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Caso De Vido: show electoral y crónica de un final anunciado

Sin los votos necesarios para la expulsión del exministro, el Gobierno aprovechó la sesión para reforzar su campaña electoral, aunque el final le deja gusto a poco. El relato oficial busca ocultar la realidad de los trabajadores, que se coló en el recinto de la mano de la izquierda.

Jueves 27 de julio | Edición del día

Las cámaras de los móviles estaban listas. El Gobierno afilaba los últimos argumentos de campaña mientras Macri preparaba el discurso que daría en Tucumán. Las redacciones de los grandes diarios trabajaban a full. Amanecía el miércoles y con él empezaba desde temprano el show electoral de Cambiemos para tratar la expulsión de De Vido por “indignidad moral” en el Congreso de la Nación, pero un pequeño percance cambiaba los libretos: una vez más, los trabajadores de PepsiCo se colaban en la agenda e irrumpían en la escena nacional.

Pasadas las 8 de la mañana, las obreras y obreros despedidos por la multinacional protagonizaban una nueva jornada de lucha cortando Corrientes y 9 de Julio para luego marchar hacia el Congreso de la Nación a exigir que se trate la situación de las 600 familias que quedaron en la calle y el proyecto de expropiación de la planta que sería presentado por la diputada González Seligra del Frente de Izquierda.

El reloj marcaba las 11 cuando la movilización era interrumpida a metros del recinto por un nutrido cordón policial que descargaba todo su desprecio a fuerza de palazos y gas pimienta, aunque no iban a poder evitar que finalmente la columna avance.

Media hora después comenzaba la sesión en Diputados. El contraste entre ambas escenas no podía ser mayor: mostraba brutalmente lo alejado que se encuentra el recinto de la realidad que viven los trabajadores. De un lado, obreros y obreras, muchas de ellas sostenes de hogar, peleando por preservar su fuente de trabajo. Del otro, el pan y circo montado por el oficialismo como estrategia de campaña electoral, ya que hablar de la economía, la pobreza y el desempleo es algo que se debe evitar según los consejos de Durán Barba.

De campaña por cadena nacional

Si la “lucha contra las mafias y la corrupción” es lo único que puede ofrecer el macrismo como discurso de campaña, qué mejor que hacerlo por cadena nacional y simular como si realmente le preocupara. Basado sobre esa idea, el oficialismo se envalentonó pensando en la destitución y sólo realizó algunos reajustes cuando se dio cuenta que no le alcanzarían los votos. Lejos de los números necesarios para separar al exministro, el Gobierno intentó utilizar la sesión para “exponer” a quienes no lo acompañaran en su cruzada moral y obtener así algún rédito político cuando faltan 19 días para las elecciones.

Así lo evidenció al mediodía el presidente Mauricio Macri. Lo hizo en su acto de campaña en Tucumán al afirmar: “El caso De Vido va a exponer con toda claridad quiénes quieren que la impunidad continúe. Se lo digo a todos los argentinos: miren qué van a votar sus diputados”.

"Yo acuso y pido la exclusión del señor De Vido por infame traidor a la Patria en los términos del artículo 36 de la Constitución Nacional" dijo la diputada Carrió horas más tarde, en una de las intervenciones más encendidas de la Cámara. “Es bueno que se revele la verdad de quienes quieren limpiar y de quienes van a encubrir toda la vida, y que cada nombre y apellido figure en todos los lugares”.

Traidores o patriotas, esa es la nueva grieta y el nuevo relato que busca instalar Cambiemos para levantar su deslucida imagen.

En el mismo lodo

Precisamente antes de que hablara Elisa Carrió fue el turno de Julio De Vido, quien aseguró ser perseguido por “un plan sistemático de marketing” impulsado por el asesor del PRO Jaime Durán Barba. En medio de la reivindicación que realizó de sus funciones y las críticas a Cambiemos, dejó picando una frase que vale la pena destacar: “Soy responsable de todo lo que hicimos en estos años, con los presidentes que me designaron, con los gobernadores e intendentes que me acompañaron y con muchos de ustedes”.

A quien le quepa el sayo que se lo ponga asegura el dicho popular, y eso es al menos lo que parecía decir entre líneas el exministro. El mensaje iba dirigido a muchos de los que ayer compartían directa o indirectamente los beneficios de los grandes negociados de la obra pública y hoy se postulan como si fueran los campeones de la moral y las buenas costumbres. Siempre es bueno recordar que, ante una eventual caída, es muy sencillo prender el ventilador.

Si durante la larga gestión de De Vido al frente del Ministerio de Planificación se profundizó el entramado de corrupción en la obra pública, con el caso del ferrocarril Sarmiento como una de las consecuencias más lamentables y evidentes que existen, muchos de los que integran “el círculo rojo” del macrismo obtuvieron sus beneficios. Los nombres de Franco Macri, Ángelo Calcaterra y Nicolás Caputo son sólo algunos de los que aparecen en los negociados multimillonarios durante aquellos años.

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Final anunciado

Pasadas las 21, Emilio Monzó solicitó que se pase a votar y la pantalla arrojó el resultado, que a esas alturas ya era un final anunciado. Con 138 votos afirmativos, 95 negativos y 3 abstenciones, el oficialismo quedó lejos de llegar a los dos tercios de los presentes que necesitaba para la remoción y el tema quedará archivado.

Terminado el show electoral, las cámaras y los móviles empezaban a retirarse, las redacciones seguían trabajando a full para explicar el traspié y mejorar los argumentos de campaña, al igual que los funcionarios del Gobierno. El show seguirá durante algunas horas en los estudios de televisión, aunque los 19 días que faltan para las PASO parecen una eternidad para un Gobierno que sólo se siente fuerte hablando “contra el pasado”. Su problema es que es imposible ocultar la realidad que enfrentan millones de trabajadores en el presente, y que su futuro está condicionado en gran parte por el resultado que obtenga en las elecciones.

De Vido seguirá siendo diputado y los casos de corrupción en los que está involucrado no serán juzgados, a pesar que la actual legislación lo permite. No lo protegen sus fueros, sino los negocios compartidos con muchos de los funcionarios, empresarios, amigos y familiares del actual Gobierno, que cuentan con una larga tradición de enriquecimiento a costa del Estado.

La izquierda, en cambio, seguirá insistiendo en que es necesario atacar el corazón de esos mismos negociados de los que tanto oficialistas, opositores y empresarios amigos forman parte. Así volvieron a dejarlo en claro los diputados del Frente de Izquierda durante todo el debate, después de acompañar y plantarse una vez más junto a los trabajadores que se organizan y defienden sus derechos en las calles.






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