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MÚSICA//OPINIÓN

Charlie Haden: revolución, lucha, coherencia e izquierda en el mueble fino

Hoy cumpliría 80 años este gran músico –contrabajista– del Jazz. El autor, cultor del género y ejecutante del instrumento de las 4 cuerdas, rinde homenaje a este artista brillante y comprometido.

Domingo 6 de agosto | 00:00

“Charles Edward Haden, nacido el 6 de Agosto de 1937 en Shenandoah, un pueblo del estado de Iowa, en los Estados Unidos, de familia con tradición musical y raíces del folk y country del medio oeste estadounidense, debutó como cantante en una radio local a los 15 años...” y la mar en coche.

Pero alto ¿qué es todo esto? Un rejunte de lugares comunes “wikipedísticos”, el copie y pegue a los que tan acostumbrados nos tienen los cacatúas del coolprotomacrismo a lo Palemo Rúcula y más de un mercachifle escriba del pseudoprogresismo.

Para hablar de un “broli”, un cuadro o un músico, su música, o cualquier tipo de forma de arte, en el buen sentido, hay que sentirlo en la panza, en la buseca, en la tripa, en el corazón.

Estoy en el paraíso dice Haden, y sin esperar a que terminen los vítores y aplausos, un walkin bass a casi 300 de velocidad de negra o metrónomo irrumpe al galope, junto a dos de sus viejos compañeros del “libre jazz” Don Cherry con su trompeta para el bolsillo del caballero y la cartera de la dama, y Ed Blackwell a la batería. Es como una sentencia, no podes escapar al golpe, al sacudón telúrico en el abdomen.

A diferencia de otros contrabajistas contemporáneos como Scott La Faro, el emancipador del contrabajo, muerto, lamentablemente y en forma prematura en un accidente de auto, o Eddy Gómez, ambos con un despliegue increíble de técnica, velocidad, uso de agudos, inversiones armónicas, etcs... Charlie Haden se planta desde el clavijero hasta no mucho mas allá de los registros medios, es justamente eso, sumado al uso recurrente de dobles notas, o pisar 2 cuerdas al mismo tiempo, dándole a toda la paleta de graves los más variados colores, una campana, un poema, un sermón, donde ni siquiera un ateo sonoro puede dejar de sentir la vibración dentro suyo del pizziscato y el aporreo de las 4 cuerdas del contrabajo de Haden.

Imposible enumerar tantas sensaciones, como algunas de las citadas en el párrafo anterior, el disco de marras al que me refiero, y el primero que tuve del querido Haden, es uno más de la colección Montreal Tapes de 1989, que por suerte alguien tuvo el buen tino de hacer una serie de conciertos pasando por todas las formaciones que integró este gran contrabajista y mejor ser humano.

Vastísima es su carrera, su vida musical mejor dicho, acompañando desde su segundo disco con intermitencias a Ornette Coleman, el saxo alto, liberador del jazz y la prisión armónica del también revolucionario be bop, que como el punk rompieron con todo lo anquilosado de lo que les precedía.

Sus proyectos como líder, La Liberation Music Orchestra, rebozante de ideología de izquierdas, lucha de los oprimidos, de canciones revolucionarias adaptadas al lenguaje jazzístico tanto del viejo continente como de Latinoamérica. Y como olvidar el Quartet West, un cuarteto con la clásica formación hard bop de saxo tenor, piano, contrabajo y batería, mas en la línea straight o de standards, y su amor por los fondos musicales de las novelas de Raymond Chandler y su querido Philip Marlowe, demostrándole a más de un pureta lo bello que se puede ejecutar una balada; basta con escuchar la maravillosa versión de Body & Soul o un blues de su propio cuño como Bay City.

Egberto Gismonti, Joe Henderson, Gato Barbieri, Ginger Baker, Bill Frisell, Paul Motian, Paul Bley, Billy Higgins, Pat Metheny, Gonzalo Rubalcaba y tantos mas, que huelgan los “mostros” con los que tocó y las palabras, por olvido u omisión. Y qué tanto...

¡¡Que Viva Charlie Haden!!








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