Sociedad

DECLARACIÓN DE PAN Y ROSAS

CONTRA LAS VIOLENCIAS LABORALES Y DE GÉNERO, ¡NUESTRAS VIDAS VALEN MÁS QUE SUS GANANCIAS!

Difundimos la declaración de la Agrupación de mujeres "Pan y Rosas" a raíz de la agresión al trabajador rural y en la que denuncia los maltratos y abusos laborales y de género que se suceden en distintas ramas de la producción

Miércoles 4 de octubre | 20:58

Frente a la agresión que se volvió tan polémica a un trabajador rural en Salto, por parte de su capataz, quien respondía a las órdenes de su empleador. Agresión que se origina por el justo reclamo del pago de horas extras de trabajo.

Las mujeres organizadas somos conscientes de esta ofensiva por parte de las patronales expresada en este hecho, el cual nos consta ocurre frecuentemente y responde a una forma de violencia instalada y naturalizada en algunos lugares del país.

Expresamos nuestro sentimiento de repudio total a esta forma de violencia extrema, como a toda forma de abuso de autoridad.

Estas actitudes de los patrones - propias de la servidumbre en pleno Siglo XXI - no solo suceden en el campo sino también en la industria y los servicios. Los patrones, empresarios y terratenientes ejercen un maltrato psicológico y hasta físico contra las trabajadoras y trabajadores y lo hacen en complicidad con todos los gobiernos de turno y la justicia.

La familia obrera toda es quien padece esta situación. No solamente los trabajadores y trabajadoras sino sus hijos e hijas reciben directa o indirectamente el trato abusivo y cruel.

Muchas trabajadoras rurales deben soportar cotidianamente el maltrato de sus patrones y el abuso sexual - por considerarlas de su propiedad. Así vemos a las jóvenes que son abusadas y violadas, y luego son “escondidas” para cínicamente preservar la imagen de los patrones abusadores.

En los parajes aislados donde el trabajador depende solamente de lo que le provee su patrón se dan situaciones de falta de comida y agua potable que llegan a extremos impensables, a la vez que las condiciones de trabajo y vivienda son pésimas (lugares húmedos y sucios o muy pequeños donde deben dormir hacinados, con ratas, etc). En el medio rural todavía hay empresas que no les dan licencia a sus trabajadores.

En las grandes fábricas también vemos cómo pisotean nuestros derechos.

En la ex FRIPUR las mujeres debían soportar jornadas interminables paradas delante de la línea de producción soportando el constante maltrato patronal, la violencia, el abuso y el desprecio.
Insultos, amenazas, ataques personales y el aumento de los ritmos de producción eran una constante para los casi mil empleados, en su mayoría mujeres jefas de hogar, en pleno Montevideo.

Otra industria, la metalúrgica YAZAKI de Colonia, donde las mujeres y los varones son permanentemente obligados a realizar tareas repetitivas a sabiendas que dañan su salud, y frente al reclamo, la respuesta era una agresión y la amenaza de despido. La empresa mantiene hoy casi la mitad de su personal en el seguro de paro por enfermedades laborales. Dejan a las personas “rotas” como se las llama, para toda la vida, y hoy vemos cómo muchas mujeres y hombres no pueden alzar a sus hijos e hijas en brazos por los dolores que tienen en articulaciones y en la espalda.

En el sector de servicios como en los call centers la juventud debe soportar, además de los ritmos de trabajo y el daño en su salud física y psíquica, el acoso y maltrato permanente de sus supervisores y encargados, donde hasta les piden parte del mísero salario que perciben a modo de tributo por no ser echados.

Las empleadas domésticas, otro sector vulnerado y discriminado históricamente, donde la mayoría son mujeres debiendo soportar la prepotencia de las y los patrones, el abuso de autoridad, los chantajes y el trato cruel.

Desde el movimiento de mujeres no podemos ser ajenas a esta situación que padecen las mujeres trabajadoras y los trabajadores todos los días de su vida junto a la familia obrera.

Motivados por la sed de ganancia, la clase capitalista se apropia de nuestra salud, de nuestros músculos y de nuestra vida y la de nuestras familias como si fuéramos ganado o una pieza más de la máquina. Y todo esto con la complicidad estatal que mira para otro lado, que omite su responsabilidad de controlar las condiciones laborales, que hace la vista gorda siempre a favor del patrón, que no defiende nuestros derechos y que por tanto es cómplice de esta situación.

Pero nuestras vidas valen más que sus ganancias, y es hora de hacerlo notar.

Agrupación de Mujeres Pan y Rosas Uruguay






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