Política México

Carta pública de Sergio Moissen

Reproducimos la carta del profesor Sergio Moissen ante la acusación en su contra.

Miércoles 7 de junio | 08:55

Como saben, una persona con quien tuve una relación afectiva me acusa de abuso sexual ante el jurídico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Ante esta denuncia, algunos colectivos feministas han hecho de esto un escarnio público en redes sociales.

En un contexto en el cual la violencia hacia las mujeres se ha recrudecido, producto de la descomposición social y de la complicidad de las instituciones del estado que solapan, permiten y avalan esta violencia, soy plenamente consciente de la gravedad de la acusación que se me imputa, por lo que deseo expresar categóricamente que en ningún momento pretendí denostar a la denunciante. Sólo quiero tener la oportunidad de demostrar que nunca cometí tal abuso sexual.

No me había pronunciado públicamente hasta ahora, para no confrontar a quien me acusa -ni pública ni personalmente- y aclaro que no es mi intención hacerlo. Pero la campaña de calumnias y hostigamiento ha escalado. Esta campaña incluye amenazas a mi integridad física y el objetivo político es denostar al Movimiento de Trabajadores Socialistas (MTS), la organización a la que pertenezco, y a la agrupación de mujeres Pan y Rosas de México, que impulsan mis compañeras del MTS.


Deseo aclarar que ambos tenemos la misma edad y en diciembre de 2013 iniciamos consensuadamente una relación de amistad y posteriormente empezamos a salir. La relación afectiva se prolongó durante dos años de forma intermitente. Durante ese tiempo, jamás hubo ningún tipo de comportamiento violento entre nosotros, y cuando nuestra relación terminó quedamos en buenos términos. Más tarde, por su iniciativa y de mutuo acuerdo, volvimos a vernos en algunas ocasiones más. En 2016, ella me contó que una situación dolorosa y traumática que había sufrido en el pasado, antes de que nos conociéramos, la afectaba en su relación conmigo.

Una vez hecha pública su denuncia contra mi persona, en marzo de este año, dos compañeras de mi organización política -una de las cuales la conocía personalmente-, se entrevistaron con ella, con atención y respeto, para escucharla, saber de su propia voz los motivos de su denuncia y manifestarle la voluntad de nuestra organización de esclarecer lo sucedido y actuar de acuerdo a ello.
También se entrevistaron con otras mujeres, amigas de la denunciante, que habían escuchado su propio relato, antes de que se hiciera la denuncia anónima pública como la denuncia formal ante las autoridades universitarias.
Lo que resultó de esos testimonios y otras pruebas presentadas, discrepa notoriamente con la denuncia pública que algunas colectivas feministas están haciendo circular en redes sociales, presentándome como "un agresor sexual”, un “violador” e incluso un “depredador sexual". Una campaña insostenible, basada en calumnias con fines políticos, que busca condenarme sin derecho a defenderme y de la cual me referiré en otro momento para no mezclar este testimonio.

Posteriormente mis dos compañeras ofrecieron a la denunciante la información sobre las resoluciones que tomó mi organización, así como escuchar sus sugerencias al respecto, aunque un nuevo encuentro ya no fue posible por su decisión de no tener más diálogo con nosotros.
Con un método opuesto por el vértice al de quienes me condenan públicamente y sin permitirme el derecho a la defensa ni buscar siquiera conocer lo que sucedió, el MTS buscó conocer todos los hechos entrevistando en primer lugar a la denunciante para saber de primera mano su versión, y puso a disposición de ella, como de quien lo solicite (siempre preservando su identidad) toda la información y pruebas recabadas, así como el acta de nuestra organización que demuestra cómo actuamos ante esta situación.

Según consta en el acta del MTS, la evaluación que hicieron las compañeras y la dirección de mi organización política, me cuestiona que, en el último tramo de mi relación afectiva (cuando ella me manifestó las consecuencias de una experiencia traumática que vivió en su pasado), yo haya mantenido otro encuentro íntimo con ella, aunque fuera consensuado. Esto expresó una actitud machista de mi parte y una falta de sensibilidad por no tomar en cuenta el contexto de su historia de vida, lo cual asumo críticamente. Por esa razón, en mi organización se resolvió, desde mediados de marzo, que no seré portavoz del MTS, que lucha contra todo tipo de opresión, al tiempo que abrimos un proceso profundo de reflexión y combate al machismo. Esto es así, porque combatimos todas las formas de opresión no sólo públicamente, sino también cuando se expresan, por las presiones sociales y culturales a las que estamos sometidos, al interior de nuestras organizaciones. Las actas internas sobre nuestro proceder como organización política, están a disposición de las organizaciones estudiantiles, de mujeres, obreras y populares que lo requieran.
Dicho esto, quiero señalar que la UNAM ha decretado mi separación del cargo, sin mediar ninguna investigación, sin pronunciarse sobre la acusación de abuso sexual, ni tampoco permitirme el derecho a una elemental defensa. Ante el evidente carácter político de esta medida, he recibido la solidaridad de profesoras, profesores, referentes de organizaciones sociales, de Derechos Humanos, feministas, sindicales, etc.

Sobre el asunto de mi despido

Esto se enmarca en una creciente violencia contra las mujeres donde el rol cómplice de las instituciones garantes del orden capitalista es fundamental; en el caso de la UNAM, las autoridades aprovechan la sensibilidad que existe ante la violencia de género, para aumentar las medidas de seguridad, cuyo objetivo no es frenar a los Perelló o a los feminicidas, sino fortalecer la represión contra estudiantes y los trabajadores. En la FES Acatlán el ejército ingresa a las instalaciones, realizan operativos policiacos en CU para “combatir la violencia de género", credencializa el acceso a las Facultades y despiden a profesores de izquierda.

En este clima las autoridades encuentran una excusa para "deshacerse" de un profesor reconocido por su apoyo y participación en luchas del movimiento estudiantil y los trabajadores, contra la militarización del país y el feminicidio.
A pesar de esta campaña difamatoria, he conseguido el apoyo, en unos pocos días, de más de un centenar de trabajadores de la FCPyS de la UNAM, reconocidos intelectuales, luchadores sociales y organizaciones políticas que se pronuncia a favor de mi reinstalación.

Luchadoras sociales como Antonia Hinojos, una destacada líder sindical de la frontera maquiladora de Juárez, Wendy de la Rosa y Armando Osorio, de la Coordinadora 1o de Diciembre, Patricia Jiménez, profesora universitaria y feminista oaxaqueña, los profesores Edith Gutiérrez Álvarez y Ricardo Quiroga de la Escuela Normal Superior de México, Édgar Heras Espejel, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Caja de Ahorro de los Telefonistas, y cientos de personas que, con su firma, han manifestado su disposición a exigir mi reinstalación, y a llevar adelante mi defensa como trabajador de la UNAM con plenos derechos.






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