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POLÍTICA NACIONAL

Carrió, el republicanismo y la democracia a punta de pistola

El republicanismo radical de raigambre gorila que representa Elisa Carrió y la embrutecida y codiciosa casta de políticos-empresarios que conforman Cambiemos, se asigna para sí la representación de la democracia con el argumento de que fueron la primera minoría en las urnas y de encarnar los valores de "la república".

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Viernes 15 de diciembre de 2017 | 09:58

Serían la versión mitrista moderna de la democracia civilizada. Del otro lado sitúan a la movilización popular y los derechos democráticos de los trabajadores y el pueblo pobre, a la que consideran el elemento de barbarie que no permite imponer la sensatez empresaria de avasallar sin más los derechos populares. Uno de los voceros de esta versión de la derecha argentina es, risueñamente, Nicolas Massot, sobrino de Vicente Massot, un partícipe y apologista público golpe genocida.

En este sentido, Lilita se ubica dentro de la tradición histórica en que se basan los argumentos del republicanismo radical de raigambre gorila, que bajo el discurso de la defensa de la institucionalidad estatal, justificaron el apoyo a todas las dictaduras antipopulares y criminales de la segunda mitad del siglo XX. Desde Aramburu y Rojas hasta el genocidio.

La posición de Carrió es complementaria a la provocación de Cambiemos que acusa a la movilización popular y los diputados opositores de intentar tomar por asalto el Congreso de la Nación. En esa tónica, Elisa Carrió argumentó que ellos "defendían la paz" y no iban a contestar a la violencia, que fue la manera con que calificó a la protesta de los diputados de la izquierda y el resto de la oposición. Mientras tanto en las calles la Gendarmería no solo reprimía la movilización de trabajadores contra la reforma previsional, sino que también arremetía contra los diputados opositores y se les quería impedir el acceso al Congreso.

Elisa Carrió decidió asumir para sí misma, el papel de custodia moral de la derecha empresarial en el poder y de faro de un republicanismo de contenido antiobrero, antipopular y pro-genocida. Con ese perfil Lilita fue la candidata de Cambiemos en las elecciones porteñas, fue la defensora de Mauricio Macri cuando el escándalo de los Panamá Papers dejaba al desnudo que no era más que un capitalista fugador de capitales, fue la apologista del 2x1 y la provocadora que hacia chistes miserables sobre Santiago Maldonado. Su argumento fundamental para defender al Gobierno es que "estaba en juego" la continuidad de las instituciones democrático-burguesas.

Es decir que para la diputada cualquier cuestionamiento a Cambiemos es golpista. Y basado en esa mirada la derecha en el poder viola a su antojo los reglamentos de las instituciones del Estado burgués y tratar de encausar la democracia a punta de pistola de los gendarmes y prefectos.

La chaqueña siempre se presentó como la fiscal de los actos del Gobierno, papel desde el cual impugnó a algunos de los referentes del macrismo en distintas áreas sin romper nunca las amarras con el Ejecutivo. Hasta ahora Carrió ha sido funcional a un Gobierno de ricachones que envalentonados con su victoria electoral en octubre buscan hacer una contrarreforma integral que beneficie hasta el paroxismo a los capitalistas y reduzca a los trabajadores, jubilados y el pueblo pobre a una masa amorfa objeto de la explotación brutal de las patronales y la expoliación de los ricos.

En este aspecto su función ha sido similar a la del FrePaSo de Carlos "Chacho" Álvarez en los primeros tiempos de la Alianza que llevó al poder a Fernando De La Rua. Aquella fuerza, que se hizo fuerte con la denuncia de la corrupción menemista en los ’90, fue fundamental para hacer tragable a una figura conservadora cuyo papel fue administrar un ajuste brutal para pagar la deuda externa y que en sus primeros días de gobierno asesinó a balazos a manifestantes en la provincia de Corrientes.

En la discusión sobre la reforma previsional, Carrió cumplió el papel de ariete oficialista para que se votara el proyecto y actuó como vocera del repliegue cuando el escándalo y el fracaso de la sesión hacían ya imposible imponer la burda maniobra del quórum trucho de Cambiemos.

Sin embargo, quien hasta hoy acompañó al Gobierno con estridencias pero en lo fundamental sin fisuras, se vio obligada a despegarse exigiendo a Patricia Bullrich Luro Pueyrredon (a quien defendiera a capa y espada por el caso Maldonado) el fin de la represión y abriendo una crisis política importante en Cambiemos al señalar que si se dictaba la reforma previsional por DNU se estaba violando la Constitución.

Nuevamente el recuerdo de la crisis de la Alianza ante la renuncia a la vicepresidencia del Chacho Alvarez se cruza como un fantasma ante los ojos de los funcionarios de la derecha en el poder.

La democracia "civilizada" del republicanismo y la derecha empresarial se cree la dueña de la llave del Congreso y opina que las manifestaciones populares son inaceptables para el normal funcionamiento de las instituciones. Se creen representantes de una democracia solo para patroncitos de estancia. El republicanismo moral de Elisa Carrió y la Coalición Cívica, más allá de su apelación al limite institucional frente al intento bonapartista de imponer la reforma por un DNU y mediante la represión brutal, fue fiel a su historia y sucumbió ante la democracia a punta de pistola que propuso hoy Cambiemos.







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