Economía

RELACIONES ARGENTINA - CHINA

China: nuevos lazos de dependencia

El oficialismo pretende que la relación con China es una alternativa al imperialismo mientras teje un nuevo lazo de dependencia con la potencia emergente donde nuestro país asume el rol de proveedor de materias primas y espacio para el desarrollo de los negocios del país asiático mediante la colocación de mercaderías y capitales.

Pablo Anino

@PabloAnino

Martes 30 de diciembre de 2014 | Edición del día

Fotografía:EFE

Las relaciones entre Argentina y China vienen fortaleciéndose. El acuerdo marco en materia de cooperación económica votado en el Senado es la continuidad de lo acordado en julio pasado entre los presidentes Cristina Fernández de Kirchner y Xi Jinping.

En esa oportunidad China y Argentina firmaron veinte acuerdos, entre los que se destacan inversiones para levantar dos represas hidroeléctricas en Santa Cruz (denominadas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic), la renovación del Ferrocarril Belgrano Cargas (comprando trenes chinos para sacar el “yuyito” con menos costo de transporte), la compra de 11 buques y la construcción de una cuarta central nuclear.

Las inversiones sumarían un total de u$s7,5 mil millones en inversiones. A esto se agrega un “swap” (intercambio de monedas) para fortalecer las reservas del Banco Central por el equivalente a u$s11 mil millones: Argentina puede pedir hasta 70 mil millones de yuanes (moneda china) en préstamo.

Es el inicio de una “asociación estratégica integral”, destacaron en aquella reunión los presidentes de ambos países.

La licitación de las obras correspondientes a las dos represas hidroeléctricas fue ganada por la firma cordobesa Electroingeniería (que se la vincula a Carlos Zannini) y la compañía china Gezhouba, según consta en la Resolución Nº 760 de fecha 20 de agosto de 2013 del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios que dirige Julio De Vido.

El nuevo acuerdo marco podría traer bajo el brazo negocios para “todos y todas” ahorrando engorrosos procesos de licitación, ya de por sí muy cuestionados.

El acuerdo firmado en julio posado establece una financiación de 4.714 millones de dólares a través del Banco de Desarrollo, el Banco Industrial y Comercial y el Banco de China, todos pertenecientes al país asiático. El primero de estos bancos actuará como agente de préstamo y de garantía

Además, en el acuerdo de crédito se estipula explícitamente que el gobierno nacional deberá abonar los préstamos más allá que las empresas ejecuten o no los proyectos pactados. Un gran desfalco de los recursos públicos podría devenir por cualquier imprevisto o aun sin imprevistos.

El oficialismo pretende con el desarrollo de las relaciones económicas con China mostrar que logra atraer inversiones a la vez que tiene crédito por una vía alternativa al FMI, el Banco Mundial o la colocación de bonos. Pero el financiamiento chino tiene todo los condimentos y exigencias de los organismos de crédito.

Según el Decreto 1091 del Poder Ejecutivo Nacional, a través del cual se dio a conocer el acuerdo firmado en julio con China, nuestro país debe renunciar a la inmunidad como así también someterse a jurisdicción extranjera. A su vez, no debería tener deuda externa impaga ¿Habrá que regularizar la situación con los fondos buitres? El futuro hablará.

No sólo eso. El acuerdo también establece que Argentina debe ser “miembro en buenas condiciones del FMI”. Toda una demostración que mientras el gobierno plantea el dilema “patria o buitres” para la tribuna, sigue entregando al país al dominio de las potencias imperialistas.

Por su parte, los “swap” son una forma que tiene China de expandir su influencia geopolítica: acuerdos similares firmó con Corea del Sur y el Banco Central Europeo, entre otros. Hasta ahora le sirvió al Banco Central de la República Argentina para fortalecer las reservas y contener las presiones cambiarias, pero el yuan no es como el dólar que actúa como moneda en los intercambios comerciales y activo de reserva a nivel mundial.

Lo cierto es que el país asiático está buscando en América Latina y África hacerse de fuentes de provisión de materias primas. Por ejemplo, en Venezuela avanza con acuerdos para proveerse de petróleo. Las ventas argentinas a China se componen básicamente de soja y otros productos primarios mientras recibe bienes industriales. Es decir, la “asociación estratégica integral” agudizará la primarización de la economía local.

Argentina tiene un déficit comercial creciente con China, que se insertó en el mundo capitalista sustentando su competitividad en una enorme oferta de mano de obra barata que le permite inundar países con todo tipo de productos, como electrónicos y textiles.

Hoy China es el segundo socio comercial con un déficit para Argentina de más de u$s5 mil millones en 2013. El “swap” también es una vía para financiar ese déficit, endeudando de paso a nuestro país, a la vez que les sirve para ampliar la plaza de colocación de capitales chinos que viene expandiéndose en negocios petroleros y bancarios (como el banco ICBC).

Es lo que empezaron a vislumbrar los empresarios brasileños que temen ser desplazados del mercado local y recelan de la relación que construye Argentina con China, incluso interponiendo reparos a la integración de nuestro país a los BRICS, dejando al desnudo el verso de la unidad latinoamericana que los K dicen construir con el Mercosur y la Unasur.

Por su parte, el kirchnerismo “coquetea” con China y los BRICS que, en el marco de la crisis capitalista mundial, tejen alianzas defensivas ante la decadencia hegemónica de EE.UU. y a su propia desaceleración económica.

El “modelo” chino hoy tiene un PBI per cápita que es la mitad del argentino y muchos de los sectores más dinámicos de su economía están bajo control de capital imperialista, o bajo capitales nacionales pero en asociaciones subordinadas del tipo de las que Foxconn es paradigma.

China no es una alternativa ni cuestiona en lo fundamental el orden mundial imperialista. No obstante, los Estados Unidos buscan limitar la creciente influencia del país asiático en nuestro país y en América Latina. Los senadores de la oposición que rechazaron el acuerdo tal vez actuaron como “inocentes” defensores de la Embajada yanqui.

La ruptura con el imperialismo y una vía anti capitalista no vendrá de la mano de las burguesías latinoamericanas que siempre oscilaron en relaciones de dependencia con distintas potencias: primero Gran Bretaña, después Estados Unidos y ¿ahora China? La ruptura de las relaciones de opresión imperialista sólo puede ser obra de la clase obrera en unidad con los trabajadores y pueblos latinoamericanos que sufren nuestros mismos problemas.







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