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PRECARIZACIÓN LABORAL

Call centers: la juventud es el último orejón del tarro en las paritarias de Comercio

El acuerdo que Cavalieri anunció deja en la pobreza a decenas de miles que cobran menos de la mitad de la canasta básica. Testimonios: "Desafiamos a Cavalieri a vivir con nuestro sueldo".

Juana Galarraga

@Juana_Galarraga

Sábado 29 de febrero de 2020 | 14:16

El titular de la Federación de Empleados de Comercio (FAECyS), Armando Cavalieri, salió a festejar el acuerdo paritario que firmó para el sector, como si fuera un gran anuncio. Según su relato, “el empleado de comercio que percibía un salario de 27.311,61 pesos cobrará 41.790,07 en abril próximo”.

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Según cálculos que La Izquierda Diario publicó este viernes, los números que divulga Cavalieri no tienen mucho que ver con la realidad de decenas de miles de personas que el jerarca sindical dice representar. Menos aún, si tomamos el ejemplo de trabajadores y trabajadoras de call centers. Acá te contamos algunos ejemplos de jóvenes, que aún con todos los puchitos que les van a ir entregado en cuotas, quedarán bastante lejos de los 40 mil pesos: debajo de la línea de pobreza y detrás de la inflación (que anualizada rondará el 55 %).

Casos testigo

La paritaria de Comercio cerró con una suma fija de 1000 pesos para febrero, 1000 para marzo y 2000 para abril. Según FAECyS "se mantendrá la suma de 4000 pesos determinada por el artículo 1 del decreto 14/20” que dictó el Gobierno nacional.

Mauro (nombre falso) tiene 36 años y es operador de call. El monto total de su sueldo puede variar, rondando los 22 mil pesos. En este tipo de empleo la remuneración depende de la cantidad de ventas o se calcula por comisiones. “El sueldo no me alcanza desde hace mucho y desde el gobierno de Macri mucho menos", asegura Mauro.

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Con respecto a los anuncios de Cavalieri, denuncia que "los trabajadores de call siempre nos encontramos con que cobramos menos de lo que acuerda el sindicato, porque nos dan un proporcional por las 6 horas”. Es decir, Mauro no cobrará los montos anunciados por este burócrata sino un poco menos, dado que no trabaja 8 horas sino 6. “No tienen en cuenta que es jornada completa igual, ya que es insalubre el trabajo de un operador telefónico y legalmente no podemos trabajar más de 6 horas, porque son factibles los desequilibrios mentales en este rubro”, detalla. “El Gobierno quizás podría revisar el tema de Cavalieri, por qué sigue con ese puesto y cómo manejar la mafia que existe en el sindicato de Comercio”, finaliza.

Malena (este nombre también es falso) tiene 24 años y cobra menos que Mauro, $21.000. “En nuestra posición económica no es nada 4 lucas y encima repartido en cuotas de mil y hasta 2 mil. Yo a mi sueldo hasta la segunda semana lo tengo... Después ando raspando ya en modo supervivencia, corte me quedan 5 lucas, por ahí”, cuenta. “El gobierno debería hacer tantas cosas que serían lo más razonable… como pagar bien lo que se debe a ciertos sueldos”, asegura.

¿Otra vez la misma historia?

“En un call del Banco Francés una faringitis me dejó siete días en cama. Tenía la voz ronca, la garganta dolorida y todavía tomaba medicación cuando volví. Dijeron que me veían ‘desmotivada’ y que bajé la ‘productividad’. Me echaron ese mismo día. Cuando salí del call con mis cosas, los delegados del sindicato tomaban mates con los de recursos humanos”. El fragmento corresponde al relato de Nadia, de Lanús, una joven que aportó su testimonio al libro que el diputado del PTS-FIT, Nicolás del Caño, publicó en 2019: “Rebelde o Precarizada”. Su relato fue publicado junto al capítulo 1 del libro, titulado “¿Cómo está hoy la clase trabajadora?”. Allí, Del Caño define qué entendemos por precarización.

El testimonio de Nadia aporta cifras ilustrativas. Empezó a trabajar a los 17. Al momento de relatar su historia laboral tenía 30 años y ya había pasado por más de 35 empleos, la mayoría como tercerizada en call centers. “Entre 2007 y 2019 me mudé diecisiete veces. Pasé por cinco localidades y conviví con quince personas. Empecé a estudiar y tuve que dejar la universidad tres veces”, detalla. Como se ve, la precarización laboral redunda en una brutal precarización de la vida.

El año pasado Nadia cobraba 15 mil pesos. En su actual empleo, también en call center, cobra menos que Mauro y Malena: alrededor de 20500 pesos. Como la plata le alcanza para vivir nada más que medio mes, hace horas extras en el call, llegando a completar jornadas de 9 horas. Algo verdaderamente enfermante. Además hace changas.

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Su historia habla por sí misma. No hace falta abundar en detalles. Pasó por más de 30 calls en 12 años. Ha sido víctima de la precarización laboral a lo largo de todos los gobiernos. No zafó de los contratos basura y de la estafa de la tercerización laboral bajo el macrismo, pero tampoco bajo el kirchnerismo.

Ahora, el sindicato que la entregó de pies y manos en cada negociación salarial, año tras año, vuelve a hacer la tarea para congraciarse con los empresarios precarizadores y el gobierno ajustador de turno. "Desafío a Cavalieri a vivir con nuestro sueldo", dice Nadia. La paritaria que firmó el burócrata es a la medida de lo que el Frente de Todos esperaba, para cumplir con los requisitos del FMI que está monitoreando nuestra economía. En los próximos días, vendrá una nueva misión técnica del organismo, que exige "esfuerzos" con el único propósito de que la Argentina pueda pagar la deuda externa. Claro que a los esfuerzos no los hacen los bancos, ni los empresarios que se enriquecen con el trabajo bien barato de la juventud tercerizada y ultraprecarizada de los call. "Yo trabajé tercerizada para bancos más de una vez. De hecho ahora trabajo en campañas de empresas aseguradoras que dependen de un banco. No me da la sensación de que con estas paritarias nos estén poniendo como prioridad ante los banqueros...", asegura Nadia.

La paritaria que firmó Comercio es otro ataque en este contexto, que el Gobierno y el sindicato intentan camuflar con ese extraño discurso sobre el “achatamiento de la pirámide salarial solidario”. Quienes cobran un poco más que lo menos e indispensable para no pasar hambre, recibirán proporcionalmente menos que quienes están en la base, sumidos en la miseria más al límite. Los montos de aumento serán más altos para quienes tienen los peores sueldos, pero serán menores para quienes tienen sueldos “menos peores”.

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Una vez más un gobierno, en complicidad con un sindicato en manos de un burócrata atornillado a la conducción, asesta un mazazo a las condiciones de vida de la juventud más precarizada. Las políticas con las que el gobierno dice diferenciarse de Cambiemos, con las que dice poner por delante las prioridades de los y las más “vulnerables”, tienen como resultado una repartija de migajas entre pobres y muy pobres. Los casos presentados, por más que reciban lo máximo que las patronales y el gobierno están dispuestos a dar, seguirán por debajo de la línea de la pobreza.

Cuando el horizonte es nivelar para abajo, lo único que se achatan son nuestras expectativas y nuestras condiciones de vida.







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