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ENERGÍA Y MINERÍA

Chubut: el PRO avanza en legalizar la minería de uranio

El presupuesto nacional 2017 prevé la instalación de una planta procesadora de uranio en Chubut, en el yacimiento Cerro Solo, cuya explotación está prohibida por ley.

Andrés Arnone

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA)

Sábado 12 de noviembre | Edición del día

El presupuesto nacional 2017 prevé una inversión de $ 8.000.000 para la construcción de instalaciones para la extracción y procesamiento de uranio en el yacimiento de Cerro Solo, bajo la órbita de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). La obra tiene prevista para el 2018 una partida extra de $ 2.020.000.

En Chubut, la explotación minera está prohibida por la Ley 5001 sancionada tras el plebiscito que se hizo en Esquel en el 2003 donde el 82 % votó en contra de la actividad, además de que la Constitución provincial, en el artículo 103 dice que "todos los recursos naturales radioactivos cuya extracción, utilización o transporte, pueden alterar el medio ambiente, deben ser objeto de tratamiento específico"

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El Cerro Solo es propiedad de la CNEA, y está habilitada para otorgar concesiones a empresas para que exploten el yacimiento. Ubicado a 70 kilómetros del pueblo de Paso de Indios, se estima que el yacimiento contiene 4.600 toneladas de uranio esparcido en una superficie 180 km2 (casi la Capital Federal), a una profundidad de entre 50 m y 130. Además, se calcula que agotar el yacimiento llevará unos 10 años y generaría apenas 300 puestos de trabajo, dañando perpetuamente la región y evitando cualquier proyecto de producción agrícola mediante riego que en algún momento los trabajadores puedan poner en marcha.

Desde principios de año, el presidente Macri y el ministro de Energía y Minería Juan José Aranguren viene insistiendo en impulsar la energía nuclear mediante los contratos con China por dos nuevas centrales y el reacondicionamiento de las demás instalaciones de la CNEA por U$S 30.000 millones y la apertura en varias provincias de nuevos yacimientos para extraer el uranio que usan como combustible.

En el caso de la centra nuclear Atucha II cada barra de uranio se “quema” en 6 meses, terminando luego como residuo radioactivo, además de significar millones de pesos en gastos de mano de obra y recursos materiales para asegurar su aislamiento y confinamiento durante miles de años. O sea un gasto “infinito” en el presupuesto, destrucción del potencial agrícola regional y degradación de la salud publica, a cambio de algunos años de electricidad.

Existiendo hace años tecnologías de energías renovables, sin necesidad de la provisión de ningún combustible, con posibilidad de reciclar y reparar sus componentes indefinidamente, la ecuación nuclear, comercializada actualmente, no cierra por ningún lado.




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