Política

INVESTIGACIÓN

Caso Maldonado: de cómo los hombres de Bullrich ocultaron testimonios de gendarmes y ayudaron a armar su relato

Mientras se esperan resultados de la autopsia, vale repasar algunas cosas que aún no quedan claras de la participación de Gendarmería y cómo los hombres de Patricia Bullrich se instalaron en escuadrones, juzgados y fiscalías para ayudar a armar el relato de la negación y el encubrimiento. Entre ellas, algunos detalles de las “entrevistas” realizadas entre el 10 y el 16 de agosto en el escuadrón 35 de El Bolsón: ¿por qué el alferéz Gómez no quiso responder la pregunta “¿Se realizaron detenciones?”? ¿Por qué tantas contradicciones en la distancia a la que tuvieron a los manifestantes? ¿Por qué los funcionarios del Ministerio de Seguridad no presentaron la totalidad de las respuestas en el expediente?

Domingo 19 de noviembre | 03:35

La Izquierda Diario compila algunos de los audios que muestran algunas de las "inconsistencias". Testimonios que se dicen y desdicen, funcionarios que colaboran más de lo que interrogan, un juez que ¿no se da cuenta? y no repregunta. Un oficial que dice que los tuvieron a 7 u 8 metros, pero luego con los funcionarios del Ministerio de Seguridad acuerda que estuvieron a menos de 50 o 60. Otro que dice que cargaban cartuchos PG (plomo) y luego se desdice. El primer efectivo que llegó al río reconoce que tuvo a un manifestante a 4 o 5 metros, aunque días antes había escrito que no lo tuvo a menos de 40. El funcionario Barberis y la arenga: “estamos todos en el mismo barco”.

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Pasados los primeros días de agosto, ante el escándalo político que empezaba a generar la desaparición de Santiago Maldonado, la Gendarmería y el Ministerio de Seguridad empezaban a acusar recibo. Además de las reuniones secretas de las que (quizás) nunca podremos dar cuenta, comienzan una serie de “procedimientos administrativos” para intentar dar una explicación de lo que sucedió aquel mediodía. O al menos empezar a armar un relato.

Entre ellos, se suceden una serie de entrevistas por parte de funcionarios del Gobierno nacional. El 10 de agosto, según consta en la causa, se realizan los primeros informes luego presentados por el licenciado en psicología social Daniel Barberis.

Barberis es un funcionario allegado al hombre de confianza de Bullrich, Gonzalo Cané, y al día de hoy revista como titular de la Dirección de Seguimiento de Violencia Institucional y Delitos de Interés Federal.

Según consta en el expediente por desaparición forzada (foja 1002), Barberis junto al abogado Valentín Anselmino y el Inspector de la Policía Federal Hernán Neil, se apersonaron aquel día en el Escuadrón 35 de El Bolsón. De allí son, recordemos, 47 de los 50 efectivos que ingresaron a la Lof de Cushamen comandados por Juan Pablo Escola.

“Allí se procedió a entrevistar 34 efectivos de los que participaron en los hechos del 01 de Agosto, en el desalojo de la Ruta Nacional N° 40”, según explica el informe posterior. “Dichas declaraciones se realizaron mediante formularios contestados de puño y letra y firmado por cada uno de los efectivos entrevistados. Tras lo cual el Doctor Barberis entrevistó personalmente a los primeros 9 del listado mencionado, en forma separada e individualmente, en razón de algunas inconsistencias y el rol de las funciones que desempeñaron en dicho operativo”.

Prestemos esta vez atención a algunos detalles de la “investigación” de Barberis.

En su introducción del informe, el psicólogo social asegura que “respecto a Gómez, a la falta de respuesta de la pregunta 7, de si se habían realizado detenciones, no la contestó, y ante esta omisión, se lo convocó y manifestó cierta confusión de la narración de la pregunta. Una vez aclarado, escribió de su puño y letra “NO HUBO DETENIDOS”.

Uno no puede evitar preguntarse. ¿Qué puede tener de confuso la pregunta “¿se realizaron detenciones?”? Recordemos que Daniel Gómez, alférez primero, es quien le informa al comandante Juan Pablo Badie “acá le estoy haciendo el informe a varios compañeros, vio, que son poco lentos para redactar”. Es el hombre de mayor rango que queda en el operativo, luego de que los comandantes “se borraran” – cuestión que aún nadie pudo explicar – del hecho que conmocionaría luego a todo un país.

Tampoco uno puede evitar preguntarse por qué el psicólogo social en su informe no da detalles del motivo de esa confusión, ni de las explicaciones de Gómez y cuál fue “la aclaración”. Y por qué ese empeño, aunque el informe de Gómez está todo en minúscula, en subrayar y poner en mayúscula “NO HUBO DETENIDOS”. Faltaba ponerle signos de admiración.

Ese podría ser un detalle menor, es cierto. Una duda que podría evacuarse simplemente leyendo esa parte de los informes “de puño y letra”. Sin embargo, los informes de los 9 gendarmes que fueron entrevistados personalmente “en razón de algunas inconsistencias y el rol de las funciones que desempeñaron en dicho operativo”, no están incorporados completos al expediente junto a los de sus compañeros. Estamos hablando, casualmente, de Gómez; pero también de los escopeteros Yucra y Peloso, o del chofer del Eurocargo Lucio Butch, que llegaron a la vera del río.

Los otros 25 gendarmes tienen sus respuestas completas, incluidas las preguntas más importantes, como la 6: “Detalle cómo se desarrolló el operativo y su participación en el mismo”.

Pero de los efectivos que tuvieron “algunas inconsistencias” o un determinado “rol” en el operativo, figura solo la primera parte de las entrevistas, incorporadas entre las fojas 1004 y 1008. Las otras no fueron presentadas en el informe incluido en el expediente. Pregunta inevitable: ¿por qué las ocultaron Barberis y Cané?

Armando el relato

Aunque no tuvieran un valor probatorio en ese momento, el juez Guido Otranto no pareció darle importancia a las “inconsistencias” en los relatos de los gendarmes cuando les tomó declaración testimonial en el Juzgado Federal de Esquel, entre el 13 y 16 de septiembre. A pesar de que, cuando estas ocurrieron, les había dado más de un mes y medio para que el psicólogo social Barberis, el abogado Cané y los comandantes de Gendarmería fueran puliendo el relato de sus hombres.

Esa maquinaria se había puesto en marcha desde la misma tarde del 1° de agosto. Y continuó. La Izquierda Diario ya difundió el diálogo que tuvo el alferéz Gómez con el comandante mayor Pablo Badie el 9 de agosto, a apenas pasado el mediodía. Badie le aclara que lo está llamando en presencia de “los abogados del Director”.

  •  Badie: Gómez, yo te quería hacer una pregunta en confianza nomás. ¿Quién es el que puede decir algo que sea interesante de lo que pasó?
  •  Gómez: ¿Interesante en qué sentido mi comandante?
  •  Badie: Y…que aporte algo que sea distinto a lo que ya conocemos.
  •  Gómez: No, y nadie comandante, porque todos hicimos lo mismo y vimos lo mismo, yo acá le estoy haciendo el informe a varios compañeros, vio, que son poco lentos para redactar. Pero básicamente vimos todo lo mismo.

    “Hicimos todos lo mismo, vimos todo lo mismo”. Lo deberíamos llamar… ¿un pacto de silencio?

    Uno se sigue preguntando: ¿Badie y “los abogados del Director” estaban preparando también el relato, el día previo a las entrevistas? ¿Cuándo dice “le estoy armando el informe a varios compañeros” qué validez pueden tener los hechos reales?

    Metros y metros de “inconsistencias”

    El psicólogo social Barberis sabía que era un trabajo arduo; no era cuestión de armar el relato oficial en un par de “sesiones”. Por eso, le dio tiempo a Emmanuel Echazú, entre otros, de responder el interrogatorio una semana después, el 16 de agosto. Se ve que no tenía tanto apuro en resolver un evidente problema de “Violencia Institucional”, aunque en ese momento había una persona desaparecida.

    Ese mismo día, en horas de la siesta, volvió a entrevistar a Gómez y a otros gendarmes, en el escuadrón 36 de Esquel.

    En la entrevista oral, que consta en la causa, Gómez relata: “Cuando llego a la costa escucho un compañero que dice ‘tengo uno, veo uno, acá hay uno’. Cuando llego busco que lo tenía agarrado y no lo veo. Le pregunto dónde y me levanta el dedo y lo veo en la última línea de sauces que estaba cruzando el río. Entonces ahí le pregunto y lo veo al manifestante 7 u 8 metros más adelante. El manifestante estaba en el río, el agua le llegaba a la cintura. Cuando veo al manifestante sobrepasando los sauces, veo a un compañero que estaba al lado de Peloso, que era Vera, se quería sacar la campera y meter al río a buscarlo”.

    Según Gómez, finalmente no lo hizo, pero deja claro que un grupo de gendarmes tenían a algunos de los manifestantes a pocos metros.

    El sargento Peloso responde ante el psicólogo social, ese mismo día que “cuando llego a la costa visualizo a uno a 4 o 5 metros”. Lo tenían cada vez más cerca. Se podría decir que al alcance de la mano.

    Pero si rebobinamos, Peloso había sido uno de los “nueve inconsistentes”. Volvamos al informe del psicólogo social de Bullrich: “Por último, se puso atención en Peloso (N° 9), por ser el escopetero más cercano al alambrado y la tranquera de entrada al lote. A lo que manifestó que, luego del primer disparo, se le trabó la escopeta Batan (…) que según sus dichos fueron utilizados para dispersión y repliegue de los manifestantes, de quienes nunca estuvieron a menor distancia de los 40 metros aproximadamente”.

    O sea que, si le creemos al psicólogo social que nos privó de la respuesta “de puño y letra” de los inconsistentes, estuvo a 40 metros. Pero una semana después en una entrevista con el mismo psicólogo social, estuvo a 4 o 5. Como un 1000 % de diferencia. Y eso que es escopetero…

    Ya que estamos en ese punto, otro de los gendarmes entrevistados en el primer turno fue el sargento Ramón Vera. El hombre que según el oficial Gómez estaba a “7 u 8 metros” de un manifestante y se estaba sacando la campera para entrar al agua. Sin embargo, a foja 1016, Vera responde a la pregunta clave: “Siempre se tuvo una distancia de aproximadamente a 50/70 metros por lo que no se tuvo contacto con los ciudadanos”. 70 metros…7 metros. ¿Barberis lo podría haber pasado a la lista de “inconsistentes”, no? Se le habrá pasado.

    Días más tarde, Vera es convocado a una entrevista que es grabada por los funcionarios. Allí se da otro diálogo con más “inconsistencias”.

  •  Barberis: ¿Qué armas llevaron el primero de agosto?
  •  Vera: escopetas viejas, que estaban dadas de baja supuestamente.
  •  Barberis: no estaban de baja porque estaban ahí.
  •  Vera: estaban ahí, sí.
  •  Barberis: ¿y con qué tipo de munición?
  •  Vera: PG, Propósito General…
  •  Barberis: Ajá...

    En ese momento en el audio se produce un silencio.

  •  Vera: No, perdón, anti tumulto AT.

    Al ser un audio no se puede saber qué sucedió durante ese silencio, que lleva a Vera a corregir su declaración. Los cartuchos PG llevan balas de plomo, los AT de goma. Hay una pequeña diferencia. Además, ¿el argumento de que las escopetas eran “viejas” serviría para justificar el relato de que “se trabaron” a la vera del río, como señalarían varios efectivos en sus testimonios?

    60 metros, 50, 8, 7, 5, 4... Metros y metros de “inconsistencias” sobre lo que lo que vieron e hicieron ese mediodía.

    Sin embargo, Daniel Barberis terminará su "ciclo de entrevistas" con una grupal, con varios de los gendarmes que llegaron al río. Allí cerrará su intervención con una "conclusión" que también tiene su inconsistencia: "Yo voy a poner esto: que hay una coincidencia en las declaraciones de ustedes 4 acerca de: primero, todos tapados (...) segundo, que el lugar más cercano fue entre 50 y 60 metros".

    ***

    “Ahora le están pidiendo la cabeza del presidente (Mauricio Macri). En este barco estamos juntos, ¿está claro? La figura de desaparición forzada no es la carátula de la causa, es lo que estos organismos quieren que sea. Si ellos lograran ese cambio, estaríamos investigando el primer desaparecido de este Gobierno y la fuerza que lo ejecuta es Gendarmería. Por eso yo estoy acá. Habitualmente, todas estas cosas, cuando hay un uso irracional de la fuerza o violencia institucional, no vengo yo a todos los casos que tenemos. Vengo a este, ¿se entiende?”.

    El que habla es otra vez el hombre de Patricia Bullrich, Daniel Barberis, en otro tramo de aquella entrevista "grupal". La construcción del relato de los hombres que estuvieron en la cacería incluía, como se puede esperar del PRO, charlas motivacionales. “En este barco estamos juntos”, una frase por lo menos sugestiva de quien debería investigar la violencia institucional, justo delante de los hombres sospechados de ese delito.

    Los “procedimientos administrativos” e “investigaciones internas” continuaron todo el mes de agosto y principios de septiembre; seguiremos hablando de ellos. Quizás fue el momento en que el psicólogo social Barberis y el abogado Cané estuvieron convencidos que era el momento de que sus hombres declaren. O quizás porque aquellos días la declaración de un testigo mapuche había situado a sus hombres en la vera del río, encima de uno de los manifestantes.

    Por lo pronto, permiten sacar algunas conclusiones:

    Que desde los primeros días de agosto, junto a los mensajes de Pablo Nocetti avisando de los allanamientos a los escuadrones, se realizaban estas entrevistas que complementaban el “manual de la negación y el encubrimiento” que suelen utilizar las fuerzas de seguridad en los crímenes de Estado.

    Que el juez Guido Otranto no solo dejó pasar un valioso tiempo para tomar indagatoria a los gendarmes que participaron de la represión. Además, cuando fue su turno, no profundizó en las "inconsistencias" que se podían ver apenas leyendo el expediente.

    Que los gendarmes, junto a los funcionarios y sus superiores, fueron sellando un pacto de silencio. Pero eso no quita que de sus respuestas e informes surjan contradicciones que obligan a pensar que están ocultando lo que realmente pasó entre las 11:30 y las 12 del 1° de agosto de 2017 en la vera del río Chubut. No hace falta ser psicólogo social para darse cuenta…

    Que, como dice la familia de Santiago, "pese a la cuestionable actuación de funcionarios de alto rango del Ministerio de Seguridad de la Nación, siguen a cargo de la investigación únicamente fuerzas de seguridad dependientes de dicha institución". Por eso "volvimos a pedir que se garantice una investigación exhaustiva, efectiva, imparcial e independiente. La audiencia fijada para el día 24 de noviembre debe ser el comienzo de la investigación y no el final".








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