Política

PANORAMA POLITICO

Cambiemos y una crisis de Gobierno que no se cierra con marketing de mano dura

Apremiado por una importante caída de imagen y malas noticias económicas, el Gobierno intentó sin éxito y de forma improvisada retomar la iniciativa política con una agenda de “mano dura”. Su necesidad de atacar con más ajuste estando debilitado preanuncia nuevos episodios en la crisis.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Jueves 8 de febrero | Edición del día

Entre los múltiples problemas que enfrenta el Gobierno nacional en los últimos meses, se encuentra el de haber perdido el control de la agenda pública.

Lejos de ser la máquina arrolladora que avanzaría a todo trapo con el “reformismo permanente” después de su triunfo electoral, la realidad es que desde fin de año el oficialismo hace política de contragolpe tratando de balbucear palabras sobre el saqueo a los jubilados, la desaparición del submarino ARA San Juan, los escándalos del ministro Triaca o los tarifazos, entre otros temas.

El malhumor social va en aumento, y una economía poco dinámica no parecería ofrecerle soluciones al Gobierno en este sentido. Por si fuera poco, el “viento de frente” con el que amenaza la economía mundial agrega más nubarrones en el horizonte. El “reformismo permanente” sucumbió en las calles en diciembre, pero el “gradualismo” aparece también cada vez más inviable en el mediano plazo.

En esa encerrona se mueve el macrismo, tanteando de forma pragmática qué pasos puede dar a favor del gran capital, a la vez que pensando un plan para intentar recuperar la imagen política perdida, de cara a un 2019 que ya no se ve tan lejano. Una tarea para nada sencilla en la que improvisa y comete errores a cada paso.

La campaña contra la corrupción de la burocracia sindical se mueve por ambos andariveles, buscando desprestigiar a las castas que se enriquecen en los gremios como vía para atacar las luchas de los trabajadores, pero también eligiendo a un enemigo fácil para la ya un poco desgastada campaña marketinera de “combate contra las mafias”. La tranquilidad de la que gozan los burócratas sindicales más dóciles a la política del Gobierno, y el papelón de Triaca en el SOMU, hablan por sí solos de la falsedad de esta política.

En los últimos días, otra campaña, esta vez de “mano dura” contra la “inseguridad”, ha salido al ruedo a partir del caso del policía Luis Chocobar. Pero en un contexto donde al Gobierno prácticamente todo le sale mal, los videos que demostraron que se trató de un indudable caso de gatillo fácil dejaron en off side al presidente Macri que había recibido al asesino como un héroe. La teoría del “cambio de doctrina” explicada por Patricia Bullrich para defender a Chocobar fue criticada incluso por sectores afines al oficialismo. No solo eso: envalentonar a las fuerzas de seguridad es una caja de pandora que tarde o temprano puede abrir nuevas crisis.

Este miércoles la política de criminalización de la pobreza y la protesta tuvo un nuevo capítulo cuando procuradores de siete provincias firmaron un convenio con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, con el objetivo de acelerar la puesta en marcha del decreto para expulsar extranjeros que había firmado el presidente el año pasado. En la intimidad lo habrá festejado el xenófobo votador serial de leyes Miguel Ángel Pichetto, mientras que verdaderos delincuentes como Luciano Benetton, que sigue usurpando tierras en la Patagonia, no tienen de qué preocuparse. La norma no es contra ellos.

Sin embargo, estas políticas que buscan un mayor disciplinamiento social a la vez que intentan sin éxito retomar el control de la agenda por la vía de fomentar la idea de un Gobierno que combate enemigos (la propia Cristina Kirchner ya no lo puede ser tanto luego de su derrota electoral), no pueden ocultar la contradicción de fondo del macrismo, que necesita redoblar los ataques contra el pueblo trabajador en un momento en el que se ha debilitado cualitativamente y cuando cada vez falta menos para la batalla por la reelección en 2019.

El Gobierno cuenta con el único hándicap (aunque nada menor) del rol de las cúpulas sindicales que dividen al movimiento obrero y evitan poner su enorme fuerza en movimiento, usándola nada más que de forma dosificada para negociar sus propios intereses de casta.

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Contra ellos, la izquierda y el sindicalismo combativo exigen el fin de la división, así como una huelga general activa para derrotar los planes del Gobierno. Mientras, se está avanzando en la coordinación de todas las luchas para darle más fuerza a todos estos planteos y unificar los conflictos en curso, para ganar. Un paso adelante en este sentido será el Encuentro de Trabajadores contra los despidos y el ajuste convocado por la asamblea del Hospital Posadas para el 17 de febrero.

A la par, mientras el peronismo comienza a intentar reorganizarse entre sus diferentes facciones, para pelear las elecciones de 2019, es necesario avanzar en una alternativa política de los trabajadores, anticapitalista y socialista, para que la bronca del pueblo trabajador no sea desviada hacia otras variantes al servicio del capital que no pueden, ni quieren, dar respuesta a los problemas de las grandes mayorías. En esa pelea está el PTS en el Frente de Izquierda, invitando a sumarse a la misma a los miles de compañeros y compañeras que comienzan a compartir esta perspectiva.








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