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Chile: Piñera anuncia su nuevo Gobierno

Este martes estrenará a sus nuevos ministros. Políticos de la derecha, empresarios, gerentes y economistas serán las figuras de este nuevo gobierno de los grandes empresarios.

Pablo Torres

Comité de Redacción / Partido de Trabajadores Revolucionarios

Martes 23 de enero | 10:03

Diversos medios han nombrado probables ministros. En esta nota apuntamos algunas claves políticas de lo que puede ser este nuevo gobierno neoliberal y de los empresarios.

¿Un gobierno “más político”?

Probablemente busque darle desde el comienzo un peso político a la dirección del gobierno. Es clave conquistar “gobernabilidad”, en un escenario más complejo, tanto con la sociedad y “la calle” (protagonista de su primer gobierno) como en la relación con el parlamento, donde el gobierno no tendrá mayoría. Probablemente será con el equipo del “segundo tiempo” de su primer gobierno, y con los cuales desde Fundación Avanza Chile, uniendo tras de sí a Chile Vamos, retornó a La Moneda.

De ahí que suenen como seguros el palacio de La Moneda (sede del gobierno chileno) y del equipo político dirigente, Andrés Chadwick como Ministro del Interior y Cecilia Pérez en Secretaría general de Gobierno, mismos cargos que cumplieron en el primer gobierno de Piñera. La Secretaría General de la Presidencia será clave: como “primera minoría” parlamentaria, deberá negociar diversas leyes y acuerdos, en el marco de fragmentación de la Cámara y mayor polarización política. Se señala a Gonzalo Blumel, jefe programático de su campaña, podría asumir este cargo. También se menciona dirigentes con experiencia parlamentaria (y que Blumel esté liderando el "segundo piso").

Este probablemente sería su “equipo político”. Lo ha sido estos últimos 6 años, constructores del “piñerismo”, un “partido “transversal” (Chadwick UDI, Pérez RN, y Blumel ahora en Evópoli), que hegemoniza a Chile Vamos.

Política-economía concentrada: el comando neoliberal

Pero su equipo político se “extiende”: es a la vez un comando político-económico, del desarrollo del capital (“crecimiento”) de conjunto, para lo cual requiere gobernabilidad, condiciones de inversión, ataque al trabajo, etc.

Piñera deberá fortalecer su comando económico, para “destrabar inversiones”, impulsar ganancias, abrir ciclo de crecimiento. Sus ministros serán neoliberales de derecha, economistas, ligados a los grandes capitales y organismos económicos mundiales. En Hacienda se dice entraría nuevamente Felipe Larraín, mismo que durante los 4 años del anterior gobierno de Piñera. En Economía José Ramón Valente, puesto a “destrabar” obstáculos y poner en circulación las inversiones.

Si es cierto lo que señalan los medios sobre Alfredo Moreno en el Ministerio de Desarrollo Social (que se ubica físicamente en La Moneda; algunos medios dicen que podría ser nuevamente Cancillería), sería una muestra importante, pues puede servir al intento de crear una estrategia “social” al empresariado, con alto rechazo (más del 70% considera que el crecimiento favorece exclusivamente a los ricos), además de lo que podría ser una futura cara presidenciable de otro “piñerista”. Pero lo de la “agenda social” es clave no solo en cuanto a la táctica del empresariado, sino que jugará un rol “muy político” en el intento de la derecha de hacer alguna “hegemonía” (ganar aliados sociales estables, contener y realizar expectativas, etc.), y no es poco probable que esté ligada al objetivo de “otro gobierno”. En otro sector económico importante, Ministerio de Minería, para continuar el saqueo privado e imperialista se señala el nombre de Baldo Prokurika, RN.

Si es cierto el escenario probable que describe la mayoría de los medios en torno a los núcleos duros de Piñera (Chadwick, Pérez, Blumel, Larraín, Valente, Alfredo Moreno), será un gobierno “piñerista” buscando canalizar el intento de restablecer un ciclo de ganancias empresariales, concentrando fuerzas en este desafío “económico” realmente “político” y a la vez en conquistar una nueva hegemonía, social y política, que no tiene conquistada, que tiene una difícil situación política, y que tendrá como límite fundamental en planes más ofensivos, la relación de fuerzas. Aquí juegan los “ministerios estratégicos”, por esa misma relación de fuerzas.

Ministerios “estratégicos”

Educación y Trabajo serán clave. Se juegan la relación y el futuro aquí del movimiento sindical y estudiantil; y por tanto, del Gobierno. En ambos se juega la posibilidad de conquistar “hegemonía” y avanzar en sus planes políticos, o retroceder en ellos.

Educación será clave, un centro de gravedad propio. Ha sido un cáncer que corroe a la mayoría de los gobiernos. Por el Ministerio de Educación con Piñera pasaron 5 ministros, y enfrentó las agudas movilizaciones del 2011. Quizá por eso no se ha hablado mucho de estas figuras probables. El 2011 el movimiento estudiantil fue la principal fuerza de oposición en las calles a Piñera. Será clave, porque es un movimiento estudiantil que si bien desviado y relativamente pasivizado los últimos años (producto de las falsas reformas como de las políticas de “incidencia” del Confech), sigue siendo un actor en estado latente. Será clave en permitir o no “gobernabilidad” al régimen y a la reaparición de “la calle” (luchas, movilizaciones, paros, tomas). Y porque se juega la “gratuidad”, que además Piñera prometió extender. La clave no será “técnica” sino política.

También el Ministerio del Trabajo, donde se habla muy probable a Nicolás Monckeberg, donde Piñera quiere aplicar un programa de pérdida de derechos y conquistas de la clase trabajadora, tanto en derechos individuales (como el banco de horas, que permite flexibilizar y extender la jornada de trabajo a antojo del patrón) como en derechos colectivos, especialmente los servicios mínimos contra el derecho a huelga, y los grupos negociadores contra los sindicatos. También será clave pensiones, el gran debate de los últimos años, impuestos por movilizaciones de millones gritando NO+AFP, y donde Piñera se propone restaurar la confianza en este sistema. Y en ambas, sus medidas pueden enfrentar una respuesta, de un movimiento sindical que aunque fragmentado, viene en un proceso de recomposición y rearticulación sindical que podría enfrentar los planes de Piñera.

De reconocer la importancia de estos ministerios y agendas “estratégicas”, el movimiento obrero y estudiantil pueden jugar un rol clave en frenar la agenda de Piñera, poner en crisis a su gobierno y conquistar las demandas históricas planteadas, de desarrollar una agenda totalmente independiente al viejo progresismo.

Se nombrarán también otros ministerios sociales como Salud (donde se nombran Karla Rubilar o Enrique Paris), Vivienda (Cristian Monckeberg), de la Mujer (se menciona a UDI Andrea Molina). Y entrarán dando experiencia y muñeca política algunos personajes conocidos de la derecha, un rol más de “Estado”, como Hernán Larraín en Justicia, de la UDI. También “presidenciables” como Alberto Espina o Andrés Allamand pueden tener cargos ministeriales políticos, como Defensa. En Transporte es mencionada Gloria Hutt (Evópoli), en Bienes Nacionales Felipe Ward (UDI).

Equilibrio, hegemonía y calles

Primero, la relación de Piñera con los partidos de la derecha, o la cuestión de la gobernabilidad interna. ¿Quién ganará y quién perderá poder? Hay llamados al “equilibrio”. Algunos dicen que RN se respete su nueva mayoría al interior de Chile Vamos; la UDI está dividida, con una fracción disidente, y una directiva carcomida “por izquierda” por Evópoli, esa “criatura” que se ha fortalecido (y ahora juega también su “juego propio” en la agenda valórica), y “por derecha” por José Antonio Kast, que no es descartable funde un nuevo movimiento político de extrema derecha y seduzca al UDI desencantado. Por eso la presidenta UDI, JVR, advierte a Piñera sostener un conflicto de fuego amigo iniciado. Pero además, aunque pueden quedar contentos los partidos, si Piñera concentra sus decisiones y su política en su núcleo duro y los nombra a ellos en sus puestos, pueden agrietarse los conflictos históricos pasados de Piñera con estos partidos, de una derecha históricamente “frondista”. Aunque tenga “hegemonía” interna en Chile Vamos, Piñera no tiene garantizada a priori la “gobernabilidad” ni en su propio sector.

Segundo, tanto en la “sociedad”, donde entrarán no solo el manejo de agendas estratégicas como Economía, Trabajo y Educación, como en la articulación político-parlamentaria, de un gobierno en minoría, con un parlamentario fragmentado (y un tercer actor, el Frente Amplio, con 21 Diputados) y con tendencias de inicial polarización política, probablemente será un escenario complejo para el gobierno. Aunque con distintos flujos y reflujos, en las calles y en parlamento puede que pase la política de los próximos años.

La clase trabajadora, el movimiento estudiantil, de mujeres, mapuche, pobladores, son actores centrales de “las calles” y han impuesto la agenda “en las calles”. Piñera quiere que el pueblo y esta “calle” no dicten ni corra en un centímetro la agenda.

Y en la población hay una mezcla de altas expectativas con descontentos profundos, que pueden hacer abrir una grieta en el gobierno. El Mercurio (editorial del domingo 21/01) le advierte a Piñera, que en condiciones favorables (precio del cobre, expectativas de inversión, relativa recuperación internacional) que debe tener cuidado con la inflación de expectativas, o mejor dicho de las complacencia en la existencia de éstas: "cometería un grave error el nuevo gobierno si descansase solamente en esa mejoría de las expectativas" señala uno de los grandes voceros de la reacción. Le alerta que una cosa son las expectativas, la otra la realidad, que puede llevar a la frustración.

El fantasma de la "calle" y esa relación con las "expectativas" será clave. La CUT y CONFECH, del PC y el Frente Amplio deben poner fin a la estrategia de pasividad, presión parlamentaria, y conciliación con el progresismo, que han debilitado los movimientos y fortalecido a la derecha. Deben poner sus fuerzas, junto a NO+AFP, sindicatos, federaciones, en función de preparar y movilizar una gran fuerza social de la clase trabajadora, la juventud y el pueblo, para enfrentar a Piñera y luchar por nuestras reivindicaciones. Ganar las calles, las únicas que han impuesto nuestra agenda en el escenario, y la alianza con la clase trabajadora, de forma independiente a la centroizquierda y el progresismo “neoliberal”, que el 11 de marzo entregará nuevamente el gobierno a la derecha.








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