CUBA / LGBT

Censura en cuba, seguidismo en Uruguay

Hace una semana que el festival de cine de La Habana censuró la película “Santa y Andrés” del cineasta cubano Carlos Lechuga, que retrata la represión sufrida por los homosexuales en la isla, particularmente en la década de los setenta por el régimen de la burocracia cubana.

Martes 13 de diciembre de 2016 | 13:14

"La revolución no entra por el culo!!!"

Así se expresa un personaje de la película “Fresa y Chocolate”, un joven stalinista cubano que se niega a aceptar que un homosexual también pueda ser un revolucionario con ese grito lleno de prejuicio y odio.

Sin lugar a dudas, con la muerte de Fidel Castro, nuevamente se abrió un intenso debate en torno a la importancia histórica de la revolución cubana y su relevancia actual para la perspectiva socialista en el continente; muchas de las conquistas luminosas de la revolución volvieron a ser reivindicadas por sectores importantes de la izquierda latinoamericana y del mundo entero y a su vez previsiblemente atacadas por los epígonos del pensamiento liberal y burgués, sin embargo con las sombras ominosas del proceso de burocratización no podemos decir lo mismo, ante la muerte del líder histórico de la revolución cubana el oportunismo de las diferentes variantes reformistas, populistas e incluso autonomistas se han callado las necesarias y saludables críticas a las desviaciones ideológicas, y a las políticas reaccionarias llevadas adelante por la dirección del PC cubano.

El Estado obrero cubano, que nació a la vida histórica como un Estado deformado, con régimen de Partido único sin democracia proletaria, sin participación democrática de las masas en el proceso revolucionario, reprodujo toda la ideología contrarrevolucionaria de la degeneración stalinista, entre ella los más nefastos prejuicios con respecto a la homosexualidad y su consecuente criminalización y persecución. En Cuba los artistas e intelectuales homosexuales sufrieron persecución, cárcel o exilio; y otros muchos fueron enviados a verdaderos campos de trabajos forzados de “reeducación”, como el de Pinar del Río para “curarse” de las desviaciones homosexuales.

Esta censura, esta última perlita, corona toda una historia de opresión del movimiento de la diversidad sexual en la isla llevada a cabo por la burocracia cubana; a pesar de la mentirosa apertura con respecto al tema pregonado por algunos hijos de los propios burócratas, como la hija de Raúl Castro en los últimos años; la verdad del caso es que el supuesto reconocimiento de derechos del movimiento de la diversidad sexual obedece y está en sintonía con otras políticas “aperturistas” del régimen: la filtración cada vez mayor del capital trasnacional así como un gradual proceso de restauración capitalista: para el cual se hace necesario precisamente entre otras cuestiones cambios cosméticos en el régimen burocrático, es decir una nueva política gay friendly y gay bussines acorde al cambio operado en la estrategia liquidacionista de la burocracia.

Esto no quiere decir, que los derechos que el conjunto del movimiento por la diversidad sexual pueda arrancar en Cuba no signifiquen una conquista importante para la comunidad LGBT así como para el movimiento de masas, a pesar de las verdaderas motivaciones políticas de la burocracia para llevarlas a cabo.

Y mientras tanto en uruguay…

Y mientras tanto el seguidismo del colectivo Ovejas Negras, que en el mismo momento o casi en simultaneo en que la censura prohibía el retrato de la represión a la homosexualidad en la Cuba de los setenta ( años de plomo para los homosexuales en la isla), decide rendir homenaje a Fidel Castro, uno de los principales responsables políticos de la represión de la homosexualidad, Fidel el mismo que en algunos discursos caracteriza a la homosexualidad de enfermedad y degeneración “pequeño burguesa", Fidel el mismo que apoyó decididamente los campos de “reeducación” para tales “desviaciones”, Fidel, precisamente el mismo que ante la pregunta interpelante de Ramonet sobre el tema, en aquella histórica entrevista titubea, vacila y baja la voz con notoria culpabilidad.

Los marxistas revolucionarios que resulta que somos homosexuales, y que resulta también que somos militantes por la diversidad y la liberación sexual podemos reconocer el progresivo papel histórico que Fidel jugó en un momento determinado de la historia, a saber la expropiación socialista de la burguesía y el imperialismo; pero nunca se nos ocurriría homenajear a un declarado enemigo de la causa del sexo disidente y la liberación sexual, delimitándonos prudentemente de la crítica liberal-burguesa reivindicamos y defendemos furiosamente a la revolución, a la misma vez que luchamos por barrer con la burocracia que no sólo reprime a los homosexuales y al conjunto del movimiento LGBT en la isla, sino que en última instancia conspira en contra de la propia revolución y la propiedad nacionalizada por el Estado obrero.

Es notorio que este seguidismo obsecuente del colectivo de Ovejas Negras obedece a la orientación de su dirección hegemonizada desde hace más de una década por operadores políticos del PCU, que son los responsables políticos de la cooptación, institucionalización y despolitización del movimiento por la diversidad sexual puesta al servicio del gobierno de colaboración de clases del Frente Amplio.

Hoy más que nunca ante el seguidismo oportunista de la dirección política de Ovejas Negras es necesario levantar la bandera y luchar en la perspectiva por un movimiento de la diversidad sexual independiente del Estado, del gobierno y de los partidos del régimen.






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