Mundo Obrero

BUROCRACIA SINDICAL

Carlos Acuña: de las estaciones de servicio al triunvirato de la CGT

Acuña es uno de los posibles nombres para conformar el triunvirato de la CGT unificada.Los afiliados de su gremio lo llaman el “hombre invisible”.

Sábado 6 de agosto de 2016 | Edición del día

Carlos Acuña es secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicios, Garages, Playas de Estacionamiento y Lavaderos, el SOESGyPE. Es chaqueño y fue recorriendo un camino que le ganó el nombre de “hombre invisible”. Así lo consideran muchos de sus rivales sindicales por su arribismo silencioso. De todos modos, el apodo también podrían utilizarlos los mismos trabajadores que están en ese gremio. Consultados por La Izquierda Diario, pocos de ellos saben que Acuña es el jefe de su sindicato.

Durante el 2010 supo codearse con el “Cabezón” Duhalde, quien se mostró varias veces en público con Acuña y era quien lo aconsejaba y le daba plafón político para ir armando su carrera sindical y política. Tanto que, ese mismo año, Duhalde fue a festejar el aplastante triunfo en las elecciones del gremio de los playeros sobre la lista Verde que encabezó Jorge Yebrim, apoyado por Moyano y que apenas obtuvo el 10,5% de los sufragios de los trabajadores. Desde ese momento tendió estrechos lazos con Luis Barrionuevo, que por esos tiempos era opositor a Moyano.

Su Padrino

Carlos Acuña supo aprender rápido de su “Padrino” el gastronómico Luis Barrionuevo que tiene un prontuario que da que hablar. Allá por 1975, cuando era un empleado de la Asociación Obrera Textil consiguió hacerse amigo de Casildo Herreras, por entonces líder del sindicato. Tanta confianza logro Barrionuevo sobre Herreras que éste lo nombró su custodio.

Con ese apoyo, dio un salto mayor y pasó a dirigente gremial, como titular de la seccional San Martín de la Unión de Empleados Gastronómicos. Poco después fue intervenida y en respuesta tomó por la fuerza el edificio de la federación nacional. La Justicia lo echó a las cuarenta y ocho horas pero la historia siguió corriendo. En el ’76 vino el golpe de Estado y, por intermedio del coronel Carlos Manuel Valladares, la dictadura lo rehabilitó y repuso en el cargo del sindicato gastronómico.

Su apoyo a Carlos Menem, cuando era todavía gobernador de La Rioja y nadie creía en sus posibilidades, lo hizo subir un nuevo escalón. Barrionuevo le organizó un multitudinario acto del sindicalismo en la cancha de River, que ayudó al riojano a subir al poder.

Al asumir Menem, Barrionuevo obtuvo su recompensa. Fue designado interventor del Instituto Nacional de Obras Sociales (INOS) y luego en la Administración Nacional de Seguros de Salud (Anssal), organismos que le dieron el manejo de los fondos que recibían las obras sociales donde se fue haciendo amigo de Coty Nosiglia

Barrionuevo y Nosiglia se conocen desde la época en que militaban uno en la Juventud Sindical y otro en la Juventud Radical. Juntos, fueron las figuras claves del Pacto de Olivos, que le daría a Menem la reelección. Ademas, Barrionuevo fue presidente de Chacarita; quiso y no pudo ser gobernador de Catamarca. Denunciado por enriquecimiento ilícito en varias oportunidades. Actualmente impulsa a Carlos Acuña como un hombre fuerte para el triunvirato de la CGT.

Jugando en varios frentes

Acuña es ladero de Barrionuevo desde que recibió su apoyo y siempre se mantuvo alineado con la CGT Azul y Blanca. Su relación personal con el gastronómico le allanó el camino para saltar de la arena sindical a la política partidaria. Estuvo cercano a De Narváez en las internas con el massismo hasta que se definió por quedarse en las filas de Massa.

Acuña es diputado provincial por el Frente Renovador, preside la comisión de Previsión y Seguridad Social del parlamento bonaerense, es vicepresidente de la comisión de Energía y Combustibles; y vocal en la de Asuntos del Conurbano. Así fue sembrando su linaje dentro del armado político del Frente Renovador. En Ituzaingó, Carlos Roberto Acuña, su hijo, ingresó al Concejo Deliberante de ese distrito en las últimas elecciones. Y Blanca Cantero de Acuña, su esposa, es concejal del partido de Presidente Perón. Una familia con “suerte” o muchos contactos.

Luis Barrionuevo y Hugo Moyano son aliados desde el 2012, cuando el líder camionero rompió relaciones con el kirchnerismo. Su relación se intensificó en estos años, a medida que aumentaba la disputa que ambos mantenían con el Gobierno anterior y en la actualidad soldaron un gran pacto por mantener la tregua indefinida con el macrismo. Si bien hubo muchas rispideces que los alejaban por momentos, mantienen un acuerdo tácito y cada uno intenta imponer su relación de fuerzas. Es así como Carlos Acuña se fue ganando el apoyo de Barrionuevo como uno de los posibles nombres que conformarían el triunvirato.

La relación de Acuña con el empresariado de las estaciones de servicio y de estas con las multinacionales petroleras, para Barrionuevo significa un peso importante en el momento de medir la relación de fuerzas y su entramado de amigos para conquistar espacios en la disputa de poder de los sindicalistas para garantizarse su continuidad dentro de la CGT.

El Hombre Invisible

El SOESGyPE cuenta con aproximadamente 7400 afiliados en todo el país, la mayoría se concentran en la Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires según datos del propio sindicato.

Desde La Izquierda Diario nos acercamos a algunas estaciones de servicios y conversamos con los trabajadores. En varias de ellas se constató que los playeros, en un gran número, no conocen quien es Acuña.

“Hay que afiliarse para tener la obra social, sino te quedas afuera” relatan los playeros. Además describen que las condiciones de trabajo varían según el empresario de la estación de servicio que posee la franquicia (Shell, YPF, Esso/Axion, Petrobras, Sol, OIL Móvil). Pueden tener un delegado solamente si superan los 12 trabajadores por estación. Las tareas son diversas y varían según el tamaño de la estación y el acuerdo que establece el patrón con los trabajadores. El salario, las tareas, los turnos y las demás condiciones laborales se establecen en base a lo que impone el empresariado. No se respeta lo establecido por convenio de trabajo, ni tampoco los acuerdos paritarios que determinan un salario general para los trabajadores. Los salarios varían de $ 7.800 a $ 12.000, con turnos rotativos, domingos y feriados.

El gran desconocimiento que tienen los trabajadores de quien es Carlos Acuña es consecuencia, centralmente, de la inexistencia del sindicato en su cotidianeidad laboral, donde sufren todo tipo de formas de abuso y precarización, sin mediación alguna de parte de quienes deberían defender sus derechos.

Durante el último año cerraron 3.000 estaciones de servicio. Uno de estos casos fue conocido por la resistencia de sus trabajadores a perder sus puestos de trabajo. Ocurrió en la estación de Servicio de la esquina de las Avenidas Lafuente y San Pedrito, del barrio porteño de Flores. El rol del sindicato fue negociar los despidos y el cierre con el 75% de la indemnización a los trabajadores. Lejos de impulsar alguna medida de lucha, la conducción de Acuña garantizó que los empresarios pudieran cerrar la fuente de trabajo de decenas de familias.

La completa inacción frente a las pésimas condiciones de trabajo en las estaciones de servicio pinta de cuerpo entero a Acuña. Ahora se entiende un poco más porque le dicen el “hombre invisible”.







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