Economía

IMPUESTO AL SALARIO

Capitanich, o la filosofía de un sistema tributario regresivo

El jefe de Gabinete se manifestó esta mañana “filosófica e ideológicamente” a favor de mantener el sin cambios el Impuesto a las Ganancias.

Esteban Mercatante

@estebanm1870

Lunes 1ro de diciembre de 2014 | 11:51

En su habitual conferencia matutina, el jefe de Gabinete Jorge Capitanich manifestó que el gobierno considera “que es filosófica e ideológicamente necesario cobrar Impuesto a las Ganancias”.

El argumento, repetido ya varias veces por funcionarios del gobierno nacional y por la propia Presidenta, es que Ganancias “grava la manifestación de la capacidad contributiva. Implica que quien más gana debe ser quien solidariamente más contribuya”. Se machaca así con la supuesta “progresividad” del impuesto.

Sin embargo, el planteo sobre la aducida “progresividad” se cae si analizamos la cuestión dentro de la estructura impositiva como un todo.

Por empezar, la preocupación por la “progresividad” que el gobierno manifiesta en la parte de Ganancias que afecta a los salarios no la extiende a otros rubros. Si observamos el presupuesto del año 2015, vamos a ver que lo que se define como “gastos tributarios”, es decir la pérdida de recaudación producto de exenciones y desgravaciones, esconde múltiples beneficios para sectores empresarios, en particular para especuladores y rentistas financieros. Los 33.600 millones de pesos de “gastos tributarios” correspondientes al impuesto a las Ganancias, que representan el 67% de lo que se recauda por el impuesto a las Ganancias sobre el salario, incluyen 3.600 millones corresponden a exenciones de intereses de títulos públicos, 12.300 millones a exenciones de intereses de depósitos en Bancos, y otros 3 mil millones de pesos a desgravaciones del poder judicial, verdadera casta privilegiada. El resto se reparte entre proyectos de promoción industrial, beneficios para actividades como la minería, etc.

A esto podemos agregar otros 20 mil millones de pesos en “gastos tributarios” correspondientes a la seguridad social, que son exenciones a los aportes patronales correspondientes a microempresas, debidas por zona geográfica, o a los programas de registración de empleo implementados este año por el plazo de dos años.

También tenemos importantes eximiciones de impuestos a empresas petroleras que junto con los subsidios que se les otorgan alcanzarán nada menos que 23 mil millones de pesos según el presupuesto 2015. Y todo esto para que continúen con el vaciamiento energético.

¿Pagan más los que más ganan?

Capitanich volvió a repetir que, gracias al decreto de agosto de 2013, que estableció que el impuesto se paga a partir de $ 15.000 mensuales de sueldo bruto (o más de $12.450 netos), los alcanzados por el impuesto volvieron a ser poco más de 10% de los trabajadores, es decir, no mucho más que el 9,7% de los asalariados que pagaba impuesto a las ganancias en 2001. Parecería entonces que todo esta igual, ¿no?
No lo está, porque en el medio se mantuvieron las mismas escalas.

Esto significa que no se ajustaron los montos a partir de los cuáles un trabajador alcanzado por el impuesto debe pasar de la alícuota más baja (9%), a las siguientes. ¿Qué significa esto? Que hoy casi la totalidad de los trabajadores alcanzados por el impuesto a las ganancias pagan las alícuotas más elevadas, entre 31 y 35%, las mismas que paga una gran empresa o una persona rica.

Hace 10 años la inmensa mayoría estaba incluida en la escala más baja, del 9%. Esto ocurre cuando el salario real alcanzado por el impuesto, descontando el efecto de la inflación, no subió. Por eso, peso de Ganancias sobre el salario se triplicó en los últimos diez años.

Resulta curioso comparar esta alícuota que afrontan los trabajadores, con el peso real que tienen los impuestos sobre los ingresos netos de los sectores más ricos de la sociedad. Como analizamos en Ideas de Izquierda, observando los datos provistos por la AFIP para el año 2012, 283 personas ganaron en 2012 más de 10 millones de pesos cada una, sumando de conjunto 4.799 millones de pesos. Esas 283 personas pagaron en concepto de impuesto a las Ganancias 849 millones de pesos correspondientes al ejercicio fiscal 2012. Es decir un 17,7%, exactamente la mitad de la alícuota de 35% vigente para la escala más alta del impuesto. Como se ve, la presión fiscal no es igual para todos.

No podría sorprender este resultado, ya que existen toda una serie de condiciones favorables a los estratos de mayores ingresos que los habilitan a reducir el monto de los pagos.

Dime de quién recaudas...

Más del 50% del salario está afectado por impuestos. El salario obrero se destina casi en su integridad al consumo de alimentos y vestimenta, que está cargado con el IVA (impuesto al valor agregado) que es del 21%.

Cada vez que un trabajador efectúa una compra en un supermercado, en un almacén o en una tienda de ropa paga ese 21%. En cada recibo de sueldo el trabajador ya tiene de por sí un descuento de mínima del 17% para obra social y jubilación. El 65% de la recaudación de las provincias argentinas está constituido por tributos donde los ingresos brutos que afectan a muchos consumos populares son la principal fuente.

Las alícuotas pueden llegar a ser de hasta un 5% y se aplican sobre todo monto facturado por las empresas y que éstas, como resulta evidente, descargan sobre el precio que pagan los consumidores, en su mayoría trabajadores. Los municipios suman otras tasas como las que se pagan por alumbrado, barrido y limpieza que pagan todos los hogares.

Sumando el impuesto a las ganancias, el IVA, los descuentos por recibos, el gravamen a los ingresos brutos y las tasas municipales un trabajador en blanco termina afectando más del 50% de su salario al pago de impuestos.

Por muchos discursos que acumulen la Presidenta y sus ministros sobre la supuesta progresividad de mantener el “impuesto al salario”, lo cierto es que la estructura impositiva argentina se concentra en recaudar mayormente sobre los asalariados, mientras que el grueso de los gastos (excluyendo salarios y jubilaciones) va a pagar la deuda y subsidiar la ganancia capitalista. Un estado que sostiene a la clase capitalista financiándose sobre la clase trabjadora.

Solo es posible transformar progresivamente el sistema si el conjunto de los gastos del Estado, incluyendo la seguridad social, se basan en impuestos a las grandes fortunas, a las rentas (financieras y del suelo) y gravámenes directos al capital y las ganancias personales más elevados que los vigentes en el país y en el extranjero hoy (que cayeron sustantivamente durante las “contrarreformas” neoliberales desde los máximos históricos alcanzados en los años del llamado “Estado benefactor”) y sin las deducciones y exenciones que rigen.

Terminando definitivamente con el impuesto al salario que constituye la cuarta categoría de ganancias y con el impuesto al valor agregado. Con estas medidas simples –que para conquistarse requieren una amplia movilización obrera y popular– podrían obtenerse decenas de miles de millones de pesos, para garantizar a todos los trabajadores un salario acorde a la canasta familiar, sostener el 82% móvil para todos los asalariados –hoy retaceado por el gobierno– y encarar rápidamente las obras de infraestructura vial, de vivienda y de provisión energética que hoy son postergadas o realizadas a cuentagotas con el argumento de la falta de recursos.








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