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LESA HUMANIDAD

Campo de Mayo: se realizó un relevamiento aéreo para identificar enterramientos de desaparecidos

Este lunes por la mañana el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) inició trabajos de relevamiento aéreo con novedosa tecnología sobre la guarnición militar de Campo de Mayo para identificar enterramientos de desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar.

Gloria Pagés

Hermana de desaparecidos | CeProDH | @Gloria_Pages

Lunes 18 de enero | 22:49

El predio conocido como Campo de Mayo es una inmensidad de 5000 hectáreas donde funcionaron durante el terrorismo de Estado cuatro centros clandestinos de detención: “El Campito”, “Las Casitas”, el Penal de Encausados y el Hospital Militar.

La superficie equivale a cerca de un cuarto de la Ciudad de Buenos Aires e históricamente los sobrevivientes, familiares de desaparecidos y organismos de derechos humanos han reclamado una investigación exhaustiva sobre estos terrenos.

Fueron precisamente los sobrevivientes, como los exconscriptos y gente de la zona, quienes denunciaron que allí fueron enterrados cuerpos de detenidos y detenidas desaparecidas.

El vuelo, que cuenta con un sistema de escaneo láser -llamado LIDIAR-, cubrió este lunes en alrededor de cinco horas la superficie de Campo de Mayo, y tomó registros que, luego del análisis conjunto con expertos de la Universidad de La Plata, determinará “anomalías” bajo superficie que podrían dar cuenta de que allí se encuentran restos de personas enterradas por los genocidas. Con el mapeo terminado, que llevará meses, el EAAF iniciará la etapa de excavación para encontrar los restos de desaparecidos.

Juan Carlos “Cacho” Scarpati sobrevivió al horror de Campo de Mayo y logró fugarse. Sus testimonios y los planos y dibujos que realizó en 1979 del predio fueron de enorme utilidad para la investigación sobre los enterramientos y los vuelos de la muerte. Sobre esa base de incalculable valor, se realizaron algunas relevamientos que no arrojaron resultados hasta el momento.

Vuelos de la muerte

Se sabe, y lo ratificó el abogado querellante y periodista Pablo Llonto, que el principal sistema de exterminio en los centros clandestinos de la guarnición del Ejército fueron los llamados “vuelos de la muerte”. “Hay varios indicios, por testigos, colimbas, o por gente que escuchó que alguien les comentó, que en Campo de Mayo hubo enterramientos”, pero señaló que “eso no quita que haya habido enterramientos. El trabajo que se inicia apunta a esa segunda variante.”

En los terrenos de Campo de Mayo hay aviones -Fiat G-222 y los Twin Otter- a la vista de quien quiera, desde la dictadura cívico-militar-eclesiástica, y jamás fueron preservados ni peritados por la justicia para ser tenidos como prueba en los juicios de lesa humanidad.

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Recién un mes atrás, el 14 de diciembre, se realizaron las primeras inspecciones oculares a los aviones desde donde fueron arrojados al mar y al Río de la Plata los cuerpos detenidos y detenidas desaparecidas. Una desidia que ofende a familiares y sobrevivientes. Llevamos casi cuarenta y cinco años desde el inicio de la dictadura y el Tribunal Oral Federal 2 de San Martín acaba de dictar una medida cautelar para preservar pruebas que podrían encontrarse en aviones en desuso depositados en Campo de Mayo.

“Las víctimas que eran trasladadas al Batallón de Aviación 601 de Campo de Mayo, eran subidas, vivas o muertas, a los aviones y/o helicópteros del Batallón que luego despegaban y durante el vuelo eran arrojadas a las aguas del Río de la Plata y/o al océano Atlántico para que no fueran encontradas, debido a la clandestinidad del accionar desplegado por las Fuerzas Armadas”, consta en el auto de elevación a juicio de la Fiscalía.

No puede existir un minuto más impunidad para los genocidas que arrojaron a nuestros desaparecidos de esos aviones ni para los que dieron las órdenes. El pacto de silencio entre los represores es de hierro. Por eso el reclamo histórico de apertura de los archivos de la dictadura por parte del Estado, debe ser resuelto de manera urgente.

El juicio por los vuelos de la muerte en Campo de Mayo

La causa llega a juicio después de cinco años desde que la jueza federal de instrucción de San Martín Alicia Vence la elevara en 2015. La investigación tuvo los testimonios claves de alrededor de 400 conscriptos quienes durante los años de la dictadura hicieron el servicio militar obligatorio en esa guarnición del Ejército.

En este juicio por delitos de lesa humanidad se juzga a cinco militares retirados por los denominados "vuelos de la muerte", que salían de Campo de Mayo para arrojar a víctimas del terrorismo de estado desde el aire al Río de la Plata y al océano Atlántico, durante la última dictadura cívico militar y eclesiástica.

Las víctimas por las que se juzga a los represores Santiago Omar Riveros, Luis del Valle Arce, Delsis Ángel Malacalza, Eduardo José María Lance y Horacio Alberto Conditi son cuatro: Rosa Eugenia Novillo Corvalán, Roberto Ramón Arancibia, Adrián Enrique Accrescimbeni y Adrián Enrique Rosace.

Adrián Rosace y Adrián Accrescimbeni que eran estudiantes secundarios, y fueron secuestrados a comienzos de noviembre de 1976, torturados en alguno de los cuatro centros clandestinos que funcionaron en Campo de Mayo, para luego ser subidos a un avión del Batallón y arrojados a las aguas del Río de La Plata. Sus restos fueron hallados en la zona de Magdalena y Punta Indio, los trajo el agua.

Rosa Novillo Corvalán, a quien secuestraron entre octubre y noviembre de 1976 en Zárate, y fue trasladada a Campo de Mayo. Su cuerpo apareció en las costas de Magdalena, con marcas de disparos en la axila, la pierna y la cabeza.

Roberto Arancibia fue secuestrado en mayo de 1977 junto a su esposa María Eugenia Zago de su casa mientras estaban junto a sus dos hijos. Fueron secuestrados y llevados a Campo de Mayo. El cuerpo de María Eugenia nunca apareció, pero los restos de Roberto fueron encontrados en febrero de 1978 en las costas de Las Toninas.

A casi 45 años del golpe genocida, la lucha por el juicio y castigo en cárcel común para todos los genocidas sigue siendo una demanda del presente, y está más vigente que nunca.

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