadores de Clarín, se haya tomado la decisión editorial de publicar una aclaración".

El hecho, como dijimos ayer, excede al diario en cuestión, y excede también a esa nota. Lo vimos y lo denunciamos ante los femicidios de Lucía Pérez, de Melina Romero, de Micaela García: se trata, de fondo, del rol que juegan los grandes medios de comunicación en tanto empresas. Verdaderas empresas que están puestas al servicio del disciplinamiento social, que ejercen al reproducir y naturalizar los mandatos, estereotipos y prejuicios con los que este sistema justifica la opresión de las mujeres.

Como muestran las cifras de la violencia machista, esa opresión es estructural a este régimen social, capitalista y patriarcal, y no a los gustos musicales, ni a las fiestas, ni a la noche, ni a la ropa ni a las ganas de bailar, de fumarse un porro, de charlar, de disfrutar, de distenderse que puedan tener, o no, las mujeres. Cada vez que se sostiene o se sugiere esa idea, lo que se refuerza es la violencia que recae sobre el conjunto de ellas. De eso hablamos en la nota que publicamos ayer en La Izquierda Diario, a propósito de este tema.

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Que la deliberación de los trabajadores y trabajadoras de Clarín y de su Comisión Interna se haya traducido en el repudio a la cobertura del diario, que exijan a la patronal que haya capacitación en temas de género, no es un dato menor. Si los grandes medios de comunicación estuvieran controlados por sus propios trabajadores y trabajadoras, si se pusieran al servicio de cuestionar todos los roles y mandatos que este sistema asigna a las mujeres, sin dudas que otra sería la historia.







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