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Carnaval eran los de antes. Discurso y masculinidad en la fiesta de Momo.

Los conductores de “Carnaval del Futuro” hicieron comentarios homofóbicos y misóginos a partir de la formación de la Falta y Resto que contenía varias mujeres, generando el repudio de varias murgas. Aquí una reflexión al respecto.

Viernes 24 de noviembre | 21:52

¿Todas las ideas son válidas al momento de formar un espectáculo artístico? Yo digo que sí, pero el arte como toda esfera de la vida se enfrenta a la comunidad y ésta reclama ciertas cosas del mismo y es quien al final lo juzga.

El carnaval es una forma de arte, le guste a quien le guste, por más que se critique en muchas ocasiones incluso desde su seno.

Quiero acortar más el espacio y centrarme en las murgas, por un tema de gusto personal. Además, hace seis años pertenezco a murgas del colectivo de Murga Joven.

Es poco el tiempo y mi conocimiento es mucho menor - sinceridad ante todo. Fui parte de varios espectáculos, en su mayoría integrando el equipo letristas aparte de ser componente.

Es verdad siempre murgas jóvenes, un colectivo que muchos quieren y otros no. Algunos ven una fuente de expresión y otros un fin económico cuando se llega al Concurso Oficial; y también vale aclarar, espectáculos buenos o mediocres, donde por lo general la parte mejor la escribía otro. Pero siempre intentamos no caer en el chiste boludo del travesti o del puto.

No soy inocente, posiblemente yo desde mi interseccionalidad de hombre heterosexual he caído en miles de chistes homofóbicos y machistas, pero siempre me han ayudado de irme de las fórmulas de baratillo.

En 2015, una persona me acusó de homofóbico por el cuplé del consumo de los sexos de La Guitarra de Tyson, y claramente no entendió el fin del mismo. En ningún momento eran travestis los que aparecían sino que eran hombres representando mujeres porque ese plantel estaba bastante corto de las “ellas”, en dos palabras: no había.

La semana pasada me enteré de las estupideces que dijeron en “Carnaval del Futuro” sobre la Falta y Resto y las mujeres que forman la cuerda. Para los que no lo saben dijeron, durante la transmisión de la previa de la prueba de admisión de la murga, se dijo por parte de los periodistas que cubrían el evento, que la murga estaba “aputañada” porque hacían pruebas de respiración y otros comentarios sobre las mujeres en la murga, su función en el coro y algunos chistes homofóbicos.

Más que lo que se ha dicho no se puede apuntar sobre eso, los comunicados de murga La Mojigata y la propia Falta y Resto, son claros ejemplos de ello, solo vale decir que la cosa se queda corta y esos comentarios representan una forma de ver al Carnaval y en especial a la murga que se mantienen en el tiempo.

El chiste sobre el travesti, el homosexual o la lesbiana, prende con facilidad en el común de la gente y ante un vacío de contenido rinde, porque despierta nuestra risa más fácil y tonta. ¡Ojo! No entiendo que sea el chiste más fácil de hacer; el de los argentinos que son agrandados, los ricos chetos, Lacalle Pou fascista y Sendic ladrón, apuntan a lo mismo al subestimar al espectador.

Hace unos carnavales atrás Cucuzu hacía “gayman”, un personaje vestido de rosa, repleto de chistes fáciles, en los Humoristas C4, algo propio de los carnavales pasados. Tras muchas discusiones lo sacó, no sé si por un tema de protesta popular, el problema con Martín Inthamoussú o porque no rendía lo suficiente para ese año, pero este personaje se ha ido repitiendo de manera solapada en muchas espectáculos de Carnaval mayor y murga joven.

No hay que mentir, el discurso ha cambiado en parte, y se solapaba el chiste fácil con una proclama a favor de quien es víctima del mismo en muchas ocasiones, pero sigue presente y despertando las mismas risas.

La murga siempre lleva la pretensión del que ve carnaval y pide que critiquen al gobierno o digan esto o aquello. Esta carga viene desde el mito de la murga en dictadura y su papel anti régimen, y es cierto, muchas murgas se la jugaron buscando formas de saltear la censura pero muchas le hicieron algunos guiños.
En la actualidad se le acusa a la murga nueva de no ser política y dedicarse al stand up, puede ser que así sea, igual no veo que sea algo de la nueva sino que viene hace mucho tiempo y la figura del cupletero tradicional tiene algo del “standapero” de la murga nueva.

Sí es falso pensar que el discurso de la murga no es político, solo que lo político ha sufrido un cambio: ya no es criticar al gobierno de turno - cosa que muchas hacen y es respetable - sino que es complejizar el problema, transformar lo político en social, mostrar la complejidad y hacer parte al público. Mostrar que muchas veces nosotros somos culpables de nuestros problemas.

Se dirá que con esto se hacen espectáculos inentendibles y alejados de la gente, como se le criticó a la Mojigata durante mucho tiempo, pero no es alejarse, es no subestimar a quien va a ver Carnaval. Es revalorizar al público en general. Se subestima a quien consume Carnaval a partir de la idea de que es clase popular y por lo tanto entiende el problema en clave blanco y negro.

Escribir no es sencillo, aunque hay gente que lo hace muy bien y encontraron un camino distinto al tradicional, y muchas veces son criticados por eso y excluidos. También es verdad que cada uno puede vivir y gozar la murga como quiere y la siente, pero cuando se busca ir al lugar común como recurso no se es fiel a una tradición sino que se busca el aplauso fácil y el camino más corto.

Pero a la Falta no solo se los tildó de “aputañados” y enfadarse por eso en parte proviene desde el machismo ya que ¿por qué alguien debería ofenderse si se lo ataca en su hombría? No hace más que entrar en el mismo discurso patriarcal desde donde parte, sino que se atacó al coro por su cantidad de mujeres.

Se plantean desde argumentos musicales hasta sociales, incluso algunos murguistas como Claudio Rojo, decían que las mujeres no podían estar en una murga por el camión y las cosas que pasan ahí.

Los argumentos musicales quedan por fuera, murgas como Cero Bola o La Bolilla que Faltaba en el Concurso Oficial o las actuales murgas jóvenes; La Debutante, Sophie Jones o Pélala que va al pan, han mostrado que es más un tema de conservadurismo musical que de tonos o capacidades vocales. Que nuestros oídos no estén acostumbrados o nuestras cabezas no estén prontas para algo nuevo no quiere decir que sea una limitante.

Los argumentos del camión y los lugares no tienen fundamentos tampoco. De los 6 años que salí en murga, solo en uno no compartí con mujeres, y la verdad no note la diferencia, seguí actuando igual tanto yo como mis compañeros en el camión como en el ensayo.

Tal vez el problema esté en otro lado, en un espacio masculinizado y patriarcal que se ve afectado por los cambios, en más de una ocasión los espacios mixtos han traído un gran rechazo desde un machismo de base. Se argumenta para defender estos espacios desde el conservadurismo más acérrimo y sin sentido. Se busca un argumento vacío para mantener “lugares de hombres” y quienes no lo compartan son quitados de ese lugar y rebajados, excluidos y rechazados.

El discurso y el Carnaval han estado de la mano siempre, y capaz es la hora de revisarlo, repensarlo y ver si se adapta o se quedó enganchado a viejas formas y viejos conceptos. Ver si no reproducimos desde nuestra mirada crítica un conservadurismo puro y duro.

Capaz estamos bien y seguimos adelante o capaz nos damos cuenta que no, que es la hora de cambiar nuestro discurso o el Carnaval. O capaz nos damos cuenta que este no es nuestro Carnaval y hay que buscar otro.

Discutir desde dónde queremos crear los espacios es vital para mantenerlos, pero no solo escuchando a los periodistas, murguistas o al público sino que también a las/os que quedan afuera.

Muchos piensan que “Carnaval eran los de antes” pero, como dijo el Flaco en Tuya Pueblo, “Carnavales han de ser los de mañana”.
Demoran las mudanzas en la cabeza…






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