Política

JUSTICIA PARA SANTIAGO

Caso Maldonado: ¿y si hablamos del gendarme “E” y el comandante “E”?

Cuando algunos medios hablan del “testigo E”, buscan desviar la atención sobre las contradicciones de los gendarmes que perseguían a Santiago y a los jóvenes mapuches. Hablemos de Escola y Echazú.

Lucho Aguilar

Desde Esquel

Miércoles 25 de octubre | 13:21

En los últimos días se sucedió una campaña mediática, entre otros de un "periodista" del diario Clarín, sobre “el testigo E”. Con ese nombre se conoce a uno de los testimonios presentados en su momento ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La campaña se da, justamente, momentos previos a una audiencia de la CIDH que se realizará este jueves en Montevideo.

En la mañana de este martes, el juez Gustavo Lleral echó por tierra gran parte de esas especulaciones: dijo que “el testigo E no existe en el expediente”, corriéndolo así de la escena.

Sin embargo, mientras se analizan las pericias de la autopsia del cuerpo de Santiago, lo que buscan muchas de estas campañas es desviar la atención sobre qué hicieron los gendarmes ese día. Se intenta poner el foco sobre el comportamiento de la comunidad, hasta sobre el comportamiento del río, y no sobre el de la fuerza que desató una cacería ilegal que terminó con la desaparición y muerte de Maldonado.

Vale repasar entonces, aunque muchos datos han trascendido, lo que pasó ese día.

Las contradicciones del comandante “E”

Juan Pablo Escola es el segundo jefe del Escuadrón 36 Esquel de Gendarmería. Aunque parezca mentira, minutos antes de que ocurra un hecho que originaría una crisis nacional, tuvo que comandar la represión y a los hombres de otros escuadrones que terminarían involucrados en la causa. Esto sucedió porque el máximo jefe a cargo, comandante Fabián Méndez, dejó el lugar durante dos horas “con fines concurrir al baño y poder captar señal de telefonía para informar el estado de situación”, acompañado por la gendarme Marianela Roldán.

Así lo relata Escola en su informe oficial al jefe de la Agrupacion XIV “Chubut” el 6 de agosto. Según este, a las 11:20 del 1° de agosto ordena proceder contra “10 o 12 encapuchados”. “Al no poder sostener la posición, se inicia una persecución hacia el interior del terreno ocupado traspasando la tranquera”. En el mismo informe, Escola afirma que “se escucharon gritos desde la otra orilla del río y del cauce del río insultando al personal, no se observó ninguna otra situación anómala, tampoco se logró aprehender a ningún manifestante, ni se observó alguna persona en el área donde estaban los efectivos”.

El comandante Méndez, a pesar de estar supuestamente en un baño o buscando señal a algunos kilómetros del lugar, también se animó a hacer concluyentes afirmaciones. En su relato, que figura en la causa de desaparición forzada, señala que intentaron “proceder a su identificación, lo que no fue posible ya que los encapuchados (todos), cruzaron el Río Chubut, distante a unos doscientos (200) mts de la RN 40 km 1848, no habiendo podido estar siquiera a distancia de poder reducir a alguno de ellos”.

El jefe “E” siguió sosteniendo la versión de que Gendarmería estuvo lejos, muy lejos, del río y los manifestantes. En una entrevista al diario Clarín el 4 de septiembre, aseguró: “Nunca estuvimos a menos de 40 metros”. Según agrega el cronista, Escola contó que “los militantes indígenas bajaron por un pronunciado declive que conduce al río. Dice que no sabe si los que escapaban cruzaron el río Chubut, pero que él decidió que era peligroso para su gente seguirlos en ese sector escarpado y barroso. ’Quedamos a varios metros de la costa del río. No alcanzamos el río. Ordené el repliegue hasta la zona de la casilla, en la entrada del predio’”.

Además, hace otra afirmación precisa. “Las dos Ranger y el Eurocargo nunca se movieron de la casilla. No podían descender hasta el río porque la depresión es muy abrupta. Tampoco tenía sentido que los hombres bajaran a pie hasta allí”.

O sea: según los jefes de Gendarmería, ningún efectivo estuvo siquiera cerca de los manifestantes y los móviles nunca se movieron de la casilla de guardia.

El sospechoso relato del gendarme “E”

El caso del subalferez Emmanuel Echazú es uno de los más conocidos. Es el hombre que sube del río con el rostro herido, cargando una escopeta Batan 12.70. Pero no por conocido deja de ser uno de los más confusos y contradictorios.

Echazú se convirtió, en el relato de sus jefes y subalternos, en la excusa para ingresar a la Pu Lof. Ya habiendo cesado el delito de corte de ruta, una supuesta herida al subalferez fue la causa utilizada para continuar la represión adentro de la comunidad mapuche, utilizando la figura de “flagrancia” recomendada días antes por el viceministro Pablo Noceti.

Pero de lo que Clarín y Gendarmería dan por hecho, lo cierto es que no hay ninguna prueba ni imagen. De todas las fotos tomadas por Gendarmería, no hay una que pueda confirmar que Echazú fue herido antes del ingreso. Incluso hay fotos del otro herido, el sargento Yañez, a poco del ingreso a territorio mapuche. Según el relato de Echazú ante funcionarios de la Dirección de Seguimiento de Violencia Institucional “vuelvo hacia atrás para recibir asistencia médica, como no sentí que me podía desmayar, vuelvo en dirección a la tranquera”. Así ingresa, supuestamente, a la Lof.

Cuando es entrevistado el 16 de agosto por Daniel Barberis, el funcionario de esa dirección, Echazú ya tenía armado su relato.

¿Con qué intención va hasta ese lugar? “La intención, en principio, era aprehender a los agresores”. ¿Cómo lo iba a hacer, con sus manos? “Sí” ¿A qué distancia estuvo de los agresores? “Lo más cerca que estuve fue antes de ingresar a la tranquera, a 50 metros. Una vez en el río, no ví a ninguno”. ¿Qué otro personal estaba cerca suyo? “Eh…no me acuerdo. El cabo Zoilán, el resto más alejados”. ¿Ya estaban del otro lado los manifestantes? “Creería que estaban en el interior del río o del otro lado”.

O sea, según su relato, el gendarme “E” recibe un piedrazo “brutal”, que sería el motivo de la invasión a tierra mapuche, pero aun así corre hasta el río. Allí estaban sus compañeros y los manifestantes que cruzaron o intentaban cruzar el río. Sin embargo, el gendarme “E” asegura no haber visto nada de lo que -ya veremos- afirman sus compañeros.

Es sospechoso que se ubique tan lejos de los manifestantes, “50 metros lo más cerca, afuera del predio”. Tan sospechoso como que, con esa “brutal” herida se haya quedado redactando el acta de procedimiento, habiendo otros suboficiales con el mismo rango que él para hacerlo. O que, en esa situación, haya regresado a su escuadrón un día después. El 2 de agosto a las 5:30 h en el Unimog U400, dominio KGS799.

Una herida, una foto y una sonrisa

La “brutal” herida también genera muchas dudas. Hasta el “ala moderada” del diario Clarín aseguraba por eso días que, aunque Gendarmería habla de un piedrazo, “sin embargo, las imágenes dejan ver una herida al costado de su ojo derecho, la lesión en el pómulo –donde se generó la fractura—, por la que cae un hilo de sangre, una lesión en la mejilla, acompañada de una notoria erosión en la piel similar a un raspón, una rasgadura o arañazo en el mentón y finalmente una marca roja en su cuello que se extiende hacia atrás” (Clarín, 27/9).

Según el mismo medio, al finalizar el operativo se produce un diálogo también sugestivo.

  •  ¿Qué te pasó?, le consultó Cardozo
  •  No sé qué me pasó, habría sido la respuesta del subalférez.

    El hombre no sabía, pero “el piedrazo en la ruta” se transformaría luego en el eje del relato oficial que repetirían desde el primer comandante al último cabo.

    Las dudas sobre esas lesiones generaron una presentación de una de las querellas ante la Justicia federal, en los primeros días de octubre. Gendarmería decidió presentar entonces “espontáneamente” a Echazú en la causa de “desaparición forzada”, quedando entonces en carácter de imputado. Esa figura le permitió después, entre otras cosas, acceder al expediente y a la autopsia del cuerpo de Santiago.

    Mientras lo curan, Echazú sonríe. ¿Por qué y de qué se sonríe Echazú? ¿Por qué se saca fotos después del procedimiento, como en un “parte de guerra”?

    Sus compañeros contradicen al comandante “E” y el gendarme “E”

    Sin embargo, los relatos armados minuciosamente por Gendarmería están llenos de agujeros y contradicciones.

    Daniel Gómez es integrante del Escuadrón 35 de El Bolsón, jefe del Grupo Especializado en Alta Montaña y jefe de la Sección Núcleo. Como continuaba en la jerarquía a Méndez y Escola, Gómez jugaría un importante rol en el operativo del 1° de agosto, y en la preparación de los testimonios y respuestas de los hombres de la fuerza. “Todos hicimos lo mismo, todo vimos lo mismo” será uno de sus lemas.

    Sería además uno de los que recibía los informes de espionaje a la familia mientras armaba la cronología oficial de Gendarmería, y se jactaba de haber estado “en Leleque cuatro días garroteando indios”. Y autor de la frase “ahí entonces nos metemos en el terreno y les damos corchazos para que tengan”.

    El 4 de agosto, Gómez tiene una conversación telefónica que consta en la causa, con su superior Pablo Badie, jefe de la Agrupación Chubut de la fuerza. Ante las preguntas de su jefe si hay “algo interesante” para tirarle al juez, Gómez asegura “yo me quedé en la costa del río hasta último momento, fui uno de los últimos que se replegó. Y vi a varios de esos manifestantes. Nunca vi un tipo flotando. Sí vi a los manifestantes que estaban del otro lado. ¿Con quién estuve? Yo estuve con Vera, Fortunato, creo que Vázquez, en un momento Echazú, Pelozo, que son gente mía y estuve con ellos allá abajo. ¿Si algún manifestante fue herido cruzando el río? Pero mi comandante, que esa versión es medio trucha. En la costa del río había muchos árboles, salvo que el milico haya tenido una puntería de los dioses para pegarle en la cabeza. Que los chicos ejecutaron disparos, ejecutaron disparos, pero ni las postas de goma le pegaron que eran un montón le pegaron, justo le va a pegar una piedra”.

    O sea: Gómez estuvo junto a Echazú y otros gendarmes a la vera del río; sus hombres ejecutaron disparos a quienes cruzaban el río, aunque él niega que hayan impactado.

    Hay más. En una entrevista con el funcionario Barberis el 16 de agosto, que consta en la causa, Gómez relata: “Cuando llego a la costa escucho un compañero que dice “tengo uno, veo un, acá hay uno”, cuando llego busco que lo tenía agarrado y no lo veo. Le pregunto dónde y me levanta el dedo y lo veo en la última línea de sauces que estaba cruzando el río. Entonces ahí le pregunto y lo veo al manifestante 7 u 8 metros más adelante. El manifestante estaba en el río, el agua le llegaba a la cintura. Cuando veo al manifestante sobrepasando los sauces, veo a un compañero que estaba al lado de Pelozo, que era Vera, se quería sacar la campera y meter al río a buscarlo”.

    Según Gómez, finalmente no lo hizo. Pero como afirma allí, junto a Vera, Pelozo, Echazú y otros gendarmes, tenían a algunos de los manifestantes a pocos metros.

    El sargento Pelozo, parte del grupo de avanzada, responde ante el mismo funcionario el mismo día que “cuando llego a la costa visualizo a uno a 4 o 5 metros”. Cada vez más cerca.

    Lucio Buch que conducía el Eurocargo, también declara ante la Dirección de Seguimiento de Violencia Institucional. “Crucé las vías y paré cerca de la pendiente. Estaba la pendiente hacia el río. (…) Había compañeros dispersos a la orilla de la vegetación que estaba sobre el río. (…) En un momento me ordenan dar vuelta el camión, que estaba mirando hacia el río”. El Eurocargo sale en muchas de las fotos, en una de ellas con una importante mancha de agua en su lona que habría que explicar.

    En otras declaraciones, Darío Zoilán reconoció que realizó disparos y Neri Robledo que arrojó piedras en esos momentos.

    Responsables

    Rebobinemos. Escola y Echazú no dijeron la verdad en sus testimonios. Los gendarmes bajaron al río siguiendo de cerca a los manifestantes. Entre ellos estaba Echazú. Los gendarmes, según lo que está dispuesto a reconocer Gómez, estuvieron a “7 u 8 metros” de algunos de ellos. Incluso según Pelozo, que gritó “acá tengo uno”, mucho más cerca. Hablaban de uno de los manifestantes que empezaba a avanzar por el río.

    Todas estas declaraciones fueron realizadas 20 días antes de la contradictoria entrevista al comandante “E”, Juan Pablo Escola.

    ¿Quién miente? ¿El comandante del escuadrón? ¿El jefe que se fue al baño momentos antes de iniciar la represión? ¿El gendarme de mayor rango que quedó en el lugar de los hechos? ¿El subalterno que resultó sospechosamente herido en los hechos?

    ¿O todos?

    Santiago Maldonado desapareció en una represión comandada por esos hombres. Los que lo persiguieron “a corchazos para que tenga”, los que lo tenían a 7 u 8 metros (y él era solo y ellos muchos), los que se quedaron 18 horas más dentro y luego rodeando la Pu Lof (y después varios días). Los que se contradijeron, pero el Gobierno les dijo “estamos todos en la misma” y el juez y la fiscal no le repreguntaron nada.

    Santiago desapareció 79 días perseguido por ellos, luego apareció muerto. Gendarmería es responsable. El Estado es responsable.








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