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China: urbanización, negocios inmobiliarios y resistencia obrera

Un incendio en las afueras de Beijing desató una ola de desalojos dejando miles de obreros sin vivienda. A qué responde la medida oficial que atenta contra las condiciones de vida de los trabajadores.

Diego Sacchi

@sac_diego

Jueves 14 de diciembre de 2017 | Edición del día

El pasado 18 de noviembre, un incendio en las afueras de Beijing dejó el trágico saldo de diecinueve personas muertas, incluidos ocho niños. El fuego devoró las precarias edificaciones del barrio donde viven miles de obreros en su mayoría migrantes de otras provincias de China.

Pero lo peor llegó tras la tragedia, que rápidamente se transformó en una catástrofe a una escala mucho mayor, ya que por orden de las autoridades chinas decenas de miles de personas fueron desalojadas y sus viviendas destruidas a pocos días de que llegue el invierno en ese país. Las imágenes de los edificios derribados y largas filas de personas abandonando el lugar custodiadas por la policía muestran como las autoridades han declarado “la guerra” contra lo que llaman una “subclase urbana”.

Las autoridades municipales han utilizado la excusa del trágico incendio para declarar una campaña de 40 días contra las "estructuras ilegales", que han existido durante años como albergue para los millones de trabajadores migrantes que trabajan en restaurantes, empresas de reparto, obras de construcción, tiendas minoristas y una serie de pequeñas fábricas en Beijing.

Foto: Kevin Frayer/Getty Images

Lejos de la preocupación por la situación de los miles de trabajadores que viven en esos barrios, las autoridades chinas han emprendido una campaña en las grandes ciudades que afecta directamente a los trabajadores, que ha despertado la denuncia de importantes referentes de derechos humanos e intelectuales chinos.

Urbanización y elitización de las grandes ciudades chinas

El Gobierno chino lanzó un Plan Nacional de Nueva Urbanización (que abarca del 2014-2020) con un foco especial sobre las llamadas ciudades "extragrandes" (aquellas con una población del distrito urbano que excede los cinco millones) para "controlar estrictamente" el crecimiento de la población.
Las principales ciudades como Beijing, Shanghai, Guangzhou y Shenzhen afectadas por la superpoblación y la contaminación sufrirán un proceso de transformación para mejorar el nivel de vida en las mismas. En otras palabras, las mismas pasarían a ser accesibles para las élites, mientras que la población de bajo nivel sería relegada a las ciudades menores.

Esto ha llevado a que en los últimos años, los precios de las propiedades se dispararan en varias zonas de Beijing, en especial en la región del sur que ha sido el centro de gran parte de los desalojos y demoliciones. El nuevo aeropuerto internacional de la ciudad, una megaestructura de 80 mil millones de yuanes (unos 12 mil millones de dólares) planea ser inaugurado allí en 2019. Al mismo tiempo las zonas que rodean las ciudades son un tentador negocio para las empresas constructoras que planean la edificación de viviendas para los sectores medios, imposibilitados de adquirir una propiedad en el centro de las metrópolis por el aumento de las propiedades.

Este proyecto oficial implica importantes contradicciones, las empresas que utilizan mano de obra intensivas han mostrado su malestar por no poder mantener a sus trabajadores en Beijing, algunas son los gigantes del comercio electrónico Alibaba y JD.com. También los trabajadores que mantienen en funcionamiento el aeropuerto de Beijing sufrieron los desalojados.

El proyecto del gobierno que pretende beneficiar el lucro inmobiliario y otros negocias a costa de las mínimas condiciones de vida de los trabajadores migrantes encuentra un gran problema: la ciudad no puede funcionar sin el sudor de esos millones que la mueven día a día. Esta contradicción puede llevar a nuevos giros en la política oficial

Migrantes sin derecho en su propia tierra

El aumento de los alquileres en los núcleos urbanos ha empujado a los trabajadores, especialmente a los migrantes sin permisos de residencia local, a viviendas mal construidas, atestadas y mal reguladas, preparando el escenario para esta tragedia demasiado predecible.
Para acelerar su expulsión de ciudades como Beijing y otras metrópolis las autoridades han hecho la vida intolerable para los trabajadores: revocar el acceso a la educación para sus hijos, reubicar a los sectores intensivos en mano de obra cada vez más lejos del núcleo urbano y, ocasionalmente, demoler escuelas o asentamientos.

El hukou, o sistema de registro de hogares impuesto en 1958 por el gobierno central, vincula la provisión de servicios sociales a lugares específicos, lo que hacía muy difícil, si no imposible, que los ciudadanos se mudaran de una zona a otra sin la aprobación oficial. Pero las transformaciones en la economía china de las últimas décadas han llevado a que millones de trabajadores migren a las grandes ciudades para poder subsistir.

Durante décadas las grandes empresas de la costa china que trabajan como taller barato del mundo, se han nutrido de la explotación a esos trabajadores precarizados, no solo en sus condiciones laborales, también en todos los aspectos de sus vidas.

Según cifras del año pasado, que publica el New York Times, 8,1 millones de trabajadores eran inmigrantes de otras partes de China, en su mayoría trabajadores de baja categoría, pero también trabajadores de oficina, algunos de los cuales también han sido desplazados por las recientes expulsiones.

Los desalojos de estas últimas semanas son un nuevo eslabón en la cadena de superexplotación que sufren los trabajadores migrantes y sus familias.

Las primeras reacciones contra los desalojos arbitrarios y la resistencia obrera

La campaña de desalojos arbitrarios ha generado resistencia no solo entre los trabajadores, también entre los intelectuales y otros residentes. Más de un centenar de intelectuales y académicos chinos han denunciado una campaña "despiadada" para expulsar a miles de trabajadores migrantes de Beijing.

"La ’población baja’ está respondiendo", tuiteó Yaxue Cao, el editor de ChinaChange.org , un sitio web de derechos humanos en inglés, que es parte de la campaña contra los desalojos.

Imágenes muestran manifestaciones en la comunidad, que está justo al norte de la autopista que conduce al aeropuerto internacional de Beijing y cerca del distrito de arte 798, que a su vez fue objeto de violentas demoliciones en el pasado. Un grupo llevaba una pancarta blanca con la frase: "Baoli qugan qinfan renquan" - los desalojos forzados violan los derechos humanos.

Las autoridades locales inicialmente desconocieron los reclamos de los habitantes de las casas desalojadas. Tampoco respondieron los representantes sindicales de los trabajadores afectados, que actuaron como en la mayoría de los casos dejando a su suerte a los obreros que representan.
Pero a medida que las imágenes de los trabajadores expulsados arrastrando sus pertenencias por las calles en las noches heladas aparecieron en las redes sociales, encendieron una reacción pública inusualmente fuerte.

Como sucede en cientos de fábricas y grandes empresas del país, los trabajadores se organizaron desde abajo para rechazar los desalojos.

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Hasta qué punto puede avanzar el plan del gobierno para desalojar a los trabajadores, todavía está por verse. No solo por la resistencia a los mismos o el alcance del respaldo y actos de solidaridad. También se pone en juego intereses de importantes empresas que se ven afectadas por la falta de trabajadores que vivan próximos a las zonas donde están ubicadas, como decíamos antes Alibaba y otras distribuidoras han mostrado su disconformidad con las medidas gubernamentales, como gráfica un tuit que informa el cobró de recargo para envíos que antes eran gratuitos, ya que afectan sus negocios.







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