Política Chile

TRIBUNA ABIERTA

Chile es el modelo

Hace ocho días que comenzó la mayor movilización de la historia de nuestro país vecino y hermano de Chile. Los antecedentes más cercanos a algo similar, se remontan al regreso de la democracia hace ya varios lustros. Sin embargo, las particularidades y la magnitud del actual movimiento no tienen precedentes.

Andrea Barriga

Profesora de Historia

Sábado 26 de octubre | 22:10

El pueblo de Chile ha salido a la calle en forma masiva. Se escucha en sus voces el pedido de dignidad. No quieren aumentos, no quieren más dinero para consumir los supuestos “bienes tan preciados” de un capitalismo devastador. Los límites de este sistema empiezan a notarse en diferentes flancos. Empieza a hacer eclosión la cuestión ambiental en otras partes del mundo. Este sistema de explotación y extractivismo tiene un límite natural. Chile nos muestra que además que está comenzando a surgir un límite social, un límite que intenta imponer la sociedad, que, como todo grupo humano, en el devenir de las protestas ira construyendo su expresión política, aunque es difícil, en estos momentos, saber qué forma tomará esta construcción.

El pueblo de Chile sale a las calle en busca de un cambio radical del sistema. Una y otra vez, las personas que de forma autónoma han salido a las calles, manifiestan que su lucha, es una lucha por derechos sociales, por reconocimiento político, pero también de reconocimiento humano. Es que queda claro en los dichos de la elite política chilena, que quienes salen a manifestarse pareciera que no lo son.
En estos días tan convulsionados, se filtró un audio de la primera dama de Chile, en el cuál se expresa la visión que las clases dominantes tienen de la sociedad. Y me atrevería a decir, que es un pensamiento que, en su significación más profunda, representa al pensamiento mundial de esta. Es que el capitalismo o neoliberalismo como se lo llama ahora, reconoce una sola frontera: la frontera de clase.

En un primer momento, la primera dama chilena dijo: “es como una invasión extranjera, alienígena”. Más allá de lo aberrantemente tragicómica que puede resultar esta frase, tiene connotaciones bien marcadas de la representación mental que la elite chilena tiene de su pueblo. Las trabajadoras y los trabajadores chilenos, no son solamente negados como chilenas y chilenos “extranjeras/os”, sino que directamente, y en una exageración desesperante y exasperante, no son reconocidas/os ni como terrestres. Nuevamente es imposible no pensar en nuestro querido Capusoto y su Micky Vainilla.

Sin embargo, además del desprecio que se expresa en estos dichos, podemos claramente ver que para el capitalismo neoliberal, la frontera no es la nación, sino la clase. La elite chilena no reconoce a sus compatriotas trabajadores. Las trabajadoras y los trabajadores, para la elite chilena, son “extranjeras/os”. Y tienen razón. Las trabajadoras y los trabajadores somos internacionales. En todos los países, en todas las naciones del mundo, hay una clase que se adueña de la riqueza, y otra que le pone el cuerpo, la vida al trabajo. Un trabajo eterno, que no da satisfacción, porque los ingresos de la clase trabajadora, siempre son ínfimos. La extranjeridad no está dada por la nacionalidad, sino por ser o no ser de una clase social.

En Chile, la elite gobernante, es al mismo tiempo la que posee las grandes empresas que ganan fortunas haciendo obras supuestamente públicas. Obras públicas que son financiadas gracias a los impuestos que se cobran, nuevamente a la clase trabajadora. Obras públicas que realizan empresas privadas. En este caso la relación de lo público y lo privado se da porque la elite política que debiera representar lo público, es dueña de las empresas privadas que hacen las obras. Esa elite gobernante tiene un salario, una dieta, como dicen los cumpas chilenos, de 8 millones de pesos. El salario de un trabajador, el mínimo, que muchas veces no se cumple, es de 300 mil pesos y el promedios de mil. Las cifras hablan por sí solas.
Empero, las medidas que sacó el presidente Piñera, medidas que intentaban ser un paliativo, fueron unánimemente rechazadas. El pueblo, sigue saliendo a la calle. Pide la renuncia de Piñera y sus ministros, pide una Asamblea constituyente. No hay voceros que representen todo el movimiento, aunque es cierto que participan de él sectores más politizados y organizados como sindicatos, el movimiento feminista, o las organizaciones que nuclean al pueblo mapuche, por ejemplo. Pero la organización es subterránea, anárquica. A pesar de ello, las demandas son claras. La constituyente es para cambiar las reglas del juego. Hay que barajar y dar de nuevo. La consigna es clara: no son 30 pesos, son 30 años.

Los dichos de la primera dama, terminan con una fuerte frase: “vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartirlos con los demás”. Es fuerte. Tienen conciencia de que están teniendo privilegios, y tienen conciencia que esos privilegios los obtienen a costa del despojo de las trabajadoras y los trabajadores. Tienen conciencia de clase.

El tema de la clase, es algo que dentro de los ambientes intelectuales a nivel mundial, se ha puesto en discusión en las últimas décadas. Los posmodernismos, los posestructuralismo, y la teoría decolonial que surge de la poscolonial, van desde el negacionismo simple y llano respecto a la existencia de las clases, hasta una postura que, si bien no niega a las mismas, las pone en un segundo plano. Muchas discusiones se han dado en este sentido. Discusiones de papel. Intentos de comprender una realidad cuya complejidad desorienta.

Sin embargo, tanto tiempo y tantas palabras desgastadas en este debate, quedan sin sentido cuando la realidad, cuando los pueblos que conforman esa realidad a partir de los vínculos sociales y políticos, hablan. No hablan sólo con palabras, hablan también con acciones. Dicen basta. Y sus pedidos, sus reclamos, muestran que la clase está más vigente que nunca, y el pueblo chileno lo sabe. No lo aprendió porque tuvo un adoctrinamiento marxista. Lo saben, porque la clase es algo que existe más allá del lenguaje. La realidad es una praxis, y como tal tiene un fuerte componente de materialidad, y la clase es una realidad. Es la realidad que viven todos los días las trabajadoras y los trabajadores cuando deben salir de sus hogares de madrugada, para viajar a sus trabajos, en el cuál dejan la vida, y no pueden tener acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, a moverse libremente dentro de su territorio, por el alto precio de los peajes, al agua, y podría seguir enumerando cosas.

La clase la viven todos los días, cuando dejan su tiempo, su cuerpo, su mente, sus años, trabajando sin parar y no consiguen a cambio más que limosnas. Limosnas que las elites reparten de mala gana, mientras que obscenamente muestran el abuso que hacen de su riqueza, con arrogancia y desprecio hacia las trabajadoras y los trabajadores. Ellos también viven la clase. La vivencian diariamente teniendo una vida lujosa, sin la necesidad de trabajar, accediendo a todo lo que el dinero les permite acceder.

Empero, las trabajadoras y los trabajadores, la clase trabajadora, tiene cosas que el dinero no puede comprar, tienen cojones para desafiar el estado de emergencia, para enfrentar la brutal represión a la que están siendo sometidos por los militares a cargo de Piñera, y los abusos que estos comenten en un desenfrenado intento de parar la marea que se levanta. Pero ya no hay dique que la contenga. Es que el pueblo está luchando por su dignidad.

Es una dignidad que se expresa en las diferentes demandas que nuclea. La demanda a una vida digna, la demanda a la transformación de las relaciones económicas, pero también las demandas de la autodeterminación del pueblo mapuche, la demanda que venimos levantando las mujeres para que las relaciones sociales no reproduzcan la opresión patriarcal, junto con las disidencias sexuales, cuyos derechos deben también reconocerse. Es una demanda por el cuidado del medio ambiente.

Es una clase que no se queda en ese enfermo determinismo económico, pero que no deja de lado la organización de la economía. La clase, ese complejo conjunto que nuclea tantas demandas, sabe que los medios de producción deben dejar de ser privados para que el cambio sea radical, pero no subsume las demás demandas a esto, sino que confluye y construye en el andar una sociedad distinta, a partir de conseguir derechos. Es un movimiento que no espera a que llegue la revolución para cambiar, sino que cambia, y gracias a ello la revolución comienza a ser transitada, construida, reclamada. El pueblo pide un cambio revolucionario. Lo podemos ver en el comunicado de la Asamblea de Villa Olímpica, que suma demandas particulares con otras más generales:

"No son 30$, son 30 años" de abusos y enriquecimiento de algunos sectores. En 30 años no pudieron arreglar lo que en 17 años destruyeron.

1. Queremos fuera los militares de las calles y fin a la violación de los Derechos Humanos. Exigimos una comisión de verdad, justicia y reparación que esclarezca y haga justicia por todas las violaciones de los DD. HH desde la dictadura hasta el movimiento actual.
2. Exigimos la destitución de Piñera, Chadwick y su gabinete. Llamado a elecciones inmediato.
3. El origen de este alzamiento es resultado de la violencia estructural y sostenida de este sistema capitalista y neoliberal, salvaje con las comunidades y con el medio ambiente. Exigimos una nueva matriz de desarrollo para Chile respetuosa del medio ambiente y las personas.
3. Exigimos y apoyamos una Asamblea Popular Constituyente, que recupere todos los derechos que hemos perdido:
• Recuperación de los recursos naturales (aguas, cobre, litio, bosques)
• Aumento del sueldo mínimo con cargo al empleador ¡No más subsidios a grandes empresas!
• Rebaja en los precios de los servicios básicos, incluido el transporte (gratuito para estudiantes y para la tercera edad).
• No más AFP. Proponemos un sistema público, solidario y de reparto. Pensiones mínimas no inferiores al sueldo mínimo.
• Fortalecimiento a la educación pública integral estatal, inclusiva, feminista, antirracista y anticolonial. Con respeto a la diversidad de género y funcional.
• Ley de identidad de género.
• Fin del SENAME y más políticas de protección hacia la infancia.
• Inclusión efectiva de las Personas en Situación de Discapacidad.
• Derecho a la vivienda y a ciudades equitativas.
• Garantizar el derecho al trabajo y a la sindicalización. Fin a la cesantía.
• Fin a la reforma migratoria y creación de nueva Ley de Migración.
• Fortalecimiento a la salud pública integral (recursos e infraestructura).
• Nueva ley de transparencia y acceso a información pública.
• Autodeterminación de los pueblos indígenas.
• Aborto legal, libre y gratuito.
• Apoyo a la movilización de las personas presas y condiciones dignas en las cárceles.
4. Apoyamos la desmilitarización del Wallmapu, quienes han vivido siglos de violencia. Restitución de tierras y salida de forestales.
5. Adherimos a las demandas instaladas por el movimiento feminista y de disidencias sexuales y de género.
6. Democratización de los medios de comunicación y recuperación de televisión nacional como canal público.
Nos sumamos a las amplias demandas sociales de quienes habitamos este territorio, adherimos a la unidad de las fuerzas sociales y políticas que luchan por un Chile anticapitalista.
No hay ciencia que nos permita saber cómo seguirá esto. Sí tenemos una ética y moral que nos puede guiar. Una ética y moral revolucionaria. El pueblo de Chile despertó, y nadie puede asegurar que este no sea sólo el inicio de un despertar mucho más grande.
Chile es el modelo!
¡Nos cansamos, nos unimos, lo queremos todo!







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