Economía

PANORAMA ECONÓMICO

Casa tomada: OMC, fugadores y "aluvión zoológico"

El centro porteño invadido por la burocracia de un organismo en “crisis existencial”. Nuevas develaciones de la burguesía fugadora. Las contrarreformas para ofrecer mano de obra barata al mundo.

Pablo Anino

@PabloAnino

Martes 12 de diciembre de 2017 | Edición del día

“Han tomado parte del fondo”, advierte a Irene su hermano. En su espanto, los hermanos creen poder “vivir sin pensar” y van cediendo todas las habitaciones del hogar familiar a la amenaza que los acecha.

En estos días Buenos Aires se asemeja a esa Casa tomada del cuento que Julio Cortázar publicó en Bestiario en 1951.

Son las ocho treinta de la mañana. En la parte posterior de Casa Rosada un camión símil Unimog, del tipo con el que Gendarmería ingresó al Lof en Resistencia de Cushamen el día que murió ahogado Santiago Maldonado en medio de una brutal represión, se adiciona a la custodia habitual.

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El despliegue inusitado de tropas abarca el microcentro, el CCK, Puerto Madero, la Avenida del Libertador. Su misión: proteger al ejército de burócratas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que invade la city porteña. El ciudadano de pie, el sujeto histórico de la “revolución de la alegría”, está sitiado.

Tambaleando

La OMC busca persistentemente derrumbar las barreras aduaneras en favor del libre comercio. Es el Caballo de Troya para que avancen los intereses imperialistas en los países semi coloniales o dependientes.

El supuesto teórico detrás de los beneficios del libre comercio fue construido hace muchísimo tiempo atrás: cada país debe especializarse en aquellas actividades donde posee mayor productividad, allí donde cuenta con ventajas comparativas. Los padres de esa teoría son, con sutiles diferencias entre ellos, Adam Smith y David Ricardo.

La teoría posterior siguió perfeccionando las ideas básicas de Smith y Ricardo. El neoliberalismo las llevó al extremo con la desregulación de todos los mercados, en particular de la fuerza de trabajo, deslocalización productiva, a la vez, que preservó la localización del comando de las cadenas globales de valor en las potencias económicas.

El devenir fue contradictorio: las principales economías imperialistas se desindustrializaron relativamente empobreciendo a sus clases obreras. Claro, sus corporaciones se enriquecieron como nunca.

Este resultado dual está detrás del “American First” de la demagogia con la que Donald Trump busca contener el descontento del pueblo trabajador con el establishment yanqui. Robert Lighthizer, enviado de Trump a la cumbre, llegó a nuestro país como un provocador a petardear a la OMC.

Paradojas del capitalismo, China se está transformando en la vanguardia del libre comercio y es acusada por Estados Unidos por sus “abusos comerciales crónicos”.

La cumbre, que el macrismo celebra como parte de la vuelta al mundo, se enfrenta a una “creciente crisis existencial tanto para el organismo de dos décadas como para el sistema comercial de posguerra”, sentenció el Financial Times.

El desarrollo (del capital extranjero)

Contemporáneo al tiempo en que Casa tomada fue escrita, el tucumano Raúl Prebisch publica El desarrollo Económico de América Latina y algunos de sus principales problemas, obra que da el puntapié inicial a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Allí cuestionó la concepción del comercio mundial bajo la impronta de las ventajas comparativas de Smith y Ricardo porque condena a países como Argentina a su condición de periferia que provee materias primas al centro capitalista.

A pesar del detalle de colaborar con la Revolución Fusiladora, a la que propuso la incorporación al Fondo Monetario Internacional, Prebisch se catapultó en la historia como un progresista desarrollista: buscó las vías para trastocar la estructura productiva, aún al costo de pasar por fuertes desequilibrios en la transición, con el fin de conquistar la industrialización del país.

Para ello, además de transferir recursos del agro a la industria, se debía “completar” la escasez de ahorro nacional con ahorro extranjero. El resultado de la experiencia del desarrollismo realmente existente fue un mayor dominio del capital imperialista en Latinoamérica, crisis cíclicas de balanza de pagos debido a la necesidad de insumos importados, a las remesas crecientes de utilidades que las empresas extranjeras extraen de esta región, situación que luego se agravó con el creciente peso de la deuda externa.

Cuando a mediados de semana la cumbre de la OMC apague sus luces quedará un copamiento, no de carácter circunstancial como el de la burocracia de la OMC, sino de carácter permanente: en 2015, según Indec, 311 de las 500 grandes empresas que actúan en el país eran extranjeras, representando el 75 % de la facturación dentro de ese panel.

El desarrollo de los países latinoamericanos es esencialmente desarrollo del capital extranjero. La burguesía “nacional” tiene aspiraciones más moderadas incluso que aquel timorato desarrollismo. Macri se conforma con convertir al país en el “supermercado del mundo”.

Burguesía en fuga

El periodista Horacio Verbistsky, luego de su salida de Página 12, inauguró su sitio web El Cohete a la Luna. Allí amplió la develación sobre los que se aprovecharon del blanqueo para regularizar los capitales fugados del país.

Además de Gianfranco Macri (hermano del presidente), Nicolás Caputo, Alejandro Jaime Peña Braun (primo de Marcos Peña), y otras figuras del “círculo rojo” del Gobierno, Verbistsky develó que blanquearon Marcela Rocca (prima de Paolo), Daniel Agustín Novegil (presidente de Ternium, la empresa del Grupo Techint, perteneciente a los Rocca), Javier Madanes Quintanilla y Miguel Madanes (dueños de Fate y Aluar), María Bulgheroni de Luque (hermana de los dueños de la petrolera PAE) y Marcelo Mindlin.

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Casi U$S 120 mil millones se blanquearon bajo el amparo de la ley ómnibus que supuestamente iba a reparar históricamente a los jubilados. Nadie da la vida por Cambiemos: la mayoría de los que blanquearon dejó los bienes en el exterior.

El blanqueo no impidió que la fuga se siga desarrollando de manera incesante: según los datos del Banco Central, desde enero hasta octubre de 2017, superó los U$S 12 mil millones. Son los altos exponentes de la burguesía “nacional”, que reclaman cínicamente la lluvia de inversiones, los que vacían diariamente al país.

La fórmula secreta

Macri intuye que a la Argentina le corresponde proyectarse al mundo ofreciendo mano de obra barata y entregando sus recursos naturales. Los alienígenas aportarán el capital.

¿Para qué Argentina debería producir textiles si se pueden comprar mucho más baratos en China? ¿O por qué Invap va a fabricar satélites si lo puede hacer mejor en asociación con los yanquis?

Los primeros resultados de la política librecambista del Gobierno están a la vista: el déficit comercial superó los U$S 6.000 millones hasta octubre y apunta a alcanzar un nivel histórico récord este año.

Con el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que el macrismo quiere cerrar estos días, la presión importadora y el dominio imperialista estarán más firmes.

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En realidad, la Casa tomada fue utilizada como una metáfora, no de la invasión del capital extranjero ni de burócratas de la OMC, sino del “aluvión zoológico” que acechaba la plácida estadía de la oligarquía terrateniente: “No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba”. Así explica el hermano de Irene la base material del placentero ocio que ambos disfrutaban.

Las contrarreformas laborales, previsional y tributaria que impulsa el macrismo busca entregar a la clase obrera, que emergió de la argamasa de ese “aluvión zoológico” que produce todas las riquezas del país, como mano de obra barata a los alienígenas.

Las tareas del desarrollo nacional quedan íntegramente en mano de la clase obrera bajo la perspectiva de la unidad socialista de América Latina. La burguesía nacional coquetea con la idea de cerrar “bien la puerta de entrada” y tirar “la llave a la alcantarilla”, como Irene y su hermano.








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