Política Estado Español

ABSOLUCIÓN DE LA INFANTA

Caso Nóos: sobran las razones para terminar con la monarquía

Aunque la sentencia del caso Nóos busca por todos los medios esconder la implicación de la Casa Real en la trama de corrupción, este caso ya anida en la conciencia colectiva de amplios sectores de la población y, nuevamente, pone al orden del día el debate sobre el fin de la monarquía española.

Diego Lotito

Madrid | @diegolotito

Viernes 17 de febrero | Edición del día

Foto: EFE/Cati Cladera

La monarquía española es una institución reaccionaria y antidemocrática restaurada por el mismísimo Franco para garantizar el “atado y bien atado”. Su heredero en la Jefatura del Estado tras su muerte se propuso asentar esta restauración piloteando el pacto entre el búnker franquista y el PSOE-PCE durante la transición y durante 40 años ha sido un pilar para la estabilidad del Régimen del ’78.

Cuando éste ha entrado en barrena, los Borbones vuelven a intentar ubicarse -con abdicación mediante- como una pieza fundamental para que este sobreviva, como hemos visto en los últimos meses con las bendiciones de Felipe VI al gobierno de “gran coalición” y sus intervenciones para reforzar la ofensiva españolista contra el derecho a decidir de Catalunya.

Pero el caso Nóos es sólo un capítulo menor de la larga historia de corruptelas, escándalos y miserias de la Casa Real: desde la implicación –siempre desmentida- del rey Juan Carlos I en la génesis de lo que sería el intento de golpe de Estado del 23F, pasando por las múltiples amistades con dictaduras como la de Marruecos o la sanguinaria monarquía saudí, ligada por uno y mil lazos -públicos y privados- con los Borbones desde la Transición, hasta escándalos de alcoba como el de Juan Carlos I con Bárbara Rey, tapado como se ha desvelado recientemente con decenas de millones de pesetas entregados en 1996 por los servicios secretos a la “musa del destape”. Esa es la podrida tradición de los Borbones que nuevamente supura por la herida del caso Nóos.

Mientras el PP, PSOE y Ciudadanos han alabado el proceso judicial, desde la izquierda las reacciones a la sentencia no se han hecho esperar. Para Podemos la sentencia es "políticamente insuficiente”. La diputada de Podemos y vicepresidenta cuarta del Congreso, Gloria Elizo, ha señalado que le "sorprende" el fallo judicial al considerar que si la Infanta no fuera la hermana del Rey, también habría sido condenada en lugar de absuelta, aunque en una valoración demasiado optimista –y que denota hasta donde se ha abandonado toda impugnación a esta democracia para ricos– ha destacado como “positivo” que la sentencia deja atrás “una etapa de corrupción institucionalizada del Estado español”, ya que condena a Urdangarin a ingresar en prisión y “acaba con esa impunidad de quien asume una representación pública”.

Por su parte, el coordinador federal de Izquierda Unida, Alberto Garzón, ha atacado desde su cuenta de Twitter, publicando uno de los mensajes más difundidos este viernes en las redes. “En dictadura o democracia, los Borbones siempre libran sus delitos. El absolutismo ha pasado pero siguen estando conectados con algo divino”, ha asegurado en un mensaje que en pocas horas se acerca a los 3000 retuits. En un tuit posterior ha añadido: "Cuando arranquemos al poder un referéndum sobre república o monarquía, también votaremos pensando en la Infanta. #3República".

Un amplio sector de la población no necesita conocer la sentencia exculpatoria a la Infanta para reconocer el carácter antidemocrático y reaccionario de la monarquía y de la propia justicia capitalista que la cobija. Los mensajes de Podemos e Izquierda Unida pretenden expresar, con sustantivos matices entre ellos, este sentir. Pero por eso mismo resulta por lo menos contradictorio, cuando no una verdadera impostura, que el líder de IU defienda el referéndum por una república, pero al mismo tiempo haya aceptado que esta demanda democrática elemental haya quedado fuera del programa de Unidos Podemos con el que concurrió de la mano de Pablo Iglesias a las últimas elecciones.

Como nos preguntábamos en otro artículo publicado recientemente en Izquierda Diario: “¿Seguirá estando fuera de agenda la lucha contra la Monarquía para los dirigentes de Podemos como nos han venido diciendo desde antes de las elecciones del 20D? ¿Puede cualquier proyecto que se autodenomine de “los de abajo” no plantearse luchar contra la institución que por excelencia ha defendido y sido parte de “los de arriba” del todo? ¿Se pueden “abrir los candados del 78” sin cuestionar la pieza clave del “atado y bien atado”? ¿Se puede hablar de terminar con la corrupción y la “casta” respetando la institución que mejor representa ambas cuestiones?”.

Cuando Podemos viene de reafirmar el proyecto político de Pablo Iglesias, para ubicarse como una oposición reformista de izquierda, seguir negándose a pelear por algo tan elemental como el fin de la Monarquía y la lucha por una asamblea constituyente libre y soberana impuesta mediante la lucha de clases para debatir todo y decidir todo, ilustra como nada los límites profundos de un "cambio" que solo se propone dejar todo, o lo fundamental, prácticamente igual.

El caso Nóos es una nueva metáfora de la podredumbre del Régimen parido por la transición pactada que vuelve a poner a la orden del día la necesidad de luchar por un proceso constituyente impuesto mediante la lucha obrera y popular sobre las ruinas del Régimen del ’78. Una Asamblea Constituyente en la que voten todos los mayores de 16 años, en circunscripción única y en todas las nacionalidades, con representantes que cobren el salario medio de un trabajador y sean en todo momento revocables, y que pueda deliberar y discutir sin tutela alguna de las instituciones del Régimen del 78, como el Constitucional o las Fuerzas Armadas.

Un proceso democrático de este tipo -el mayor grado de democracia que puede conquistarse en una democracia representativa-, sólo puede abrirse y sustentarse en una gran movilización obrera y popular, que garantice su capacidad de debatir y resolver todas y cada una de las grandes demandas democráticas y sociales pendientes, empezando por terminar con la Monarquía y el resto de instituciones del régimen heredero de Franco, como parte de la lucha por un gobierno de los trabajadores y los sectores populares.








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