Internacional

ANÁLISIS

Chile a las puertas del plebiscito y a un año de la rebelión popular

Se cumplió un año de la rebelión popular con movilizaciones y protestas. Este 25 de octubre, se realizará el primer hito del proceso constitucional, el Plebiscito por una nueva constitución. En este editorial de Pablo Torres, columnista de La Izquierda Diario de Chile, se analizan las tendencias de la situación.

Pablo Torres

Director La Izquierda Diario Chile / Partido de Trabajadores Revolucionarios

Viernes 23 de octubre | 15:57

Imagen: Instagram titosk88

Octubre de este año inició el primer viernes del mes con el intento de “recuperar” Plaza Dignidad por cientos de manifestantes. La brutalidad policial desatada, con el intento de homicidio por parte de un Policía hacia un joven de 16 años empujado al Río Mapocho, desató la indignación de millones. Al día siguiente unos 10.000 manifestantes “recuperaron” la plaza del control policial establecido desde el inicio de la pandemia. La crisis política abierta hizo resurgir movilizaciones de algunos miles los últimos viernes y profundizó el cuestionamiento a la policía.

El pasquín reaccionario El Líbero se lamentaba: “Se suponía que a través de ese acto, del plebiscito, se resolvería la crisis política. Se trataba de resolver las diferencias en paz y sin violencia, de manera democrática y civilizada. Pero las cosas no son así. La violencia parece no detenerse con nada.”

El Gobierno y la derecha buscaron hacer girar el eje de la agenda en una campaña dirigida a aislar a ese sector que recuperaba Dignidad y protestaba en poblaciones. El discurso de “todos contra la violencia” (de los/as manifestantes) asediaba los programas matinales de TV, reportajes y noticias. Una campaña cuyo objetivo es oponer a las masas contra los manifestantes, desde las capas medias hasta las grandes mayorías trabajadoras y populares. Una operación para aislar a manifestantes, deslegitimar la movilización social, y sacar “las calles” de la escena política, de manera de encauzar de forma ordenada (sin protestas) el proceso constitucional, cuyo primer hito será este domingo 25 de octubre con el Plebiscito por una nueva constitución.

A ese coro se plegó la nueva-vieja Concertación (“Unidad Constituyente”) y fueron operadores de una campaña particular contra la movilización al cumplirse el primer aniversario del inicio de la rebelión (18O) con el chantaje de “cuidar el plebiscito”. Diario Financiero, vocero de la gran burguesía saludó esta política en el marco por la preocupación por un “octubre rojo” y se preguntaba “¿El regreso de una oposición moderada? Quizás una de las señales políticas de mayor importancia, según se advierte en Chile Vamos, fueron las declaraciones del senador del PS José Miguel Insulza, que aseveró que un nuevo estallido social sería "una catástrofe" para el país. El exministro llamó derechamente a la oposición a no apoyar manifestaciones que pongan en riesgo el plebiscito del 25 de octubre. Se trataría del resurgimiento de una oposición moderada y dispuesta a asumir posturas impopulares, lo que no se observó necesariamente luego del 18O.”

A ese discurso también se plegó el Frente Amplio, que meses atrás votó a favor de uno de los proyectos más medievales contra el derecho a la protesta. Boric señaló que “en las condiciones actuales no creo que haya condiciones para una concentración de gente". Los medios derechistas se hicieron un festín saludando a la “izquierda democrática”. El Partido Comunista (PC) no cayó directo en el juego derechista de condenar la “violencia” lo que llevó a una lluvia de recriminaciones de la derecha y la vieja Concertación. Sin embargo, no habían convocado a movilizarse cuando se conoció el brutal hecho del puente Pío Nono, y menos este primer aniversario. Desde la CUT y las organizaciones de masas donde dirigen o tienen influencia no hicieron ningún llamado activo a copar las calles siendo que se auto convocaron cientos de manifestaciones desde semanas y meses previos. De nuevo, la desmovilización activa para concentrar todo en el terreno institucional de auto-reforma del régimen.

Es decir, toda una operación del régimen que se unió (desde su ala derecha a su ala izquierda) para que el aniversario no se transformara en un día de movilizaciones. A diferencia del FA y el PC, desde La Izquierda Diario, impulsada por el Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR), agitamos activamente el llamado a una gran movilización nacional el 18 y 19 de octubre, exigiendo a las organizaciones de masas que convocaran y dejaran esa tregua infame de desmovilización. Por el fin de la represión y la impunidad; por la libertad de los presos de la revuelta y mapuche; por el juicio y castigo a los responsables materiales y políticos de la represión, por la disolución de la policía. Por retomar el camino de las movilizaciones y por un plan de lucha en perspectiva de retomar el camino de la huelga general, para sacar a Piñera y por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana bajo las ruinas de este régimen.

La "sorpresa" del primer aniversario de la rebelión popular

Con protestas y movilizaciones el domingo y lunes, fue una derrota de este intento de sacar las calles de la escena. En Plaza Dignidad más de 100 mil personas se movilizaron. En Antofagasta, pese a las restricciones sanitarias, se “recuperó” Plaza de la Revolución. En Quilpué y San Antonio, Valdivia y Punta Arenas hubo protestas. El día lunes miles se manifestaron en Concepción, Serena-Coquimbo, Taltal, Temuco, Iquique y otras ciudades. De forma pasiva, en el marco de una pandemia, millones apoyaron por las redes sociales. No son movilizaciones con la masividad del año pasado, y su legitimidad está más “debatida”. Según una encuesta reciente, las movilizaciones siguen, a un año, teniendo una legitimidad social importante, pero se observa mayores elementos de polarización: un 46,7% está muy de acuerdo o de acuerdo y un 33,4% está muy en desacuerdo o en desacuerdo. Un 43,6% está muy de acuerdo o de acuerdo con que continúen y 36,6% está muy en desacuerdo o desacuerdo que continúen.

Pero en el marco de una enorme campaña contra la movilización y azuzando el fantasma de la “violencia” de manifestantes, la política del régimen de orden total para el plebiscito y sin “calles” sufrió una derrota. No casualmente toda la centro-izquierda y el FA con el PC tuvieron que saludar las movilizaciones y muchos mostraron su “sorpresa”. Por eso el gobierno tuvo que cambiar el discurso, con el libreto concertacionista de condenar la “violencia” y saludar movilizaciones pacíficas.

Sin embargo, la postal que el régimen sigue machacando es la del incendio de dos iglesias, la violencia, etc., mientras encubren una represión durísima en algunas poblaciones. Por eso hubo más de 600 detenidos el domingo, y en la noche la Policía asesinó a Aníbal Villarroel en la población La Victoria. En la noche también un sujeto “cualquiera” baleó al papá de Anthony, joven lanzado al río Mapocho. En algunas comunas, militares dispararon contra manifestantes. Los grandes medios buscaron callar como sea la detención de un hombre de la Armada en el incendio de una de las iglesias. ¿Nuevas operaciones y montajes con agentes infiltrados? un nuevo manto de dudas sobre “los incendios”. Recordemos que hace pocos días en el marco de la detención de 10 personas por ataques a la subcomisaría de Carabineros en Peñalolén (donde se acreditaron torturas el año pasado) se descubrió un agente infiltrado con “doble identidad” incitando a ataques.

La campaña de masas busca deslegitimar la protesta social (con todo tipo de operaciones probables y ciertas) y amparar estos golpes reaccionarios para golpear a quienes se movilizan, desmoralizar y quebrar su voluntad de lucha. Pero tiene límites, porque Carabineros, ese destacamento especial de represión militarizada que tiene la República chilena, está quizá en la peor crisis de su historia, (por los casos de corrupción, violaciones a los DDHH, montajes, etc.) cada vez más “desbandados” en su actuar, genera el rechazo de millones. También los militares en las calles por “condiciones sanitarias”. Como muestra esta encuesta, Carabineros, PDI, Ejército y Armada sufrieron una caída histórica en su aprobación. En el ejército, bajó un 55% la voluntariedad del servicio militar, que obligará a reponer el “servicio obligatorio”.

Por eso la política del FA y del PC, al no defender activamente (convocando movilizaciones desde las organizaciones de masas) el derecho a protesta y manifestación en juego, al no responder activamente ante los hechos represivos más graves, al dejar pasar cada ataque de la policía y el gobierno, le hace el juego a la derecha y al viejo régimen. Cada ataque sin responder le abre espacios a la derecha para criminalizar y golpear más duro. Las organizaciones de masas deben romper con esta política de desmovilización activa de sus direcciones oficiales, y deben convocar a enfrentar la represión, por el fin a la impunidad, el fin del toque de queda y el Estado de excepción, por la libertad de los presos de la rebelión y por el juicio y castigo a los responsables políticos y materiales de la rebelión.

El desvío institucional y el fantasma de la lucha de clases

El Mercurio señaló que el aniversario plantea “un escenario de incertidumbre que se prolongará mucho más allá del plebiscito del próximo domingo”. Pensaron que venía un plebiscito más “ordenado”, pero retornaron movilizaciones, no obstante no tener ni la masividad, ni la intensidad ni la dinámica del año pasado. No cuestionan el desvío constitucional, más bien operan en un escenario de enormes ilusiones en este proceso “constituyente”, pero ponen mayor protagonismo de la lucha de clases en el marco de ese proceso. Es decir, mientras estamos atravesando el desarrollo de una situación de desvío institucional con enormes ilusiones de masas, cuyo primer hito será el Plebiscito, de conjunto no se ha cerrado la etapa abierta con la rebelión, pre-revolucionaria de tiempos largos.

El plebiscito será un primer hito en el escenario “constitucional”. Nació como un pacto del régimen (“Acuerdo por la Paz” negociado entre cuatro paredes para desviar la lucha al “camino institucional” como dicen ahora (la auto-reforma del viejo régimen), tras el desarrollo de la huelga nacional más importante en muchas décadas, que tuvo características revolucionarias (de “acción histórica independiente” de las masas) y planteó la posibilidad de la caída de Piñera y del régimen, y en ese marco, imponer una Asamblea Constituyente como se exigía en las calles. En el Plebiscito, que decidirá si se escriba una nueva Constitución, se votará también si una convención constitucional (100% electa en abril) o una convención mixta (50% electa en abril y 50% designada por el parlamento actual), ningunas realmente soberanas, pues no tendrán poder de decisión más que escribir una nueva constitución respetando todos los viejos poderes actuales (gobierno, parlamento, etc.), con trampas del quórum 2/3, respeto a tratados internacionales, bajo la impunidad de represores. No está la posibilidad de la Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

El régimen y las clases dominantes hoy apuestan al proceso “constitucional” como principal mecanismo de contención y desvió de las masas. Ese camino (abierto con el Acuerdo por la Paz del 15N) ha abierto una gran ilusión y expectativas, que se expresa en el enorme apoyo en el “Apruebo” (la opción por una nueva constitución de la primera papeleta en el plebiscito del domingo). Sin embargo, no se trata de “la alegría ya viene” (slogan utilizado en el plebiscito de 1988 para que Pinochet no continuara en el poder), de la transición pactada de la dictadura de fines de los 80, sobre años de derrotas históricas de las clases trabajadoras, condiciones favorables de un crecimiento económico excepcional que permitió condiciones objetivas para ello. Hoy se debate una crisis profunda y no es clara una reactivación económica que recupere lo perdido. Además, las principales instituciones del régimen que seguirán funcionado durante los 2 años que puede durar la convención, como la presidencia y el parlamento, tienen un nivel de rechazo social de más del 80% (el parlamento solo un 2% de aprobación). Entonces, lo que empieza a preocupar a la burguesía es que las ilusiones que hay en el proceso constitucional empujen a la acción y a las calles a cada vez sectores más amplios.

En particular quieren cuidar que no sea una derrota del debilitado Piñera. Según la encuesta Criteria de septiembre, un 66% piensa que Piñera votará Rechazo “por sus intereses personales o porque no quiere perder sus privilegios” o “por su ideología”. DF editorializó algo que se venía comentando entre pasillos: “Son días especialmente complejos para un gobierno que no puede aparecer debilitado luego del 25 de octubre. (…) por la tentación de algunos sectores de oposición de que el plebiscito se interprete como una revocación del mandato de Piñera. Lo que suceda durante la noche y al día siguiente en materia de orden público resulta fundamental.”

El resultado electoral de Bolivia con la aplastante derrota de la derecha (y de los aliados de Piñera como Bolsonaro) ha puesto algunos analistas a pensar si no observaríamos un resultado mucho más fuerte del Apruebo como derrota de Piñera en particular. Parecen haber algunas claves incluso en el resultado: ¿será aplastante la derrota del rechazo? ¿Ganará por mucho la convención constitucional? ¿Habrá una votación de masas? (Chile viene de tasas de abstención del 60% del padrón electoral), y en particular ¿votará la juventud y las comunas “de clase baja y media baja”? (con tasas de abstención del 70% en las últimas elecciones). ¿Qué vendrá después? ¿Luna de miel o un proceso de más movilizaciones?

Expectativas incumplidas: los motores profundos de la rebelión siguen vivos, en las vísperas del plebiscito

El otro límite es que los motores profundos de la rebelión no han sido resueltos y se cuece una nueva “cuestión social” con la crisis económica, un componente que no existía el 2019. Según Pulso Ciudadano un 68,6% de la población considera que el Gobierno no ha dado solución a las demandas sociales. ¿Qué demandas? Pensiones (81,3%); desigualdad económica (76,8%); salud (68%); sueldos (67,8%), son las principales. Un 85,3% considera que es muy probable o probable que vuelva a ocurrir un estallido social en Chile por esto.

A esto se suma la crisis económica y social, con desempleo (1,8 millones de empleos perdidos), precarización, agudización de crisis del sistema sanitario, ponen objetivamente una nueva “cuestión social” en ciernes. Para un analista: “Un Imacec de agosto muy por debajo de las expectativas –fue de -11.3%– y un índice de desempleo que se mantiene alto –13.1% el último trimestre–, hacen prever que volverá el descontento social, sumado a que los problemas “estructurales” de desigualdad no han cambiado mucho desde hace 12 meses”.

Las demandas de trabajo y salarios, salud, pensiones, en el marco de un mayor desempleo y crisis, sin tener clara qué posibilidades de reactivación vendrán a medida que se abre la economía, serán cuestiones cada vez más acuciantes en las masas. Por ahora el retiro del 10% fue la mejor “contención social” frente a la crisis, así como algunas ayudas del Estado como el IFE. Sin embargo, se están acabando, y no es clara ninguna salida estructural. Aunque en la clase trabajadora está sufriendo golpes y las burocracias operan para contener cualquier proceso, mayores elementos de reivindicaciones y luchas contra la precarización empezamos a observar, con mayor dureza de los empresarios. Contenido, pareciera haber más descontento, que de activarlo y poner en entrada de lucha a la clase trabajadora, sería el factor quizá más importante para que avancen las tendencias a la lucha de clases.

Por una alternativa de las y los trabajadores, anticapitalista y socialista

El FA y el PC están poniendo toda su fuerza en el “camino institucional”, incluso llamando a no movilizarse directamente, haciéndole el juego a la derecha y poniendo toda su fuerza en las elecciones futuras. La fuerza que tienen en las organizaciones de masas no está a disposición de retomar la movilización. Subordinados a la vieja Concertación, aplican el camino de estériles acusaciones constitucionales que le dan “triunfos” al gobierno y la derecha. Ahora, buscan llevar las ilusiones en el proceso constitucional respetando a los “poderes constituidos” a confiar que allí conseguiremos nuestras demandas y podremos derrotar al sistema y al régimen de los “30 años”, así como a nuevas alianzas con la vieja concertación supuestamente para “derrotar a la derecha”. Esa política llevará a nuevas frustraciones.

Desde el PTR, impulsores de La Izquierda Diario, única organización política a la izquierda del PC y FA que cuenta con legalidad electoral en Antofagasta, Temuco, Valdivia y Puerto Montt y que está culminando la extensión nacional en la Región Metropolitana, Valparaíso y Arica, venimos impulsando activamente el Comando por la Asamblea Constituyente Libre y Soberana, con cientos de trabajadores, jóvenes y mujeres a nivel nacional, que acompañamos el apruebo para echar abajo la constitución de Pinochet, pero denunciando las trampas de las convenciones llamamos a anular las convenciones marcando AC libre y soberana – Fuera Piñera.

Planteamos claramente que para conseguir nuestras demandas por salud, pan, trabajo, pensiones, salarios, para impedir los ataques y precarización que vivimos, para enfrentar la represión y brutalidad policial, debemos retomar el camino de la movilización y el programa de la rebelión, por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana y Fuera Piñera. Hay que volcar la fuerza del Apruebo a la lucha de clases para que no seamos nosotros quienes paguemos la crisis. Por eso se vuelve más urgente retomar los elementos de auto-organización de comités y asambleas, en particular desarrollarlos en los lugares de trabajo.

Lo hacemos en la perspectiva de construir, en este escenario dinámico, un partido revolucionario de la clase trabajadora, que pelee consecuentemente por las demandas de la rebelión y para enfrentar la crisis y que ésta la paguen los grandes empresarios, en la perspectiva del gobierno de los trabajadores. Un partido de miles de militantes en hospitales y centros de salud, en escuelas, en minas, puertos, industrias, servicios, en lugares de estudio y poblaciones, en las calles, con capacidad de combate y que construya una alternativa de las y los trabajadores, anticapitalista y socialista.







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