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Cae un ministro del golpista Temer por los escándalos de corrupción

El ministro de Planificación de Brasil, Romero Jucá, anunció hoy que ha pedido una "licencia" de su cargo tras filtrarse un audio en el que sugiere frenar la investigación de corrupción en Petrobras.

La Izquierda Diario

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Lunes 23 de mayo de 2016 | Edición del día

"Voy a pedir una licencia de mi cargo hasta tanto la Fiscalía se manifieste sobre mi caso", dijo Jucá después de acompañar al presidente interino, Michel Temer, y a otros ministros del área económica durante una reunión con el jefe del Senado, Renán Calheiros.

"A partir de mañana estaré separado de mi cargo hasta que se defina mi situación. Si (la Justicia) dice que no he cometido ningún crimen, como mis abogados y yo mismo sostenemos, cabrá al presidente Michel Temer invitarme nuevamente para el Gobierno", declaró.

Los audios que abrieron la primera crisis en el gobierno golpista

Los medios y la Policía Federal filtraron un audio de hace varias semanas que deja en claro cómo para el PMDB (partido del presidente interino Michel Temer) el golpe contra Dilma Rousseff era parte de una operación para salvar a los políticos salpicados por los escándalos de corrupción. La rapidez con que los medios y el “partido judicial” revelaron los audios de Lula y Dilma hace unos meses, desentona con la morosidad actual. Mostrando una vez más cómo las noticias y denuncias siguen el ritmo marcado por sus decisiones golpistas.

En conversaciones durante el pasado mes de marzo, el ministro de Planificación, senador licenciado Romero Jucá (PMDB-PR) sugirió al expresidente de Transpetro Sergio Machado que un cambio en el gobierno federal resultaría en un pacto para “poner fin a la sangría” representada por la Operación Lava Jato.

Grabado en forma secreta, los diálogos entre Machado y Jucá se dieron semanas antes de la votación en la Cámara que desencadenó el impeachment de la presidenta Dilma Rousseff. Según Romero Jucá y Sergio Machado, la salida para que ambos no fuesen castigados era el impeachment de Dilma.

Según la conversación filtrada entre Sergio Machado y Romero Jucá, divulgada por Folha de San Pablo en la mañana del lunes, Machado buscó a los líderes del PMDB porque temía que las investigaciones fuesen enviadas de Brasilia, donde se tramitan en el Tribunal Supremo Federal (STF), para ser evaluadas por el juez Sergio Moro en Curitiba. En uno de los trechos del audio, Machado afirma a Jucá: “Janot [uno de los jueces del STF] tiene ganas de ir detrás de ustedes [en referencia no solo a Jucá y sino también a su padrino político, el presidente del Senado, Renan Calheiros].Y considera que soy el camino [...] Cree que yo soy la caja de ustedes”. En la visión de Machado, el traslado de su caso a Curitiba sería una estrategia para lograr que aceptara conceder una delación e incriminase a líderes del PMDB. A partir de esto Machado solicitó que se montara una “estructura” para protegerlo.

“Creo que se necesita articular una acción política”, coincidió Jucá, que orientó a Machado a reunirse con el presidente del Senado, Renan Calheiros y con el ex presidente José Sarney.

Jucá agregó que un gobierno de Temer debería contribuir con un pacto nacional “con el Tribunal Supremo, como un todo”. En conversaciones entre Romero Jucá y Sergio Machado, de acuerdo con las propias palabras de Machado “la solución más fácil era poner a Michel [Temer]" y luego plantea: “Es un acuerdo, poner a Michel, en un gran acuerdo nacional”. En la versión de Jucá a su aliado, la salida de Dilma llevaría al fin de las presiones de los medios y de otros sectores por la continuidad de las investigaciones de la Operación Lava Jato.

Los audios revelados el lunes y la posterior caída de Jucá, a poco más de una semana de haber asumido, son muestra de que la maniobra reaccionaria del impeachment nunca tuvo el propósito de combatir la corrupción. Por el contrario el golpe institucional además de ser un mecanismo para pasar los ataques contra los trabajadores, más duros que los que el PT ya estaba implementando, fue la forma elegida por un régimen político plagado de partidos y funcionarios corruptos para autopreservarse.

Uno de los intereses detrás del impeachment fue el de remover a algunas figuras públicas del régimen, como el expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha y fundamentalmente a Dilma, para fortalecer la imagen de que sectores del poder legislativo y principalmente el Poder judicial están enfrentando la corrupción del país.

La intención era salvar a un régimen político podrido y a sus principales figuras, así como armar nuevos esquemas de corrupción involucrando más al imperialismo, que no por casualidad viene ofreciendo cursos de entrenamiento a varios miembros del poder judicial brasilero como el caso del propio juez Sérgio Moro.

Nada dice que este plan vaya a tener éxito. Temer, que se apuró a nombrar un gabinete de empresarios, banqueros, represores y corruptos, no cuenta con la legitimidad de las urnas y tiene un nivel de aprobación menor tendiente a cero. Tampoco cuenta con un consistente apoyo continental: Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Cuba y el secretario general de la Unasur, denunciaron el golpe, mientras que Obama ni siquiera se comunicó con él. Contó sí con el apoyo inmediato del presidente argentino, Mauricio Macri; aunque la visita del canciller José Serra a la Argentina este lunes no tuvo el alto perfil que Temer hubiese deseado.

En medio de este panorama, Temer viene anunciando medidas de ajuste y un plan neoliberal que pretende pasar con represión a los sectores que se movilicen.
Sin embargo la caída de Jucá, muestra las debilidades de un plan y un gobierno concebidos por medio de un golpe institucional, y preanuncia mayores tormentas para la gestión de la crisis por parte del presidente interino brasilero.







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