Economía

CRISIS ECONÓMICA

Casino bancario: un negocio entre caníbales

El sistema bancario podría ser el eslabón siguiente de la crisis. Esperar y ver. El Frankenstein financiero que construyó el macrismo. ¿Quién organiza la fuga? Todo está guardado en la memoria.

Pablo Anino

@PabloAnino

Sábado 7 de septiembre | 01:16

Lunes a la noche. Noche fría. En la pantalla de Todo Noticias (TN), el canal de cable del Grupo Clarín, Joaquín Morales Solá, editorializa la realidad. O su particular visión de la realidad. Suda odio clasista por todos los poros de su cuerpo.

“Si esto se mantiene, yo creo que muchos argentinos van a decir: ’Es preferible tener los dólares en una caja de ahorro que tenerlos en algún lugar escondido de la casa y que algún día alguien se entere –una mucama, un chofer, un taxista, lo que fuere– y lo distribuye, y termina en manos de un ladrón’”, explica el cuasicientífico social.

El editorialista de TN intenta generar confianza en los bancos y terror a las mucamas y choferes (para los privilegiados que viven con servidumbre) en un contexto donde el retiro de depósitos en dólares del sistema bancario -tanto de plazos fijo como de cajas de ahorro- es intenso desde las PASO: hasta el martes 3/9 se retiraron U$S 7.596 millones, una caída del 23 % en menos de un mes.

¿El siguiente eslabón de la crisis?

El sistema bancario, en Argentina y el mundo, es una asociación ilícita dedicada al robo del producto del trabajo ajeno a gran escala. Los bancos juegan en el casino con el dinero de otros: invierten o prestan lo que reciben por depósitos en cuentas sueldos, de ahorro, de inversión o en plazos fijos.

En el extremo, si todas las “personas humanas” van a retirar sus depósitos los bancos no pueden devolverlos: simplemente porque el dinero no está. Es que, excepto por un encaje bancario que establece el Banco Central, el cual obliga a inmovilizar una porción de los depósitos como “seguro”, el resto de la plata depositada es invertida o prestada.

La crisis cambiaria por la estampida del dólar y la crisis de deuda cristalizada con el default selectivo decretado por Mauricio Macri amenazan con expandirse a otro órgano del sistema económico: si se sostiene o intensifica el retiro de depósitos en dólares o se desarrolla una salida de pesos, el fantasma de una corrida se puede hacer realidad y la crisis trasladarse de manera plena a los bancos.

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La calificadora Moody’s estableció el día jueves que el sistema bancario argentino “es muy débil”. En particular, bajó la calificación de su deuda a los bancos Macro, Hipotecario, Supervielle, Ciudad de Buenos Aires, Galicia y a la Tarjeta Naranja.

Los bancos actúan en la tormenta de la recesión y la inflación galopante. Pero hay algo más importante en lo inmediato: están empapelados de títulos defoulteados (no pagos) por el Gobierno.

Marcelo Bonelli, un reconocido columnista del mundo empresarial que escribe (también) en Clarín, relato escenas en las que casi se llegó al pugilato entre el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, y los representantes de los bancos y fondos de inversión durante una reunión en el Ministerio de Hacienda.

Tras bambalinas, el gran capital teje su propia salida a la crisis. Al desfile de empresarios que visitó a Alberto Fernández en Buenos Aires, en Madrid se agregó Ana Botín, la CEO del Banco Santander. Más allá de lo "protocolar" se desconoce de qué hablaron. Los banqueros saben que siempre juegan a ganador. Tienen muy buenos recuerdos de la "década ganada".

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El mensaje de Morales Solá está destinado a distraer al pequeño ahorrista. Convoca a confiar en el sistema bancario, que es un tembladeral, según la información recolectada por su colega Bonelli.

Mientras tanto, los grandes empresarios fugan capitales sin descanso: en la era Macri suma U$S 70 mil millones la salida del sistema financiero. El destino principal de la fuga son los paraísos fiscales.

También los centros financieros imperialistas: la prensa económica destacó estos días que más de cinco mil cuentas bancarias fueron abiertas recientemente por argentinos en los Estados Unidos.

No es una operación compleja, pero tampoco tan sencilla para que la realice el trabajador de a pie. Si dieran a conocer los nombres, no sorprendería ver a los sospechosos de siempre. Volveremos sobre esto.

Si esa moneda hablara…

El macrismo erigió un negocio gigantesco con las Leliq. Se trata de un papelito que emite el Banco Central y se lo da a los bancos a cambio de pesos argentinos.

El Banco Central paga una tasa de interés generosa por recibir esos pesos: actualmente está casi en 86 % anual, pero como se capitaliza cada siete días, la tasa anual efectiva resulta ser de más del 100 %. Por cada peso inmovilizado, los bancos reciben más de un peso de ganancia en concepto de intereses.

¿De dónde provienen los pesos que los bancos le dan al Banco Central? De la plata que todos los argentinos y argentinas tienen depositados en los bancos; claro que también de depósitos de empresas y de las provincias –otro potencial foco de crisis-. Como se dijo, juegan con el dinero de todos.

¿Cuál es el objetivo de emitir Leliq? Supuestamente bajar la inflación dado que se limita la cantidad de dinero circulante y, por ende, la demanda, el consumo. Más prosaicamente: se obliga a todo el mundo a vivir cada vez peor. De este modo, supuestamente se “obliga” a que bajen los precios o dejen de subir.

La receta falla porque la inflación está motorizada por los tarifazos, por oligopolios que remarcan sin límites, el atraso estructural de país, entre otras causas. Con las Leliq también se intenta evitar que el dólar suba en tanto que las tasas de interés por las nubes actúan como un factor de seducción a la especulación en pesos.

Esta receta fracasó en contener la inflación, pero fue muy exitosa en alimentar la “bicicleta financiera”. La “bicicleta” consiste en una operación que realizan fondos especulativos: se endeudan a tasas bajas en el exterior (en Estados Unidos, la tasa es menor a 3 %) y colocan los recursos en Argentina beneficiándose de las tasas astronómicas. Este negocio mágico tiene un requisito: que el dólar no suba. Por eso, hace meses, los capitales golondrina huyen del país dejando tierra arrasada.

En teoría, los bancos actúan como intermediarios entre los que tienen ahorros y los que necesitan préstamos. Así, cumplen el rol de emisores o creadores de dinero, más allá del que emite el propio Banco Central. En determinadas circunstancias (normales digamos), esa función bancaria favorece la actividad económica.

No obstante, al absorber pesos con las Leliq, el Banco Central limita, corta parcialmente, le quita volumen a ese rol de los bancos de canalizar ahorros hacia el otorgamiento de préstamos. Por un lado, porque el Central efectivamente se queda con los pesos depositados en los bancos, los inmoviliza.

Pero, además, porque al poner la vara muy alta con las Leliq eleva todo el sistema de tasas de interés haciendo casi imposible el acceso al préstamo. Eso se expresa, entre otras cosas, en las tasas de interés escandalosas que cobran los bancos por el uso de las tarjetas de crédito; pero también para los préstamos personales, hipotecarios o para capital de trabajo de las empresas.

En síntesis, el Banco Central a través de la emisión de Leliq actúa como una aspiradora que absorbe pesos del bolsillo de todos, destruye el sistema de crédito, la actividad económica y favorece un negocio especulativo fantástico. El stock de Leliq en posesión de los bancos ascendía en junio a un billón (un millón de millones) de pesos.

Las Leliq son un eslabón suelto de la crisis a las que se le presta poca atención, pero constituyen una deuda gigante del Banco Central con los bancos y, por ende, una bomba de tiempo que puede estallar en cualquier momento. Si se las quisiera desarmar, implican, como si todo esto fuera poco, emisión futura de dinero. Es decir, lo contrario que busca el Central.

De estallar, el paso siguiente es la afectación de los depósitos en plazo fijo en pesos, cuyos intereses son pagados por los bancos gracias a los altos rendimientos que obtienen con las Leliq.

Prioridades invertidas

El Banco Central dedica seis veces más recursos a redituar la especulación con Leliq de un puñado de entidades que lo que destina la Anses a paliar la situación de emergencia permanente de 3,9 millones de niños, niñas y adolescentes en un país donde la pobreza infantil supera el 50 %. Por otro lado, el Estado Nacional dedica siete veces más recursos al pago de la fraudulenta deuda pública que a la AUH [1]. Prioridades de clase.

A fin de 2018, la suma de préstamos UVA y de otras líneas tradicionales de hipotecarios otorgados por años y años, comprendía un stock de alrededor de 250 mil beneficiarios. Si los recursos colocados en Leliq se destinaran a préstamos para la vivienda, de una sola vez se podrían otorgar casi 292 mil créditos hipotecarios de U$S 66 mil (al tipo de cambio de $ 57 del cierre del viernes), que constituye el promedio de los montos otorgados con el sistema UVA, pero a tasas de interés considerablemente más bajas.

También se podría optar por combinar préstamos hipotecarios con crédito para otros fines, como para el pequeño comerciante ahogado por la situación económica; para la mejora de la vivienda o la adquisición de maquinaria de las fábricas recuperadas por sus trabajadores.

Implicaría una poderosa palanca para la reactivación económica. Pero son meras hipótesis. Tal destino necesariamente afectaría la sagrada ganancia del sistema bancario. La nacionalización de la banca, la conformación de una banca única mediante la expropiación de los bancos privados sin indemnización, es la única medida que puede resolver ese dilema.

La nacionalización [2], en los términos que la plantea la izquierda, se integra con otras medidas, como en no pago de la deuda a los especuladores, la ruptura de relaciones con el FMI, el monopolio estatal del comercio exterior y una reorganización económica que priorice las necesidades de las mayorías.

Una asociación ilícita

Herve Falciani es exempleado del HSBC. Reveló miles de cuentas abiertas por el banco en Suiza para ocultar activos de todo el mundo. Entre esas cuentas, figuraban 4.040 argentinos por un total de U$S 3.500 millones. Stephanie Gibaud, una exejecutiva de la Unión de Bancos Suizos (UBS), denunció como esa entidad facilitaba maniobras similares.

Hernán Arbisu es argentino, (supuestamente) exestafador y (certeramente) exempleado de JP Morgan. Arbisu detalló que el banco tenía una banca paralela cuya función fue facilitar el ocultamiento de fondos a quinientos clientes por U$S 400 millones entre 2006 y 2008.

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Entre los más “notables” beneficiarios de esas maniobras de la banca Morgan figuran la fallecida Ernestina Herrera de Noble, el Grupo Clarín, la familia Blaquier, el dueño de Nordelta Eduardo Constantini, Edenor, Petrobras Argentina y Autopistas del Sol.

Estos ejemplos son solo un botón de muestra sobre cómo funcionan los bancos: son instrumentos de los grandes empresarios para organizar la evasión de impuestos y fuga de capitales.

Todo está guardado en la memoria

En diciembre de 1989, Carlos Menem implementó el Plan Bonex: todo el que tenía un plazo fijo recibió a cambio un papelito denominado Bonex 89. El poseedor del papelito, cuando lo iba a vender en el “mercado”, recibía menos que lo ahorrado en el plazo fijo. Se trató de una expropiación de los ahorristas.

Otro diciembre, doce años después, la confiscación adquirió otra modalidad: el “corralito” de Domingo Cavallo. La fuga de capitales de los ricos del país que lo precedió fue monumental. Los peces gordos resguardaron su patrimonio en el exterior. Los bancos privados fueron los artífices del vaciamiento del país: el 80 % de la fuga la organizaron el Citibank, Bank Boston, Banco Galicia, Banco General de Negocios y BBVA.

En Endeudar y Fugar, un libro coordinado por Eduardo Basualdo, se destacan cincuenta grupos que fugaron capitales al calor de la crisis de 2001: Pérez Companc, Telefónica de Argentina, Repsol, Telecom, Nidera, Shell y varios más.

“Chorros, chorros, chorros, devuelvan los ahorros”, fue la más maravillosa música que quedó impregnada en los oídos de los gerentes. Era el grito desesperado de los ahorristas mientras las escenas de barbarie se repetían por el desfalco bancario: jubilados que fallecían de desesperación, ahorristas con amparos que ordenaban retornarles su patrimonio que eran arrestados por la policía si protestaban eufóricamente frente a la negativa gerencial de atender la orden judicial, entidades que devolvían los depósitos con monedas para agotar la paciencia de las víctimas, empresas de caudales que disfrazaban a sus empleados para disimular a la vista de la mayoría el traslado de fondos.

“Quien depositó pesos, recibirá pesos, y quien depositó dólares, recibirá dólares", prometió Eduardo Duhalde apenas asumió en 2002. No fue así. Los pequeños ahorristas continuaron confiscados. En simultáneo, Techint, Clarín y otros grandes grupos fueron beneficiados con la pesificación de sus deudas, que en los hechos las licuaba a causa de la devaluación.

Morales Solá, el editorialista de La Nación, el periodista de "Desde el llano" que se emite los lunes por TN del Grupo Clarín, una de las empresas ganadoras de aquel 2001 mientras la mayoría perdía todo, presenta las cosas al revés: los responsables del robo de los ahorros no son las mucamas, los choferes, la gente que vive de su trabajo. El robo es organizado por el sistema bancario, el régimen político y económico capitalista.

No estamos ni en 1989 ni en 2001. La situación actual tiene sus especificidades. Lo que no cambia es la voracidad de los bancos que, como el usurero Shylock en El Mercader de Venecia, reclaman siempre una libra de carne a sus víctimas. Es un negocio entre caníbales.

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[1Miguel Ángel Pichetto realizó declaraciones del mismo género que Morales Sóla: culpó de la deuda a los planes sociales. Los dueños del país poseen una perversidad exquisita para esconder las tropelías que la clase social capitalista comete a diario. La explicación de Pichetto del endeudamiento por los planes sociales es un absoluto disparate. El verdadero problema son los choribanqueros y los fondos buitre que se enriquecen sin trabajar.

[2Es habitual que frente a la inminencia de la bancarrota bancaria el estado capitalista recurra a la nacionalización de bancos particulares o incluso de toda la banca para salvar a los accionistas. Es lo que ocurrió con la crisis económica mundial manifestada desde 2008: en Estados Unidos, España o Gran Bretaña los bancos eran rescatados en simultáneo que el pueblo pobre que no podía pagar la cuota de la hipoteca de su vivienda era arrojado a la calle. En Gran Bretaña se nacionalizó el banco de hipotecas Northern Rock frente al derrumbe de su cotización en la bolsa. El objetivo: salvar a los accionistas.







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