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Chile: tres factores políticos que rodean la visita del papa Francisco

Jorge Bergoglio inicia este lunes su visita a Chile, en medio del destape de nuevos casos de abusos sexuales que involucran a integrantes de la criticada institución, y en un contexto de fuerte cuestionamiento al régimen político chileno y el modelo neoliberal. ¿Por qué la visita en este contexto? ¿Qué se busca relegitimar?

Ángela Suárez

Periodista

Lunes 15 de enero | 18:23

Fueron $7 mil millones (aproximadamente, 11.700.000 dólares) los costeados por el Estado para que el Papa Francisco I pudiese visitar Chile. Una cifra bastante alta considerando su carácter “laico”, y que por lo menos la mitad de la población no considera relevante la llegada del pontífice al país. Aun así el gobierno, empresarios y el régimen de conjunto han invertido tiempo, energías y recursos en la actividad religiosa.

Ad portas de finalizar el gobierno de Michelle Bachelet e iniciar un nuevo periodo encabezado por el presidente electo, Sebastián Piñera, la llegada del Papa en esta fecha no pasó desapercibida. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no esperar la asunción de la derecha al mando del país?

Un primer factor a considerar es que la llegada del máximo líder del catolicismo se da en un contexto de fuerte crisis de hegemonía de la Iglesia Católica, histórica, donde los niveles de desaprobación han aumentado en los últimos años, al igual que la visión negativa hacia la institución religiosa y el Papa.

De acuerdo al estudio de opinión pública Latinobarómetro 2017 (noviembre del año pasado) solo un 36% de la población siente confianza hacia la Iglesia Católica, y el Papa Francisco es evaluado con nota 5,3 (en escala de 0 a 10), siendo el país de América Latina que peor calificación establece para el pontífice. En esa ocasión, la directora fundadora de la Corporación, Marta Lagos, afirmaba que las cifras “se explican en parte porque Chile es el país que ha sufrido el proceso de secularización más agudo en la región en la última década”, aumentando “la cantidad de personas sin religión, agnósticos y ateos, al 25%, alcanzando al ya conocido país más secular de la región que es Uruguay”.

Dos meses después la encuesta Cadem arrojó nuevos resultados sobre la percepción hacia el Papa y la Iglesia por parte de sectores de la población. En el informe del mes de enero se establece que el 50% de las personas encuestadas considera "Poco/Nada importante" la llegada del pontífice; que la la visión positiva hacia Bergoglio disminuyó de un 71% en junio del 2017 a un 52% en enero de este año, cayendo su imagen positiva en un 19%; y que su “imagen negativa” aumentó del 12% al 26%, es decir un 14%.

La crisis que atraviesa la Iglesia Católica no puede entenderse sin las múltiples denuncias de abusos sexuales que involucran por lo menos a 80 sacerdotes y religiosos, y que no han cesado pese a que Bergoglio se presente en el país. Se desató principalmente a partir del 2010 con las brutales denuncias de abusos sexuales cometidos por el sacerdote de la clase alta, Fernando Karadima, y continuó hasta que en la actualidad el mismísimo líder de la Iglesia Católica en Chile, el arzobispo Ricardo Ezzati, ha sido denunciado por encubrimiento y por “no hacer nada” ante las numerosas denuncias. Así lo afirmó la organización Bishop Accountability, conocida por investigar casos de abusos sexuales, que por medio de su fundadora Anne Barrett-Doyle aseguró que Ezzati estaría “devolviendo a sacerdotes acusados de abuso al ejercicio”.

La institución religiosa debe buscar la manera de repuntar en los niveles de aprobación por parte de la población y neutralizar la masiva desconfianza que existe. Con la visita del Papa la Iglesia Católica se juega la posibilidad de revertir la dura crisis histórica que atraviesa.

Un segundo punto a considerar en la visita del Papa es la situación política del país. Inestable, indefinida, y atravesando una coyuntura de polarización política, el líder del catolicismo se hace presente en un contexto de profundo cuestionamiento al régimen político, a sus partidos tradicionales, a los empresarios, y a instituciones como la propia Iglesia o Carabineros. Lo hace ad portas de que asuma un nuevo gobierno de derecha, con el empresario Piñera a la cabeza, y lo hace en un momento donde el neoliberalismo en Chile está siendo también impugnado.

El régimen político chileno no ha logrado salir del impasse que abrió el 2011 y las movilizaciones estudiantiles. Pese a los desvíos y ataques, el cuestionamiento al Chile neoliberal heredado de la dictadura, donde todos los derechos básicos están privatizados y convertidos en negocios, perdura y se ha profundizado con el pasar de los años. Sumado a que la principal coalición de la contención, la Nueva Mayoría, murió tal cual la conocemos, y la centroizquierda atraviesa su peor crisis en décadas, la necesidad de un discurso de conciliación y “unidad nacional” se hace más que necesario entre tanta tensión y cuestionamiento.

En este sentido, el discurso progresivo de Bergoglio, “crítico al neoliberalismo” y a la “sociedad de consumo”; defensor de una Iglesia “desde y para los pobres”, y abierto a la idea de cambios sociales, encaja bastante bien en Chile, el principal país neoliberal de la región. De una u otra forma el régimen político chileno y la Iglesia Católica deben ayudarse a salir de la crisis de legitimidad, al mismo tiempo que intentan responder a las demandas sociales de la población y a las exigencias de cambios.

Que el Papa Francisco no haya querido visitar Argentina, ni al Presidente y empresario Mauricio Macri, y que en Chile haya optado por venir al término del gobierno de Bachelet, y no al inicio del mandato de Piñera, se podría explicar por este discurso crítico al neoliberalismo, de una Iglesia social cercana a los pobres, y lejana de aquellos políticos que vienen del gran empresariado. Este discurso también ha sido criticado por derecha, por sectores acérrimos defensores del legado de Pinochet y de una sociedad neoliberal, que critican al Papa por ser demasiado "progresista" y prestar mucho oído al malestar social. Postura crítica o no, lo cierto es que Bergoglio es representante de una de las instituciones más fundamentales de esta sociedad capitalista y desigual, y que no ha estado exenta de casos de corrupción, abusos sexuales, y derroche de dinero.

Por último, un tercer factor que rodea la visita del pontífice es el avance en los últimos tres o cuatros años del movimiento de mujeres y de diversidad sexual, que ha salido a las calles a cuestionar a la Iglesia Católica, en distintos países del mundo, y a exigir derechos democráticos, por ejemplo, en el caso de Chile la pelea por el derecho al aborto- concedido en tres causales-, por el matrimonio homosexual, o por una Ley de Identidad de Género.

Sin duda, las masivas movilizaciones de mujeres y diversidad sexual han sido un factor a la hora de visibilizar los cuestionamientos hacia la institución y masificar las reivindicaciones de estos sectores. En distintos lugares del mundo la Iglesia ha sido denunciada por miles de personas en las calles, no solo por los casos de abusos sexuales, sino también por su constante oposición a las demandas de sectores históricamente oprimidos en esta sociedad.








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