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Traslasierra/ Violencia policial

Brutalidad policial en Traslasierra

En Traslasierra, Córdoba, al igual que en el resto del país ha aumentado notablemente la violencia y el abuso policial. ¿Una medida común de los gobiernos provincial y nacional para enfrentar la pandemia y la crisis en curso?

Jueves 23 de julio | 11:25

Fernando (seudónimo utilizado para no revelar su identidad) es un joven de Villa Dolores que nos hizo llegar su denuncia. El pasado miércoles la policía llevo detenido a sus dos hermanos. “Mi hermano salió a comprar y de regreso lo detiene un patrullero, le piden documentación y su numeración era impar (ese día debían circular los números pares), si estaba mal que haya salido pero ninguno podía hacer los mandados en mi familia. Le dicen que lo van a llevar detenido, mi hermano explica que solo había salido a comprar. Lo esposaron y ante su resistencia lo tiran al piso presionándole la espalda con la rodilla, ahí comienzan los golpes en las costillas, en la cara, le dejaron el ojo morado, se burlaban de él y no escuchaban sus explicaciones. Nosotros no salimos para nada de casa. Solo a comprar y a buscar leña. Mientras estaba sucediendo esto un vecino le avisa a mi otro hermano lo sucedido, quien sale y le pregunta a los policías por qué se lo quieren llevar detenido y por qué se estaba ejerciendo semejante violencia, la respuesta de uno de los policías fue: llévenlo a ese también. A esto ya se habían sumado dos patrullas más. Inmediatamente lo agarraron del cuello y lo metieron dentro del móvil. En la comisaria ningún policía respetó las medidas de seguridad, no tenían barbijo, eso es solo otro detalle. Mis hermanos estuvieron detenidos en una celda con varias personas más, sin ningún aislamiento, quienes compartían la celda corrieron la misma suerte que ellos los hechos se repetían. Y te dicen que están para cuidarnos, así se manejan, fueron hechos muy graves”.

Sobradas denuncias recibimos de jóvenes del Valle de Traslasierra que sufrieron abuso y amedrentamientos por parte de las fuerzas policiales. Los casos se suman a diario, pero no todos se animan a hacer pública su denuncia por miedo a represalias.

La alarmante militarización en las calles va de la mano de la brutalidad policial descargada centralmente en los barrios populares y en la juventud. La violencia policial es de clase.

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Es responsabilidad de los gobiernos tanto provincial como nacional el empoderamiento que se le dio a las fuerzas represivas. Lejos de invertir en salud y tomar medidas para que toda la población pueda guardar aislamiento, se incrementó la cantidad de policía en las calles.

Nada bueno puede venir con mayor militarización.

Estos no son casos aislados al igual que la desaparición de Facundo Castro, quien hace más de 80 días falta de su casa. La última vez que se lo vio fue arriba de un patrullero. La policía no está para cuidarnos o hacer respetar la cuarentena, eso es solo un discurso para justificar su presencia en las calles. La crisis sanitaria y económica ha dejado miles de familias sin trabajo y los gobiernos lejos de contemplar las necesidades de estos sectores que están padeciendo el ajuste, responden con más represión para mantener el control social a través de sus fuerzas represivas, esa es la verdadera razón por la que se le otorgo tanto poder. Temen a la movilización popular.

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Mariano fue otra víctima en Mina Clavero (localidad que se encuentra en fase 4). La noche del jueves fue detenido. “Estábamos con mi amigo charlando en el río, nos identificamos de inmediato cuando llego el móvil para no tener ningún problema porque sabemos cómo es la policía. Pero llegaron más oficiales justo cuando nos estábamos yendo. Exaltado uno de ellos me agarra y me tira al suelo, me dice que no me iba a ir esa noche. Me esposaron y me llevaron a la comisaria y fue allí donde comenzaron las torturas, me golpearon en la cara y abdomen, me agarraban del pelo y me golpeaban contra la pared burlándose, luego ataron con una bufanda las esposas a mis pies, me cortaron la nariz, recibí patadas por todos lados. Estuve más de 6 horas dentro del calabozo. A la mañana siguiente fui llevado al hospital porque el corte en la nariz era muy profundo y había que hacer puntos. De seguro no contaron los hechos como sucedieron. Cuando quedé libre y pedí los nombres de los oficiales lo único que recibí como respuesta fue que me estaban vigilando”.

Santiago Corona periodista de un medio local dio a conocer dos casos más. Uno en Villa Dolores y otro en Villa de las Rosas. También dos jóvenes que contaron cómo fueron tratados a manos de la policía.

Estos casos se suman a la violencia policial que recorre el país, está claro que esta institución quiere imponer el miedo a través de la represión, pero no se puede seguir callando. Es necesario que se escuche la voz de quienes fueron y son víctimas de estos abusos. Es imperioso repudiar estos hechos que son moneda corriente y se acrecentaron durante la cuarentena. Debemos fortalecer la pelea contra el encubrimiento y la impunidad de las fuerzas policiales.

Darle más poder a las fuerzas represivas significa gatillo fácil y brutalidad policial. En particular en Traslasierra se ha incrementado la cantidad de policías.

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No se puede naturalizar el hostigamiento y la persecución policial. Córdoba tiene historia de lucha contra la violencia policial en cada Marcha de la Gorra en la que se movilizan cientos levantando sus demandas contra el Gatillo Fácil. Si fuiste víctima de abuso policial podes hacernos llegar tu denuncia a La Izquierda Diario.







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