Economía

REFORMAS ECONÓMICAS

Cambiemos: entre las dificultades económicas y el “combo” antiobrero

Las llaman “reformas de segunda generación”. Buscan seducir a los empresarios para que tengan paciencia hasta las elecciones de 2017. La economía no muestra señales de reactivación.

Miércoles 23 de noviembre | Edición del día

A un año de su triunfo en el balotaje, Cambiemos quiere avanzar en la instalación en la agenda de las “reformas de segunda generación” en beneficio de los empresarios. Se trata de atender los reclamos expresados en el mini Davos o en el Coloquio de Idea, entre otros foros patronales.

Luego de levantar el “cepo”, devaluar, quitar aranceles a las exportaciones, arreglar con los fondos buitre y aplicar tarifazos, el Gobierno está impulsando una serie de reformas que buscan generar mejores condiciones para que llegue la postergada “lluvia de inversiones”.

En los últimos días, el oficialismo fue lanzando un decálogo de anuncios de medidas contra la clase obrera. La principal es la que realizó Mauricio Macri cuando señaló la necesidad de "analizar y discutir todos los convenios laborales”.

En el mismo sentido, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, fue a defender al Senado la reforma de las Aseguradoras de Riesgo de Trabajo (ART) en detrimento de los trabajadores “rotos” por accidentes o que directamente pierden la vida.

El Ministerio de Producción junto con el Ministerio de Trabajo impulsa el Programa de Reconversión Productiva que financiará despidos. Nunca menos.

Eso no es todo. En el Congreso, el secretario de Finanzas, Luis Caputo, y el titular de la Comisión Nacional de Valores (CNV), Marcos Ayerra, fueron a presentar el proyecto de Ley de Reforma del Mercado de Capitales que dará más beneficios a los especuladores.

Sin brotes verdes

La consultora de Orlando Ferreres estimó que el retroceso de la actividad fue 4,7 % en octubre y en el acumulado del año alcanza a 2,8%. El macrismo está entrampado en una economía que no reacciona.

Los pronósticos sobre la dimensión de la recesión de este año se están revisando hacia la baja. Es decir, empeoran: ya se habla de una caída de 2,5 % cuando termine 2016. Con este panorama, el prometido rebote económico del año próximo, en el mejor de los casos, servirá para recuperar lo perdido de producción en el corriente.

Los cálculos a la baja se deben a las dificultades internas causadas por Cambiemos con su política de ajuste, pero también a un empeoramiento en la situación de Brasil y a la incertidumbre reinante en el panorama internacional por el triunfo de Donald Trump.

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El último domingo, Macri señaló en una entrevista realizada por el diario Clarín que el mayor logro del Gobierno fue el “diálogo”. En realidad es un monologo de un gobierno de ricos para ricos. Pero concediendo que fuera real la voluntad dialoguista de Cambiemos, y parafraseando a Raúl Alfonsín, con el “diálogo” no se come, no se educa ni se cura.

Ni se hacen negocios, podrían agregar los empresarios. Cristiano Ratazzi, presidente de Fiat, volvió con su reclamo de devaluación “light”. Ahora afirma que un dólar a $ 17,50 no haría daño. A los ingresos patronales seguro que no. Al bolsillo obrero, sin dudas, sí.

La Conferencia Anual de la Unión Industrial Argentina (UIA) que cerró el presidente Macri no estuvo exenta de tensiones. Las manufacturas registrarán un retroceso de 4,5% al cierre del año y la pérdida de 50 mil empleos.

Entre otros cruces, en su exposición, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, debió defender la política monetaria de tasas altas que cuestionan los industriales.

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Francisco Cabrera, el ministro de Producción, a pesar de presentarse con una batería de medidas para anunciar frente a los industriales, no pasó un buen momento: “Acá me hacen seña de que tome agua. ¿No estará contaminada no?”, dijo en tono cómico. Irónicamente, entre varios anuncios que no “mueven el amperímetro”, el que mejor recibieron los empresarios fue el “Ahora 18”. Kirchnerismo “reloaded”.

Este año hubo mayor inflación, desequilibrio fiscal y endeudamiento, tanto del Tesoro como del Banco Central. Los desequilibrios económicos heredados del kirchnerismo fueron “honrados” por el macrismo, agravándolos. El establishment financiero pide más ajuste para que el desorden no siga escalando. Y para que lo que prestan al Gobierno pueda ser devuelto.

Zona de promesas

La agenda patronal que Cambiemos agitó estos días actúa como una suerte de carta de cambio para el gran capital. Frente a los reclamos inmediatos de industriales por una reactivación (en algunos casos vía devaluación) y del establishment financiero por más ajuste, las “reformas de segunda generación” muestran una voluntad de avanzar en el plan anti obrero en el mediano plazo, postergando las fases más brutales del ajuste para luego de las elecciones de octubre del año próximo.

Los lineamientos generales de esa “agenda” fueron establecidos en el Plan Productivo Nacional (PPN) anunciado meses atrás. Allí se exponen las intenciones de la CEOcracia de aparecer como una fracción dispuesta a “moldear los contornos de un nuevo modelo de país”, capaz de “reinsertarse en el mundo de manera competitiva”, una vez dejados atrás los años de “crecimiento fácil”. El macrismo pone en el centro de su mirada “una transformación productiva que permita aumentar la productividad”.

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Esas ideas generales empezaron adquirir valores concretos con la puesta en funcionamiento del Programa Nacional para la Transformación Productiva (PNTP) que dio a conocer la semana pasada el Gobierno: se plantea financiar todo “proyecto de transformación productiva o de inversión de largo plazo, factible, sustentable y genuino".

Tras bambalinas, se especula que ese programa se orienta a reconvertir empresas afectadas por una mayor apertura externa mediante la quita de aranceles a la importación de electrónicos. En particular, se podría utilizar para las industrias radicadas en Tierra del Fuego, financiando despidos y en el mejor de los casos reubicaciones de obreros en otras empresas “viables”. Un plan nada fácil de llevar adelante en una provincia donde los trabajadores ya mostraron una gran voluntad de lucha contra el ajuste de la gobernadora Rosana Bertone del Frente para la Victoria.

El Gobierno también impulsa en el Congreso una reforma de la Ley del Mercado de Capitales que, tal cual reconocieron funcionarios en su presentación, busca proteger al inversor (o menos eufemísticamente a los especuladores).

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El proyecto oficialista quitará la facultad de la CNV para intervenir en empresas, da beneficios impositivos (como exenciones de ganancias e IVA) para los Fondos Comunes de Inversión a través de los cuales se pretende canalizar recursos del blanqueo de capitales, impulsa la private banking (una forma de gestionar recursos no declarados que tienen los grandes bancos internacionales) y permite operar a agentes internacionales sin sede en Argentina (hasta ahora prohibido).

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El macrismo pretende insertar al país con “plenos derechos” a un mundo fuertemente dominado por la finanzas y en crisis desde 2008. Impulsa políticas que fueron repudiadas, aunque en clave reaccionaria, con el voto a Trump y al Brexit.

El “combo” anti obrero impulsado estos días, que se completa con la intención de cambiar los convenios colectivos y la ley de las ART, es una ofrenda a los altares del capital más concentrado. El macrismo se desgasta en gestos para que no se corte el endeudamiento.

Es un viaje de ida. Lo advirtió Roberto Lavagna: “Este tipo de modelo indefectiblemente termina en colapso”. Más allá de la exageración, la dinámica en curso, cuyos tiempos no se pueden prever, crea las condiciones para nuevas crisis de deuda.

Un detalle: el Frente Renovador, que integra el ex ministro de Economía de Néstor Kirchner, contribuye a preparar el "colapso". Votó en el Congreso el pago a los fondos buitres y la autorización para que el Gobierno emita deuda. Lo mismo ocurrió con el blanqueo y el Presupuesto 2017 que destina $ 248 mil millones a los intereses de la deuda, superando ampliamente las partidas de educación, salud y vivienda. El Frente para la Victoria (FpV) también votó en el Senado el pago a los buitres y se apresta a votar el Presupuesto 2017.

Todo el régimen político patronal, aunque la campaña electoral incipiente los obligue a diferenciarse, está comprometido en el plan antiobrero. El Frente de Izquierda y los Trabajadores que colmó el estadio de Atlanta se prepara para enfrentarlos.




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