Juventud

UNAM EN HUELGA

CGH de la UNAM, la generación acusada de terrorismo, motín y sabotaje

El 6 de febrero casi un millar de estudiantes enfrentarían cargos increíbles impuestos por el gobierno para acabar con la huelga de fin de siglo de la generación valiente de la UNAM.

Sandra Romero

México | @tklibera

Martes 7 de febrero de 2017

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El 5 de febrero del año 2000 el Consejo General de Huelga de la UNAM realiza una sesión urgente, por la posible entrada de la policía o del ejército a las instalaciones universitarias para romper la huelga.

Cientos de estudiantes, representantes y delegados con voto, llegaríamos por última vez al auditorio Che Guevara de la Facultad de Filosofía y Letras con la UNAM en huelga. Esa misma noche el gobierno comenzaría su desmantelamiento y miles viviríamos un destino incierto bajo órdenes de aprehensión por terrorismo, motín, sabotaje, con el agravante de peligrosidad social.

Sólo el movimiento estudiantil de 1968 y los guerrilleros perseguidos en la década de los 70’s en México habían enfrentado a cargos similares en la historia reciente. Pero el PRI había echado a andar la maquinaria represiva que es parte de su génesis durante toda la huelga, incluida la toma militar de la UNAM, como hizo en el pasado.

El desenlace

Era inminente, a pesar de la simpatía del movimiento estudiantil con la sociedad, la constante del gobierno en no resolver el pliego petitorio del Consejo General de Huelga (CGH), sus maniobras, desgastes, represión, se sumaron a dos hechos centrales: la toma de la preparatoria 3 el 1 de febrero y la realización de un plebiscito impulsado por el rector que legitimaría la toma militar.

Con 9 meses de huelga y múltiples intentos por derrotar a los estudiantes, la resistencia ya era heróica y era clara la capacidad de esta generación al poner sus energías e ideas en defensa de la gratuidad universitaria.

Los últimos meses la derecha empresarial, la Iglesia, políticos e intelectuales del régimen pagaron comunicados en todos los medios donde exigían el retorno del "Estado de derecho". Todos agitaban por la ruptura de la huelga y lanzaban cada vez más agresiones a los huelguistas.

El plebiscito

La preocupación del gobierno eran las elecciones federales con un CGH de pie. Por eso, Rectoría implementó una nueva maniobra con aval de sectores amplios para legitimar la entrada de la policía y el quiebre de la huelga, Juan Ramón de la Fuente anunció la realización de un plebiscito como "Propuesta Institucional" para destrabar "el conflicto".

El PRD y sus dirigentes estudiantiles del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) cerraron filas con el gobierno para firmar la iniciativa, junto a empresarios e intelectuales, escritores, profesores eméritos, entre ellos Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska y Javier Sicilia.

El 20 de enero del 2000 se realiza el plebiscito y la misma semana directivos de todas las facultades y escuelas junto con la Procuraduría federal difunden listas de los huelguistas con órdenes de aprehensión.

La “batalla” por prepa 3

El gobierno orquestó la toma de la preparatoria 3 con policías vestidos de civil, indigentes, porros, desempleados, pagados para atacar a los estudiantes y ocupar el plantel el 1 de febrero. Así ocurrió. Unos 200 golpeadores lanzaron piedras, petardos, botellas y derribaron la puerta principal del plantel. Los estudiantes resistieron heroicamente hasta donde su juventud, número y fuerza les permitió.

El CGH acostumbrado a enfrentarlo todo a pesar de las desventajas, decidió espontáneamente no rendirse a la toma. Las horas siguientes llegaron cientos de activistas de todas las escuelas a defender a los compañeros. Se dio un choque entre esquiroles y huelguistas con heridos de ambos lados, descalabrados por la "guerra" de piedras y objetos.

Fue una provocación que buscaba concentrar al núcleo duro de la huelga para meterlos presos. Un millar de policías federales llegaron y formaron una valla frente al plantel, luego la prensa y detrás de ellos cientos de padres de familia y vecinos que cantaban consignas y exigían se fueran los federales.

La policía ocupó la entrada, la toma era inminente. Casi 500 huelguistas decidimos tomarnos de los brazos en un enorme círculo humano en la explanada, hasta ahí entró la policía a sacar uno por uno. La “batalla” por cada compañero duró un par de horas, arrebatado del círculo a jalones, cachazos y patadas entre cantos, gritos y consignas. Subían a golpes a los estudiantes en camiones que iban directo al Reclusorio Norte, aunque amenazaban diciendo que iban al Campo Militar.

Por decisión conjunta algunos de los mayores y compañeros de En Lucha ocuparon el frente, detrás resguardamos algunos compañeros de Contracorriente de Acatlán y Cuautitlán entre otros. Los más jóvenes iban al centro.

Del último bloque unos 70 estudiantes no fuimos trasladados, la cantidad de gente solidaria, sus gritos, su rabia, los empujones a la policía y la actuación del abogado Juan de Dios Monje peleando entre las vallas, lo impidieron. Sólo nos hincaron en el piso una media hora entre amenazas y algunas patadas, pero logramos salir.

La toma de la UNAM por la PFP

El último diálogo entre Rectoría y el CGH los estudiantes exigían un compromiso de diálogo y la libertad de 500 estudiantes presos días antes. Las autoridades deciden levantarse de la mesa sin llegar a un acuerdo. La toma de Ciudad Universitaria estaba decidida.

La situación era crítica, el CGH así lo discutió la madrugada del 6 de febrero, donde asumió que el gobierno pagaría los costos de su decisión militar de cara a las elecciones permaneciendo en las instalaciones.

A las 6:00 am los federales tomaron el auditorio Che Guevara primero y el resto de CU y escuelas periféricas después. Con armas largas y escudos acorralaron a los estudiantes, separaron y trasladaron aparte a los activistas más conocidos, con el grupo de élite de rostros cubiertos.

La enorme fila de militares dirigía a los estudiantes a camiones que los llevarían a dos instalaciones de la Procuraduría federal, donde los compañeros serían drogados con la comida para evitar resistencias. No podrían tener cobijas, abogados, ni toallas sanitarias las compañeras en 24 horas.

Comenzaba una batalla legal entre cargos irrisorios y multitudinarias protestas por la libertad a los presos políticos. Algunos saldrían en días, otros en meses.

Un movimiento orgulloso de su lucha y sus motivos, convencidos de que lo que estaba en juego era el futuro de la universidad pública y gratuita en México. La huelga fue quebrada, pero las cuotas no se impusieron gracias a ella, de lo contrario hoy serían impagables por miles de estudiantes que cursan actualmente en la UNAM.

Sin embargo la elitización ha avanzado por otras vías, para enfrentar estos ataques a la educación pública, habremos de sacar lección de esta lucha y pensar cómo retomar su legado.






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