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Carnaval de los mil tambores: Una discusión latente

El emblemático festival dio comienzo este viernes, teniendo que enfrentarse a las críticas y miedos por parte de vecinos y comerciantes de la zona.

Lorena Gjik

estudiante de licenciatura en música UA

Sábado 30 de septiembre

Hace 17 años que en la ciudad de Valparaíso se realiza esta actividad que reúne cada año cerca de 120 mil personas. La instancia consiste en la realización de un pasacalle, ejecutado por diversas asociaciones artísticas y culturales, actividades deportivas, charlas y venta de comidas y bebidas.

Quienes llevan a cabo esta gran festividad son parte de la corporación Mil Tambores, dondeSan tiago Aguilar (actor y director de teatro) es quien dirige el equipo junto a Karem Jorquera (Gestora cultural).

Debido a los desórdenes provocados en años anteriores durante el festival, juntas vecinales y comerciantes de la zona buscaron por medio de recursos de protección que la actividad gestionada por la corporación Mil Tambores sea cancelada, acción que fracasó, puesto que el festival se llevará a cabo de todas maneras, pero con una serie de restricciones.

¿Pero cuál es el problema de fondo aquí?

Las instancias culturales que tenemos en chile, están financiadas por empresas, las cuales se hacen presentes por medio de donaciones a proyectos, asociaciones o compañías culturales, como por ejemplo la Fundación Santiago a Mil (financiado mayoritariamente por BHP Billiton), sin embargo el estado no destina recursos ni políticas claras para el financiamiento de proyectos culturales y artísticos independientes, teniendo estas que recurrir al financiamiento de las empresas. La ley de donaciones culturales (Art. 8. Ley 18.985) permite que las empresas puedan donar, así como también que se incluyan dentro de los beneficiarios a quienes poseen inmuebles que sean declarados monumentos nacionales y que se puedan comercializar los resultados de los trabajos artísticos.

Para que estas actividades con gran concurrencia se realicen sin problemas, el gobierno en conjunto con los municipios tienen que hacerse responsables de generar las condiciones necesarias, como por ejemplo, garantizar equipos de limpieza y montaje. Por otro lado pese a que la iniciativa de la corporación mil tambores es rescatar el arte para que no se pierda por la falta de visibilización y recursos, queda cooptada al ceder a las donaciones de empresas, que más allá de la entrega de dinero no garantizan el equipamiento completo del festival (baños, limpieza, personal).

Ahora bien, la solución para que los grandes festivales no sean una molestia para los vecinos de las zonas escogidas, a parte de una buena indumentaria que pueda dar abasto con la actividades, vale decir, una buena cantidad de baños, basureros, cercas, gente dedicada al aseo, es que se organice en conjunto con los trabajadores y vecinos de la zona, lo que permitiría que los festivales fueran menos invasivos, que se formarán brigadas de aseo, que llegaran más iniciativas artísticas, etc.

Por otra parte, hay que ser categóricos en que no podemos apoyarnos en las fuerzas represivas del Estado, como Marina, Carabineros o la Policía de Investigaciones (PDI), contrariamente a lo que plantea el alcalde ciudadanista del Frente Amplio, Jorge Sharp quien manifestó “Esto no depende solo de la Municipalidad de Valparaíso, necesitamos el compromiso de todas las instituciones, del gobierno, de Carabineros, de la PDI y de los organizadores del festival, que no pueden desentenderse de esto y no manifestar su compromiso con que la ciudad se recienta la menos posible“.

A su vez desde la municipalidad ciudadana del alcalde Sharp, se hizo efectiva la implementación de la ley seca, la cual regirá durante todo el fin de semana, en el perímetro de sectores específicos de la ciudad, sumado al cierre de playas. Es decir el carnaval será delimitado al criterio de instituciones coercitivas y represivas, que cada vez irrumpen con mayor prepotencia en las calles de Valparaíso.

La discusión sobre la responsabilidad en la cultura y el arte

Ante un gobierno y un sistema económico que no quiere que el arte sea de disfrute público y que deja a la deriva a cualquier iniciativa que quiera generar espacios a los que se pueda asistir las familias de trabajadores y trabajadoras, junto con la juventud, la solución no es aliarse con quienes nos pueden dar hoy más recursos, ni a las instituciones represivas que atacan a estudiantes y sectores de la juventud, sino que organizarnos para generar instancias artísticas que estén a la medida de quienes trabajan y crean, de quienes deben levantarse temprano, de quienes no pueden pagar entradas excesivamente caras, de quienes no tienen tiempo para ir a ver una presentación, lo que en el fondo significa generar arte y cultura para que sea visible, no para que sea mercantilizada.

Y aunque no le resta responsabilidades al Estado, es necesario que quienes se dedican al arte puedan tener sueldos estables y reciban aportes del estado para los procesos creativos, para que hacer arte no implique vender obras, espectáculos, canciones, entre otras cosas al mejor postor, lo que termina muchas veces en actrices o actores armando sueldos, entre compañía y compañía, en músicos tocando gratis en pubs y en escritores muertos de hambre mientras escriben sus libros.






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