Política

TESTIMONIOS INÉDITOS

Caso Maldonado: “Ellos disparaban, los chicos tiraban piedras”

El detallado relato de testigos clave que escuchó Gustavo Lleral cuando visitó la Pu Lof de Cushamen días antes del hallazgo del cuerpo de Santiago. La desaparición, la mochila y la violencia de Gendarmería.

Jueves 23 de noviembre de 2017 | 08:44

No son los personajes de una película, aunque la trama es atrapante como si dirigiera Alfred Hitchcock. Un cambio de juez podría implicar que la saga continúa con un guionista nuevo, que en los primeros capítulos trató de marcar su impronta y estilo. Sin embargo, son personas que viven en sus tierras ancestrales y están en constante lucha tras haberlas recuperado de manos de los terratenientes extranjeros.

A pesar del miedo, basado en el hecho concreto de que están perseguidos y criminalizados, varios de los integrantes de la comunidad mapuche en Resistencia de Cushamen declararon ante la justicia. Y más de una vez.

Es el caso de Ailin Co Pilquiman, quien junto a su madre Claudina habían llevado al “Brujo” Maldonado a la Lof el 31 cerca de mediodía, y adonde ella misma acudió ese día un poco más tarde. Y a pesar de la violencia que sufrieron durante el allanamiento del 18 de septiembre, otros se animaron a hablar por primera vez ante el nuevo magistrado.

Nicolás Hernández relató que permaneció retenido sobre la ruta el 1 de agosto, junto a Soraya Maicoño y Neri Garay cuando iban a buscar ayuda a Esquel. En un momento, durante esas seis horas, vio entre los elementos secuestrados por Gendarmería en la Lof la mochila negra con líneas verdes que usaba Santiago, con quien había estado el día previo.

Ambos, Ailin Co y Nicolás, conversaron con el juez federal Gustavo Lleral el 4 de octubre en la casilla de guardia de la comunidad. En un momento de la charla, Pilquiman se levantó y lo guió por los lugares sobre los que estaba hablando, una suerte de reconstrucción. Nueve días más tarde, Lleral ordenaba el operativo que dio con el cuerpo sin vida del joven mochilero.

La familia Maldonado enuncia su descreimiento respecto del accionar del Poder Judicial en la investigación por la desaparición y muerte de Santiago, y a la espera de los resultados de la autopsia que dará la junta médica este viernes 24 sigue repeliendo una a una las operaciones mediáticas.

En ese contexto, en una mirada retrospectiva, se destacan estos relatos que se siguen sosteniendo en el tiempo y forman una descripción de los hechos que, lejos de entrar en contradicciones como sí ocurre con los fuerzas de seguridad que declararon, se complementan con los demás que ya declararon en el expediente.

Las dos testimoniales que tomó el juez Lleral en territorio mapuche, cuando los visitó el 4 de octubre, son aún más detalladas y evidencian la disposición a colaborar de estos testigos, tan vapuleados, cuando pueden hablar en un ámbito diferente al de un despacho de Tribunales, donde en general acuden como acusados de delitos que no cometieron.

“Sabíamos que se lo había llevado Gendarmería”

Ailin Co describe cómo era y se vestía Santiago. Pero sobre todo es muy precisa al mencionar los movimientos de los gendarmes y vehículos el día de la represión. Y dice que “el nylon negro” arriba de las camionetas era el que ellos usan para cubrir las carpas cuando llueve. Indica en cuál camioneta estaba el gendarme herido, Emmanuel Echazú, y recuerda que aquella noche cuando fueron a preguntar por Santiago al escuadrón de Gendarmería de Esquel les dijeron que “ya había recibido una llamada por una persona detenida, pero que allí no tenían a nadie, que quienes habían actuado fueron los del escuadrón de El Bolsón”.

A las cinco de la mañana Ailin Co llamó a la gente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) para explicarles la situación y le dijeron que presentarían un habeas corpus. “Ahí ya no lo buscamos más, ya sabíamos que se lo había llevado Gendarmería”, relató ante el juez Lleral.

Esa escena es aún más detallada en el testimonio de su mamá, Claudina, quien refirió el nerviosismo de los gendarmes cuando las atendieron en el escuadrón de El Bolsón. “Fueron los de Esquel”, les dijeron y ellas replicaron que allá les habían dicho que intervinieron ellos. “Bueno a ver, espere”, les respondieron. Ante el tercer gendarme que apareció ellas se miraron y Claudina dijo “ya está, ellos lo tienen y no nos van a dar ningún dato”. La respuesta del uniformado fue: “No, no por favor, nosotros no podemos esconder a un detenido”.

En agosto, ante los fiscales de la Procuración de Violencia Institucional (Procuvin), Claudina Pilquiman había dicho que cuando salieron “fue reangustiante, porque sabíamos que ellos lo tenían ahí, nos dio la certeza por tanta dudas que ellos tenían”. La mujer es también quien describió que la mochila de Santiago era negra con rayas verdes, no muy grande. Una de similares característica vio Nicolás Hernández cuando Gendarmería les mostró en la ruta lo que habían secuestrado en la Pu Lof.

La mañana del 4 de octubre lloviznaba. Era la tercera vez que el juez Lleral se acercaba a la Lof. Ya habían acordado que tomaría declaración testimonial y la charla comenzó al tiempo que compartía unos mates. Lleral les anticipó su intención de realizar un nuevo rastrillaje y de interrogar a todos los que pudieran aportar información. Cuando los miembros de la comunidad le dijeron que no estaban dadas las “garantías suficientes” para el resguardo de su integridad física, sobre todo luego del brutal operativo del 18 de septiembre en el cual el ex juez de la causa Guido Otranto mantuvo a dos de los testigos en el piso durante doce horas con las manos precintadas, Lleral dijo que “él tampoco las tenía”.

Al día siguiente, una vocera de la comunidad acudió al juzgado para decirle que había sido una frase desafortunada y, si se quiere, contradictoria respecto de la intención de generar confianza para que todos declaren. De hecho, el juez interrogó por tercera vez a Pilquiman, quien ya había aportado su relato a la fiscal Silvina Ávila y a los abogados peticionantes ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y sólo obtuvo como novedad el testimonio de Nicolás Hernández. Este joven mapuche había acudido al juzgado aquel 18 de septiembre, junto con Pilquiman, pero el juez Otranto levantó la audiencia para encabezar el operativo Rambo en la Lof. Al atardecer cuando volvían a pie por el camino que llega al territorio, los policías del grupo GEOP casi los balean.

Soltera, desocupada, mapuche

“Sobre la ruta nacional 40, km 1.848, aproximadamente a 90 km de la ciudad de Esquel, en el denominado Puesto de guardia del Pu Lo en Resistencia, Cushamen, a los cuatro días del mes de octubre del año dos mil diecisiete, siendo las 10:45 horas se hace comparecer ante Su Señoría y Secretario actuante, una persona previamente citada a la que se ha convocado a prestar declaración testimonial. En este acto el compareciente presta formal juramento de decir la verdad de todo cuanto supiera y le fuera preguntado, respondiendo a la interpelación que se le formulara. (...) Yo llego el día 31 de julio a eso de las 20:00 hs al Pu Lof. Llego caminando porque personal policial estaban haciendo desvíos sobre la ruta en razón del corte que se estaba haciendo frente al Pu Lof. Yo llegué a dedo y luego caminando como 15 km con mi hijo y mi hermanito. Cuando llegué al Pu Lof ya no había nadie en la ruta, todos los de la comunidad estaban en el puesto de guardia. Recuerdo que estaba mi mamá, Santiago Maldonado, Matías Santana y Nicolás Hernández”.

El testimonio al que tuvo acceso La Izquierda Diario prosigue así: “La primera vez que vi a Santiago fue en el mes de abril, en un reclamo que se estaba haciendo en el Bolsón, era una toma del municipio por la ley de tierras. Esa vez que lo vi Santiago tenía la barba larga, las rastas y se vestía siempre igual, de negro. Se metía los pantalones dentro de las medias. Usaba borcegos y zapatillas. Alrededor de las 22:00 bajé a la casa grande del Pu Lof a descansar. Algunas personas quedaron en el puesto de guardia y otras también bajaron.

La joven mujer mapuche tiene un recuerdo preciso sobre los movimientos de la Gendarmería del día 1. “Al otro día, a la mañana tipo 10:30 subo con mi hijo al puesto de guardia. Quiero decir que sobre la ruta, en el cruce que va a Maitén había un colectivo de Gendarmería, un camioncito y dos camionetas de Gendarmería también. Alrededor de las 10:55 empieza a bajar personal de Gendarmería. Bajan todos desde el cruce donde estaban estacionados hacia la tranquera de ingreso por el medio de la calle, formados, y atrás de ellos una camioneta y el camioncito. A mitad de camino, la camioneta que venía detrás del personal formado, los sobrepasa queriendo tirarle el móvil a unos miembros de la comunidad que estaban sobre la ruta”.

Ailin Co Pilquiman agrega ante el juez lo que recuerda sobre Santiago: “En ese momento mi mamá y yo estábamos detrás de la guardia mirando hacia la ruta, el resto de la gente estaba más adelante, cerca del alambre, y los nenes, dentro de la guardia. Se produce un breve enfrentamiento entre la Gendarmería y aproximadamente 7 o 9 chicos de la comunidad que estaban encapuchados y se habían cambiado la ropa. Sé que entre ellos estaba Santiago. Cuando se produce el enfrentamiento, algunos gendarmes se querían meter pero el jefe les decía que se queden. Ellos disparaban y los chicos tiraban piedras”. Pilquiman se refiere a la autodefensa, que los pueblos ancestrales reivindican invocando los tratados internacionales que les reconocen tal derecho.

“En un momento, les dan la orden de ingresar y en ese momento yo corro hacia la guardia donde estaban mi hijo y mi hermanito y ahí es cuando veo a Santiago que viene corriendo hacia la guardia y toma su mochila que estaba afuera de la guardia, solo recuerdo que era negra. Recuerdo que cuando Santiago pasa por la guardia a buscar su mochila estaba encapuchado, pero lo pude reconocer igual a pesar de estar encapuchado. Luego de ello, Santiago empieza a correr en dirección al río en línea recta perpendicular a la ruta desde la guardia. Junto a él iban otros chicos, pero no puedo precisar cuántos, y atrás de ellos iban los gendarmes, y más atrás el camioncito de Gendarmería. Mientras veo lo que estaba pasando estuve siempre en la guardia, entonces llega un punto en que ya no los veo más porque a medida que uno se acerca al río, el terreno va bajando. Solo veía el camioncito”.

Ailin Co y su mamá se quedaron en la guardia, Claudina adentro con los nenes, ella afuera. “Viene un gendarme que me empuja e intenta entrar. Entra, y después de revisar todo, y al no ver a nadie más que mi mamá y los nenes, se va. Entonces salimos y ya pudimos ver que había como cuatro camionetas y un camioncito más. Eran todas blancas, y los camioncitos color verde. Los vehículos estaban estacionados de manera desordenada. Aparte del camioncito que estaba al fondo, cerca del río, pude ver a dos chicos a caballo que estaban de este lado del río, y estaban mirando hacia el río. En ese momento, cuando ingresa la Gendarmería, comienzan a caminar por todo el campo, eran alrededor de setenta, y encuentran mi carpa que estaba en el segundo poste que se ve mirando hacia el río después de la calle que cruza las vías. Puedo decir que sólo un camioncito y una camioneta cruzaron las vías, el resto se mantuvo del lado que da a la ruta”.

Nylon negro

El ensañamiento de los gendarmes tuvo quizás su punto culminante cuando arrojaron al fuego los juguetes de los niños ante su vista. La mamá de Ailin Co ya había contado que así terminó una ranita con la cual su nieto se dormía. En las fotos que circularon generó muchas especulaciones una bolsa de nylon negro ubicada en una de las camionetas, porque tenía aspecto de ser un envoltorio mortuorio. “Luego, una de las camionetas, de las que estaba de este lado va hacia donde estaban las carpas, allí cargaron todas las carpas y nuestras cosas, ropa, colchones, herramientas, y nylon negro que usamos para cubrir las carpas porque esos días había estado lloviendo. Luego, algunas de esas cosas las bajan a pocos metros de las vías del lado del río y las prenden fuego, y ahí van tirando y quemando las cosas que encuentran. Luego, esa camioneta sigue hacia la ruta con uno de los nylon negro, y sale por la tranquera pero no recuerdo en qué dirección siguió”.

Las mujeres y los niños estuvieron a partir de ese momento incomunicadas, según le dijeron los gendarmes. Ailin Co repasa una y otra vez los detalles ante el juez Lleral. “En relación a los chicos que vi correr hacia el río, no los vi más, solo a excepción de los dos que estaban a caballo de este lado. El día estaba un poco nublado, hacía frío y mucho viento, y del otro lado del río había neblina, por ejemplo, puedo decir que el cerro que está del otro lado del río no se veía. Esa vez que vi a Santiago corriendo hacia el río fue la última vez que lo vi. Después de eso quedamos incomunicadas y solo vimos el movimiento de las camionetas que llevaban cosas a quemar. Pasada una hora o una hora y media, la camioneta que salió, volvió a entrar con el nylon negro que no sé si era el mismo de antes, y lo tiraron al fuego, y la camioneta se quedó estacionada aquí cerca de la guardia. Sé que en esa camioneta estaba Echazú porque luego hizo el acta y dio su nombre, y otro gendarme pelado y alto, siempre ellos dos estuvieron dentro de la camioneta.

“Venga que le muestro”

En esta parte del testimonio, el relato pasa a boca del secretario del juez, Leonardo Barzini. “En este estado, la testigo para clarificar su relato, prefiere invitar a Su Señoría y al actuario a recorrer el lugar donde ella había observado lo que viene relatando. Se deja constancia que la testigo señala el lugar donde ella vio que personal de Gendarmería quemaba los efectos, que está situado cruzando las vías, a la izquierda mirando hacia el río, a la vera del camino; el lugar donde vio que se estacionó el camioncito de Gendarmería y el lugar donde vio que estaban los dos chicos a caballo. Esos lugares son precisamente cruzando las vías siguiendo el camino que ya está demarcado hasta una parte donde la testigo señala que el camioncito de Gendarmería habría ingresado hacia el río hasta un lugar donde se observa en el terreno una depresión como un barranco y es allí donde habría estacionado. Ese lugar sería pasando el primer poste que está a la vera del camino.

Luego de ello, descendemos por el barranco y la testigo, que camina delante, indica el lugar donde, en el primer rastrillaje realizado en la zona, los perros habrían marcado hasta donde llegaba el olor, llegando hasta la rivera del río, que hoy se muestra más caudaloso desde ya hace una semana, según los dichos de la testigo, debido a los deshielos y lluvias”.

“Falta uno”

Luego del allanamiento se hizo un acta del procedimiento, la cual las mujeres de la comunidad se negaron a firmar, y entonces, siendo las 16:30 se retiró el personal de Gendarmería e ingresan las personas que estaban afuera, del otro lado de la tranquera amarilla de la Lof. “En ese momento, alrededor de las 17:00 por dichos de otra persona, me entero que a quien se habían llevado era al “Brujo” (Santiago). Nosotros en ese momento no sabíamos su nombre. Luego, a las 19:00 aproximadamente vino el doctor Machado para corroborar cómo estaban los niños. Cuando le dijimos que faltaba una persona, dijo que no podía hacer nada, pero que lo haría al otro día. Machado nos tomó una declaración”.

Alrededor de las 21:00 fueron con Claudina a Esquel y se encontraron con miembros de la APDH. “Fuimos al escuadrón de Gendarmería de Esquel y nos atiende quien estaba a cargo. Nos dice que ya habían recibido una llamada por una persona detenida pero que allí no tenían a nadie. Que quienes actuaron fueron los del escuadrón de El Bolsón. Alrededor de las 12 de la noche volvemos al campo. Los chicos que cruzaron el río estaban descansando”.

A esa hora el defensor oficial Fernando Machado estaba al tanto de todo porque lo llamó alguien de la comunidad que estaba afuera. Y accionó en consecuencia presentando la primera denuncia por la desaparición de Santiago. “Cuando volvemos a las 12, venía mi nene dormido, entonces lo paso a dejar a la casa grande de abajo, y estaban todos los chicos que habían cruzado el río durmiendo, pero uno de ellos nos cuenta a mi mamá y a mí, que a Santiago se lo había llevado Gendarmería. Entonces cuando subimos, subimos por toda la orilla del río gritando y buscándolo.

Habremos llegado como a la 1:00 arriba de nuevo y salimos, mi mamá y yo, hacia El Bolsón. Llegamos a El Bolsón, nos fuimos al escuadrón, y ahí nos atendieron tres gendarmes. Ellos nos dijeron que no tenían a nadie, que quienes participaron en el procedimiento fueron los del escuadrón de Esquel, que preguntemos allí. En ese momento, cuando salimos del escuadrón, llamé a la gente de la APDH, serían las 5 de la mañana ya del día 2 de agosto. Los llamé para explicarles la situación, y ellos dijeron que presentarían un hábeas corpus. Ahí ya no lo buscamos más, ya sabíamos que se lo había llevado Gendarmería. Creo que a las 07:00 am presentan el hábeas corpus”.

Ailin Co Pilquiman dice que a Santiago lo había visto dos o tres veces antes que acudiera al Pu Lof. “Sabía donde vivía, en la biblioteca del rio. Nunca fui a la casa a verlo a él. La primera vez que lo vi fue en el reclamo en el municipio, dos o tres veces en la feria de El Bolsón, y en la marcha del sábado 29 de julio de 2017 en Esquel. Ese día de la marcha Santiago estaba encapuchado El 31 fue la primera vez que Santiago vino al Pu Lof”.

La testigo agrega que Sergio Maldonado “vino acá por primera vez a la semana de lo que había pasado porque se comunicó con una de mis hermanas, y llegó hasta acá con su compañera. La primera vez que vino me parece que lo acompañó mi hermana. Esa vez le contamos lo que habíamos visto. Sé que hay otras personas que pueden saber lo que pasó”.

Tomando mate con Santiago

La referencia hasta ahora sobre Nicolás Hernández lo ubicaba detenido en la ruta el día de la represión. Pero en su declaración ante el juez dijo que había estado con Santiago el día previo. “Manifestó llamarse Nicolás Daniel Hernández Huala (...) todo empezó el día 31 de julio. Ese día a la mañana salimos desde El Bolsón con Santiago y con Claudina rumbo hacia el Pu Lof en la camioneta de Claudina. A Santiago lo pasamos a buscar por la plaza Pagano. Desde ahí vinimos al Pu Lof, creo que era la primera vez que venía Santiago. Llegamos y estuvimos tomando mate aquí en la guardia. Recuerdo que estábamos Claudina, Ailin Co, Santiago, yo y otras personas. Santiago tenía barba, era bastante grande la barba pero tipo chiva con las patillas medio rapadas y no tenía bigote. Una vez fui a visitarlo en la Biblioteca del Río en El Bolsón, fui atrás y estuve con él. Siempre anda igual, tiene barba, ojos claros, pelo rubio, es flaco, y más petiso que yo. Usa ropa ancha y siempre anda con el pantalón dentro de las medias. Tenía calzado negro y ropa oscura. Tenía una mochila, no recuerdo bien como era, pero sé que no era del tipo que usan los mochileros”
Nicolás también pasó la noche en territorio recuperado mapuche a la compañía Tierras del Sur, del magnate italiano Luciano Benetton. “A la noche él estaba acá con los demás encapuchados. Me fui a dormir a mi carpa que estaba por los pinos. A la madrugada, todavía estaba oscuro y empecé a escuchar disparos y me levanté a ver que era. Vi que había más de diez luces en la ruta y estaban despejando personal de Gendarmería. Estaban con reflectores. Luego pasó un rato y se fueron. Se quedaron en el cruce de la ruta que va a El Maitén. De ahí me fui a dormir a mi carpa que estaba del otro lado de la vía mirando hacia el río, a la altura de donde se ve una construcción que oficia de retrete”.

Antes de las 9, desde la guardia nueva, la que queda cerca de la tranquera amarilla, pudo ver como ingresaba personal de Gendarmería hacia el interior del campo por la guardia vieja, que queda justo en el campo a la altura del cruce de la ruta que va hacia El Maitén. “Después el personal de Gendarmería volvió a salir y se quedaron apostados en el cruce. En ese momento me sentía medio enfermo, tenía fiebre y frío, y recuerdo que habían venido Soraya y Nelly, ellas iban rumbo a Esquel, porque yo también tenía que ir a Esquel a ver un tema de una denuncia que yo había hecho contra la policía. En ese momento, conversamos, tomamos unos mates acá en la guardia nueva, ahí también estaba Santiago. Él estaba sentado con nosotros. Luego nos despedimos de él, y nos fuimos, las dos señoras y yo, hacia Esquel”.

Noceti y la mochila

Apenas salieron de la Lof se dieron cuenta que camino a Esquel los siguió una camioneta de Gendarmería blanca con letras verdes con baliza arriba que salió del cruce de la ruta que va a El Maitén. “Sé que sobre la ruta en el cruce había más vehículos de Gendarmería pero no podría precisar cuántos. En el cruce de la ruta que va a Leleque, donde está la comisaría de Leleque, el personal de Gendarmería estaba realizando un control sobre la ruta, y son ellos quienes nos hacen bajar la velocidad y detenernos a un costado del camino. Inmediatamente la camioneta que nos venía siguiendo, se detiene detrás del auto donde veníamos. En ese momento nos piden los datos del vehículo, que sé que era de la señora de nombre ’Nelly’, y nos piden que nos identifiquemos”.

Luego de ver los documentos, cuando detectan el de Nicolás los hacen descender del vehículo. “Revisan todo el auto y nos tienen ahí demorados. Habremos estado unos veinte minutos, cuando vemos que unos cinco vehículos que estaban estacionados allí salen rápido rumbo a la Pu Lof. Luego de ello, pasa aproximadamente una hora. Yo estaba descansando en el auto, cuando en un momento, una camioneta de Gendarmería estaciona al frente nuestro y empiezan a bajar cosas. Ahí Soraya me pregunta si las reconozco y yo logro reconocer dos hachas, una mochila negra que la había visto en la Pu Lof, y había otra mochila negra, chica con líneas verdes y, una tercera mochila color marrón claro. También veo una batería de auto, y vi que bajan otras cosas pero no las pude ver bien. Me di cuenta que eran cosas que teníamos en la Pu Lof”. En el acta que hicieron los gendarmes sólo consignaron haber secuestrado dos mochilas.

“Las camionetas eran blancas y con la inscripción de Gendarmería en color verde, y con una baliza en el techo. En el frente, algunas de ellas, tenían un malacate. Luego de un rato, Soraya me indica un hombre que estaba parado sobre la ruta hablando con personal de Gendarmería, y me pregunta si no era (Pablo) Noceti. Yo le dije que no sabía quién era. Yo sigo durmiendo en el auto y ella se baja”.

La lucha de los pueblos

La confección del acta insumió tres horas. “Ahí estuvimos en el cruce afuera de la ruta. Luego, cuando termina el acta, tanto nosotros, como los que habían agarrado de testigos e incluso los gendarmes, todos nos queríamos ir, porque estábamos cansados y hacía frío y viento. Cuando se nos liberó volvemos hacia el campo para ver que pasó, por todo el movimiento que había. Cuando volvemos al campo, yo todavía seguía con un estado gripal, con frío, habrá sido después de las 16 o 17, ya no había personal de Gendarmería, si había otra gente dentro del campo, entre ellos Claudina, Ailin Co, y otra gente que no conozco. Cuando llego me dijeron que habían quemado las cosas, estaban bastante tristes. Todavía estaban las cosas prendidas fuego y salía humo. Ahí me cuentan que habían quemado mi carpa y la de alguien más, colchones, frazadas, material de construcción que había en el lugar, chapas, muebles, sillas, y que se habían llevado todas las herramientas. Se llevaron cuchillos, un machete, una motosierra. También rompieron una carpa que estaba cerca del río, y tiraron cosas al río, una mesita, y algunas cosas las rompieron. También se llevaron algunos libros”. Las pertenencias de los mapuches nunca fueron devueltas, y el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) fue una de las organizaciones que colaboró para reponerlas.

“Hasta ese momento no se sabía bien si Santiago había desaparecido o no. Pero sí se sabía que faltaba un compañero. Luego, se reúnen todos aquí en la Pu Lof. Viene Machado y le toma declaración a Claudina por el tema de los niños que estaban medio mal. En ese momento, Claudina le dice a Machado que faltaba una persona que nosotros conocíamos como ’El Brujo’. Yo no sabía su nombre, lo conocía como ’El Brujo’ o ’Brujito’. Después fui hacia Esquel. Todavía no aparecía, sé que llamaron a escuadrones o policía a ver si aparecía. Sé que Matías Santana pudo ver más cosas. Claudina también vio como entró Gendarmería al lugar”.

Al igual que Ailin Co, Hernández le dijo al juez Lleral que Sergio, el hermano de Santiago, conversó con la gente del Pu Lof. “Estaba preocupado por su hermano. Nosotros le dijimos lo que sabíamos. La vez que lo vi en su casa a Santiago fue la primera vez que lo vi. Sé que hacía Hip Hop, le gustaba ese género de música. Siempre conversábamos de la lucha de los pueblos, y él dijo que era anarquista. Era buena persona. También sufrió varias veces que lo agarró la Policía. Era muy divertido. Tenía un acento medio porteño”.







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