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MÉXICO-EE. UU.

Brutal impacto del tráfico de armas de EE. UU. a México contradice dichos de Trump

Es el tráfico de armas uno de los principales factores que abonan a la violencia en México, según el informe “Mas allá de nuestras fronteras: cuánto contribuyen las débiles leyes de EU a la violencia en el extranjero”, del Center for American Progress (CAP).

Bárbara Funes

México D.F |

Viernes 2 de febrero | 17:35

“El impacto rampante del tráfico de armas de Estados Unidos a México ha sido devastador”, según dicho informe.

Puntualiza el reporte que “En 2017 México registró el nivel más alto de homicidios cometidos en los últimos 20 años, con un promedio de 20.5 homicidios por cada 100 mil habitantes. Aunque estas cifras se derivan en parte por los altos niveles de impunidad para con el comportamiento criminal, el acceso a las armas de fuego es uno de los factores que lo han disparado. En 1997, 15% de los homicidios se cometieron con armas de fuego, pero en 2017 se incrementó a 66%”.

En el documento se expone que “Las armas estadounidenses utilizadas para cometer crímenes en países cercanos se utilizaron cada 31 minutos”.

Así exporta violencia Estados Unidos

Sólo entre 2014 y 2016, se confiscaron 50,133 armas -exportadas desde Estados Unidos- en 15 naciones de América del Norte, Centroamérica y el Caribe.

Según el informe citado, en promedio, sólo por la vía legal Estados Unidos exporta alrededor de 298 mil armas cada año.

A su vez, el tráfico ilegal que se posibilita por la debilidad de las leyes que promueven la compra, uso y portación de armas de todo tipo en EE. UU., podría ser muy superior a las estadísticas oficiales, como lo calcula el CAP.

De acuerdo con la investigación del CAP, “en 2015 un grupo de traficantes de armas compro más de 100 armas en el mercado al mayoreo en la zona del Valle de Río Grande, Texas, de las cuales por lo menos 14 fueron recuperadas en México”.

Según cifras del Buró de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés) -la agencia federal estadunidense encargada de vigilar y regular la venta de armas- cada año se trafican a México unas 213,000 armas producidas y manufacturadas en los Estados Unidos. Aproximadamente la mitad son rifles y pistolas semiautomáticas como AK-47, AR-15 y sus variantes. Se trata de armamento utilizado por el crimen organizado.

La Oficina Gubernamental de la Contraloría (GAO, por sus siglas en inglés) dependiente del Congreso federal estadunidense reporta que de 2009 a 2014, la mayoría de las armas involucradas en crímenes y recuperadas en México y que fueron compradas en Estados Unidos, procedieron de estados del sur de este país; 41% de Texas, 19% de California y 15% de Arizona.

Estos datos desmienten los burdos argumentos del presidente Donald Trump para desplegar las políticas anti inmigratorias.

Mientras Trump vociferó una y otra vez que Estados Unidos necesita cerrar sus fronteras y restringir la inmigración para prevenir el ingreso de “criminales violentos”, con la exportación creciente de armas al sur del río Bravo se evidencia que es desde el crimen organizado y las corporaciones fabricantes de armas que se fomenta la violencia en México y Centroamérica.

La injerencia estadounidense

El caso de la Operación Rápido y Furioso ya había revelado la participación también de las autoridades estadounidenses en el tráfico de armas, como explicamos acá.

Esto va de la mano de la financiación a través de la Iniciativa Mérida (2008), de la llamada “guerra contra el narcotráfico” y la militarización de México y Centroamérica. Sólo en México, el saldo es terrible: más de 30 mil desaparecidos, un millón de desplazados y más de 200 mil asesinatos.

A su vera florecieron el tráfico de drogas, de armas, de niñas y mujeres. Desapariciones forzadas. Ejecuciones sumarias. Torturas. Feminicidios. Todos fenómenos aberrantes que son consecuencias de la alianza reaccionaria entre las fuerzas represivas, los tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) y la administración estadounidense, que más allá de su signo político mantiene como estrategia el incremento de la explotación capitalista.

Están unidos contra la clase trabajadora, las mujeres y la juventud, para imponer su “orden”, para sofocar la protesta social y avanzar en la recolonización de la región, el saqueo y la expoliación en beneficio de las trasnacionales y al imperialismo estadounidense.

Para enfrentar al cártel de los poderosos, es urgente forjar la alianza de la clase trabajadora y los sectores populares de Centroamérica, México y Estados Unidos, empezando por su comunidad latina. Sólo así se puede poner un alto a la injerencia imperialista y a la militarización en la región.

Con información de Proceso






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