Mundo Obrero

OPINIÓN

Celebrar la utopía, hacer real lo “imposible”

En el marco del 1º de mayo, nos reunimos un grupo de jóvenes, nos agrupamos más allá de las diferencias por algo común, hacer real lo “imposible”.

Ivana Acevedo

Docente

Martes 2 de mayo | Edición del día

Somos estudiantes de nivel secundario y terciario, docentes en formación o egresados/as. Todos/as trabajadores/as cansados de dejar vida en el trabajo.
Nos mueve la necesidad de responder a lo que nos aqueja, que nos agobia: las jornadas laborales de 9, 10, 12 horas de vida robadas para que otros se llenen los bolsillos.

Increíble fue escuchar que con tan solo una hora de trabajo en un hipermercado (Coto, Carrefour, entre otros) alcanza para que paguen el sueldo a un empleado, lo que significa que el resto de las horas y días trabajados, somos meras herramientas para sus ganancias, el medio para el engorde de sus riquezas.

Nos identificamos cada uno/a con el relato de una madre que trabajaba limpiando una empresa, 12 o 14hs por día, volviendo con las piernas hinchadas, cansada, y sin poder disfrutar de sus hijos, su familia, su tiempo de mujer. Ya no trabaja, la fabrica la despidió, y los que le robaron cada hora de su vida en ese lugar, no pensaron en todo lo que ella dejó de lado por estar en su puesto de trabajo cada día, no se percataron en su dolor corporal, la descartaron, la tiraron como un simple bien de uso de la empresa, al cual ya le habían exprimido toda utilidad.

Se nos hace común escuchar que una compañera ante la muerte de un familiar, con una palmadita en la espalda le dijeron: ‘’anda, anda tranquila, quedate con tu familia…’’ y los días de su ausencia ante la muerte se los descontaron… dejando en claro que acá se trabaja más allá del dolor, porque para los capitalistas nuestras vidas no tienen valor, son costos al que deben reducir al mínimo.

Quieren que creas común ver a estudiantes que trabajan largas horas en fábricas, call centers, etc., salir corriendo del trabajo, ir a la facultad, sin tener tiempo de leer para sus estudios, y cuando llegan, la triste realidad golpea nuevamente: el costo de comprar los apuntes nos lleva muchas veces a tener que elegir hacer menos materias porque no te alcanza el dinero o porque simplemente el tiempo no te alcanza para estudiar, dormirse de cansancio en aulas, colectivos, toparse con el dilema de seguir trabajando y dejar de estudiar, dejar de leer un libro de literatura, tocar un instrumento, como si eso fueran placeres o pasatiempos solamente para una elite, para aquellos que viven nuestro sudor.

Escuchamos a diario: “la educación es pública y gratuita” pero en la práctica está totalmente condicionada al factor económico de cada estudiante, porque el factor social-económico condiciona y determina el nivel de educación al cual podemos acceder.

Lo común es ser docente y que para trabajar de lo que estudiaste, tengas que trasladarte de una ciudad a otra para tener un primer reemplazo y poder “entrar en el sistema”.

Lo común es que mientras dejamos la vida en sus escuelas, en sus fábricas, en sus call centers, otros no tienen nada, ni siquiera el derecho de ser explotados, cuando si trabajásemos menos, todos tendríamos trabajo. Pero los capitalistas necesitan dividirnos y que compitamos, así “su mercancía” vale menos.

Todos nos reunimos en ese lugar, para cuestionar que ser un buen laburante no implica dejar la vida en el puesto de trabajo, que el trabajo no dignifica si dejamos la vida en él, si gracias a la explotación otros se llevan todo, y nosotros recibimos migajas, si para poder sobrevivir necesitamos estar 12 horas o más destruyendo nuestro cuerpo.

Ellos nos utilizan hasta que nos desgastamos, nuestro cuerpo es un envase que luego de ser utilizado se descarta por otro nuevo, que servirá unos años como le servimos nosotros y luego formará parte de los descartados.

Aquellos que sufrimos las mismas penurias de grilletes atados a nuestros pies y manos, debemos decir basta y levantar la bandera de una jornada laboral que permita vivir nuestras vidas como queramos. Levantemos la bandera de cuestionar sus ganancias, sus privilegios, porque nos cansamos de elegir entre el trabajo o la vida.

Nos juntamos para cuestionar eso que se naturalizó, que el sistema nos impuso e hizo creer. Cuando nos dicen que es imposible, no nos preocupemos. Nos dicen todo el tiempo que todo lo justo y necesario es "imposible". Hasta que lo hacemos posible nosotros, porque los trabajadores, las trabajadoras y los que padecemos la suela del sistema opresor sobre nuestras cabezas, somos lxs que vamos a ‘’marcar la cancha’’ y jugar con nuestras condiciones, nuestras reglas. Porque trabajar 6hs diarias, 5días a la semana es posible, porque ‘’con la unidad de los esclavos el esclavista no tiene poder’’ nosotros y nosotras, los/as jóvenes trabajadores y trabajadoras decimos que es posible que todos/as tengamos trabajo.

No se trata de firmar un papel, se trata de evidenciar las ganancias que obtienen los capitalistas gracias a cada uno de los que dejamos nuestras vidas en sus bolsillos, en sus cintas de producción, en sus cubículos, en sus escritorios y sus pizarrones.

Debemos así hacernos parte todxs de pelear por nuestros derechos, por nuestros intereses, por los intereses de los que sufrimos las mismas penas, las mismas angustias y que vivimos las mismas vidas repetidas en millones, preguntemos, interroguemos, cuestionemos sus intereses, de ahí saldrá el resultado, porque las horas de tiempo dedicadas a engordar sus chequeras se paga con nuestro tiempo, nuestra vida que no nos permiten vivir, que limitan y acaban…
Nuestras vidas valen más que sus ganancias.








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