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Cervecería Quilmes, el sabor de la hipocresía

La Cervecería Quilmes, propiedad de la multinacional AB InBev, anunció la donación de camas y alcohol en gel al municipio. Esta iniciativa se da luego de que los operarios denunciaran que la empresa no garantizó los elementos de seguridad y siguió produciendo a pesar de que la cerveza no es un elemento esencial. La hipocresía de una patronal que no le interesa la salud de sus trabajadores.

Domingo 5 de abril | 21:40

Foto y Fuente: Perpectiva Sur

La Cervecería y Maltería Quilmes, propiedad de la multinacional AB InBev, la mayor productora mundial de cervezas anunció, con bombos y platillos, junto a la intendenta Mayra Mendoza, la donación de 600 camas y alcohol en gel en el marco de la crisis sanitaria. Las camas fueron fabricadas por la empresa Econciencia, a partir de residuos plásticos recolectados por vecinos y el trabajo fue financiado por la empresa cervecera. Una “generosidad” por lo menos modesta si tenemos en cuenta que obtuvo ganancias netas a nivel mundial por 4.368 millones de dólares solo en 2018. Pero esta presunta “generosidad”, anunciada mediante una gran campaña publicitaria y acompañada por los funcionarios municipales no es casual.

La empresa viene de enfrentar serias denuncias de sus trabajadores, tanto en la planta quilmeña como en la de Zarate, porque no garantizó las medidas de seguridad mínimas y los obligó a seguir produciendo bajo la excusa de que es un producto “esencial", ya que está avalada por los decretos presidenciales que la ubican dentro de la industria alimenticia. Esta situación merece la pregunta: ¿Qué tiene de esencial la producción de cervezas en medio de semejante crisis sanitaria y alimentaria?

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A pesar de que el sindicato cervecero se ubicó defendiendo el accionar empresario, esto no impidió que la bronca de los trabajadores se expresara en las asambleas de fábrica y se viralizara por redes sociales, donde denunciaron que la empresa no garantizó alcohol dentro de la planta, que no había personal médico idóneo, entre otras situaciones de desidia. Todo el distrito se hizo eco de esta denuncia y fue, justamente luego de quedar expuesta, que la empresa comenzó con esta campaña de “solidaridad” como estrategia para limpiar su imagen. Hasta llego al colmo de emitir en sus redes oficiales un spot hablando de la “responsabilidad de todos” mientras exponía a sus trabajadores a realizar tareas sin protección. Hipocresía es poco.

En el acto de entrega de las primeras 60 camas, acontecido en la Universidad Nacional de Quilmes, el vicepresidente de la filial argentina de la empresa, Gonzalo Fagioli, comentó que “es un gran honor poder acompañar a la Intendencia y la ciudad en este momento, en el cual estamos ayudando en conjunto para dar vuelta esta situación”, mostrando la doble moral de este CEO que viene de exponer a sus trabajadores con el solo propósito de sostener sus exorbitantes ganancias.

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La intendenta Mayra Mendoza también hizo sus declaraciones “agradecemos tanto a la UNQ, como a la Cervecería y a Econciencia por su apoyo y compromiso con los quilmeños. Trabajando todos juntos, vamos a salir adelante” pero nada dijo absolutamente nada sobre la denuncia realizada por los trabajadores, que desde los primeros días de la cuarentena se encargaron de hacer pública la situación mediante las redes sociales.

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Las dádivas de las empresas, que siempre vienen acompañas de reducciones en el pago de impuestos, son absolutamente insuficientes en el marco de la enorme crisis que presenta el sistema de salud, desguazado por años de vaciamiento y recortes presupuestarios, tanto en el distrito como en todo el país. Lo cierto es que estas empresas que hacen donaciones para luego realizar campañas publicitarias con el fin de “levantar” su imagen pública, ganan miles de millones de dólares al año y maltratan a sus trabajadores como quedó expuesto en el caso de Cervecería Quilmes.

Lo que es urgente para financiar la salud pública y resolver las acuciantes necesidades populares son la implementación de impuestos extraordinarios a las grandes fortunas y pulpos multinacionales, junto a la reconversión productiva de dichas empresas para producir lo que es realmente esencial en esta situación como alimentos, productos sanitarios y respiradores.







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