Cultura

[Entrevistas] Miradas sobre cine e historia

Bruck: “Las imágenes críticas de la crisis actual ya se están construyendo colectivamente”

Violeta Bruck es documentalista, estudió Cine y Comunicación Audiovisual. Es parte del colectivo Contraimagen. Co-realizadora de “Memoria para reincidentes” y “La internacional del fin del mundo”.

Viernes 5 de junio | 00:00

LID: El historiador Marc Ferro sostenía que el cine opera como recurso para acceder a la Historia, dándole casi estatus de documento histórico. Alteremos la fórmula, ¿Cuál ha sido el influjo de la historia social y política en el cine nacional? O antes, ¿existe esa influencia, es válida la pregunta para este campo artístico?

Violeta Bruck: La influencia de la historia social y política se manifiesta en el cine de múltiples formas. En el terreno de la producción, la distribución y exhibición cada momento plantea condiciones materiales específicas, junto a debates políticos e ideológicos, que generan tanto aperturas como mecanismos de censura. Los sectores de poder, ya sean económicos o políticos, han tenido diferentes relaciones con la industria y a su vez, en distintos momentos se desarrollaron corrientes alternativas a las hegemónicas, críticas o renovadoras. La experiencia del cine independiente se expresó en la historia del cine nacional a través de diversos movimientos en ficción y documental, como también en la distribución con una gran experiencia de cineclubes.

Desde el punto de vista del cine documental y militante, que es el campo específico en donde se desarrolla mi actividad, se pueden plantear distintas etapas. El cine llegó muy temprano a la Argentina y los primeros registros documentales, del tipo “vistas Lumiere” o noticieros, fueron impulsados por iniciativas privadas. En general eran empresarios de la fotografía, que apuntaron sus lentes a los eventos de la alta sociedad o actos de gobierno, buscando construir un tipo de identidad, sin apuntar su mirada a las importantes luchas sociales de las primeras décadas del siglo XX.

Por otro lado, desde la ficción sí existieron en esos años algunas experiencias que presentaron una mirada crítica como Juan sin ropa, entre otras. En el campo documental, fue recién a mediados de la década del ‘50, con la experiencia de Fernando Birri y la Escuela de Cine de Santa Fe cuando comienza un nuevo camino. El manifiesto de esta Escuela, publicado en 1962, da cuenta de la influencia de la Revolución Cubana y los movimientos de la época, cuando habla de la función “revolucionaria del documental social” y termina con la frase, “el cine que se haga cómplice de ese subdesarrollo, es subcine”. Es un punto de giro y un puntapié para todo el cine documental y militante que se desarrollará en las décadas siguientes, en donde la influencia social y política del momento se expresará a través de las obras y los realizadores en toda su amplitud. El golpe del 1976 y sus coordenadas políticas y económicas generan una influencia en sentido opuesto. Se impone la censura y persecución, con desapariciones, cierres de escuelas. La producción documental se detiene o busca vías clandestinas y en el exilio. A partir de la vuelta de la democracia se iniciará una nueva etapa.

LID: Si diéramos una vuelta por el planeta cinematográfico, desde el cine mudo y sonoro, el expresionismo alemán, las vanguardias rusas; el cine de autor, el de los ‘60 y los ‘90 europeo y latinoamericano; el cine documental ¿Cuáles le parecen han sido las mayores influencias en la historia de la producción cinematográfica nacional? ¿A qué lo atribuye?

Violeta Bruck: Las influencias de distintos movimientos y corrientes cinematográficas han sido múltiples, como también la propia producción cultural nacional de diversas disciplinas (literatura, teatro, música) tiene un diálogo permanente con la producción cinematográfica. Creo que la producción del cine nacional es tan diversa y amplia como sus influencias. El cine de hitos históricos, de teléfonos blancos, el melodrama, la influencia del neorrealismo italiano y el cine de autor, el cine político, todos estos movimientos que se encuentran en cinematografías mundiales tuvieron influencias, con apropiaciones específicas o traducciones nacionales, en autores y obras del país. Pero también el cine realizado en el país tuvo su impacto y reconocimiento internacional.

Uno de los movimientos más influyentes es el Nuevo Cine Latinoamericano, del que importantes cineastas de nuestro país fueron parte y establecieron un diálogo con influencias mutuas entre realizadores de todo el continente. A través de encuentros y festivales de profundos debates estéticos y políticos, con un reconocimiento internacional a partir de obras emblemáticas como las de Glauber Rocha, Santiago Alvarez, Sara Gomez, Pino Solanas, Raymundo Gleyzer, Miguel Littin, Jorge Sanjinés, entre muchos otros, fue uno de los movimientos más significativos e influyentes en la cinematografía latinoamericana.

LID: Si pensamos en el cine argentino de intervención política, asociado al concepto de cine militante, ¿qué temáticas, qué momentos rescatarías en la experiencia nacional? ¿Es posible reconocer huellas de estas experiencias en el cine actual? ¿En qué sentidos, de qué manera?

Violeta Bruck: La tradición del cine militante o de intervención política a nivel nacional es profunda. Hay algunos ejes que tienen un desarrollo importante. Por un lado hay un importante recorrido de producciones que abordan temáticas relacionadas con los derechos humanos y la violencia institucional, también están las relacionadas con luchas de trabajadores y conflictos sociales, y en los últimos años y creciendo con más fuerza hay una importante producción que aborda temáticas de la lucha feminista y la diversidad sexual.

Los momentos más destacados tienen que ver con la intensidad de la producción relacionada a situaciones históricas convulsivas. Por un lado, el cine político y militante que se desarrolla desde fines de los ‘60 y los años ‘70 al calor del ascenso obrero y popular del período. Y por otro, el que se expande a partir de las movilizaciones de diciembre de 2001. Hay distintas conexiones entre los dos momentos, el pensamiento de crear un cine de “contra-información”, de impulsar la realización colectiva, de sumar a los protagonistas como parte de la realización, de buscar el ida y vuelta con el público. También hay lineamientos políticos que a grandes rasgos se sostienen y se relacionan con ideas que transitan el imaginario nacional, por un lado un cine más identificado con las ideas de la corriente nacional y popular del peronismo y por otro un sector relacionado con sectores clasistas, identificados con el marxismo y la izquierda. Estas identidades pueden encontrarse tanto en los años ‘70 con los Grupos Cine Liberación (impulsado por Solanas y Getino) y Cine de la Base (impulsado por Raymundo Gleyzer), como en colectivos y realizadores de las últimas décadas.

Si la experiencia del cine militante de los ‘70 es cortada con el golpe y la represión, el que surge alrededor del 2001 toma distintos caminos. Algunos siguen la institucionalización que se produce en los años del kirchnerismo y otros se mantienen independientes, unida a distintos movimientos de izquierda y populares. La recuperación de la figura de Raymundo Gleyzer desde el Estado, con concursos del Incaa que llevan su nombre, da cuenta de este proceso contradictorio, una institucionalización que se acompaña borrando las huellas más revolucionarias de su experiencia.

Más allá de estos momentos destacados hay antecedentes previos, incluso bien tempranos como los documentales filmados por Luis Orsetti, que a comienzos de los años treinta filma en 16mm la marginación social en la ciudad de Buenos Aires y lamentablemente no se conservan copias. En la actualidad hay una amplia producción audiovisual con una mirada política y militante que se expresa en múltiples formatos, desde largometrajes de ficción y documental, series, cortos de difusión por redes, y canales alternativos.

Las huellas de las producciones de otros momentos históricos siempre están presentes, y se renuevan creando prácticas, miradas y lenguajes originales. Las nuevas tecnologías aportan también a la construcción de nuevos lenguajes. El cine militante de hoy, que mantiene viva esa llama por buscar las formas de aportar a transformar el mundo, necesita apropiarse de todas las innovaciones tecnológicas y, como en cada momento histórico, necesita rescatar también la experiencia para poder cuestionarla y transformarla creativamente en algo nuevo.

LID: La crisis económica y social que arrastra la pandemia abre escenarios en el que no están descartadas postales dramáticas, la emergencia de nuevos cuestionamientos al capitalismo globalizado, sus expresiones culturales y las modalidades vinculares que promueven las tecnologías, etc. ¿Cómo ha tratado o viene abordando el cine este tipo de circunstancias o momentos de cambios sociales más profundos?

Violeta Bruck: En distintos momentos de crisis el cine ha transitado cambios y renovaciones profundas, seguramente el actual se constituya en un nuevo capítulo. Hace unos meses, cuando las luchas en Chile llenaban las calles y las plazas, el movimiento generó un fuerte impacto en la cultura y el arte. Nuevas prácticas y nuevas imágenes emergieron. En esos días el documentalista Ignacio Agüero planteó en una entrevista una reflexión interesante “Si a las marchas van un millón de personas, hay un millón de personas filmando todo el rato, está todo filmado. ¿Qué hace el cineasta? Creo que el cineasta debe participar como uno más solamente y luego esperar, esperar para elaborar. ¿Qué va a elaborar? No sabemos. Pero digamos que hoy ha cambiado la cuestión. Cuando no existía la tecnología que hace que todo el mundo pueda filmar, el documentalista tenía la responsabilidad de hacer algo inmediatamente con eso, distribuirlo y mostrarlo.”

Las imágenes críticas de la crisis actual, sanitaria, económica, social ya se están construyendo colectivamente. Documentalistas, periodistas, corresponsales, trabajadores de la salud, jóvenes precarizados de distintas partes del mundo, están registrando una realidad completamente nueva. La dimensión de un cine de contra-información está hoy extendida en miles de dispositivos con una democratización de la imagen. Por otro lado, en momentos como el actual, muchas ideas son puestas en cuestión y surgen nuevos pensamientos con perspectivas críticas del capitalismo. Es de esperarse que surjan nuevas producciones audiovisuales que tanto en forma como contenido expresen los nuevos tiempos. Nada volverá a ser igual.

LID: Las condiciones de aislamiento social impusieron cambios de hábitos respecto al consumo de películas disponibles on line, el cine pasa a ser mucho más de consumo individual. ¿Qué consecuencias puede tener? ¿Cambiarán las formas de exhibición? ¿Qué perspectivas y condiciones de financiamiento se pueden esperar para la industria y la comunidad cinematográfica?

Violeta Bruck: Las consecuencias de la pandemia en el campo audiovisual son muy fuertes y se expresan en distintos ámbitos. Por un lado hay un golpe económico a la actividad, en donde se pierden miles de puestos de trabajo, esto es así a nivel mundial y en nuestro país, que viene con una estructura precarizada en el sector, la situación es de emergencia. La contradicción que se marca es que hoy como nunca se consumen producciones audiovisuales en todo tipo de pantallas, crecen rápidamente los servicios de streaming pero, por otro lado, los productores de estos contenidos están perdiendo fuentes de trabajo y ven un futuro cada vez más complejo. Es así que hay un debate abierto sobre la necesidad de avanzar con impuestos extraordinarios a las plataformas digitales como Netflix, entre otras, que están haciendo grandes negocios y destinar esos fondos a los trabajadores audiovisuales. Es parte del debate que cruza al conjunto de la sociedad, la necesidad de impulsar medidas como impuestos a las grandes fortunas, para que las consecuencias de la crisis por la pandemia no recaigan cada vez más en los sectores populares.

LID: Lectura sugerida y película que recomiendes.

Violeta Bruck: Tengo para recomendar una serie de películas que venimos difundiendo a través del Ciclo “Cine y Pandemia” en este mismo diario. Elegimos hacer un recorte que relaciona temáticas de películas con aspectos que atraviesan nuestra realidad y podemos ver que en la historia del cine hay una enorme producción que nos aporta ideas o experiencias para pensar la situación que estamos atravesando. En la apertura y final de cada emisión hay una frase de Luis Buñuel “el día que el ojo del cine realmente vea y nos permita ver, el mundo estallará en llamas” la elegimos porque nos interesa difundir ese tipo de cine que enfrenta los dictados del mercado y apuesta a ampliar el imaginario de la humanidad.

En cuanto a una lectura sobre cine sugiero Memorias de un cineasta bolchevique de Dziga Vertov. Más allá de las distancias geográficas, históricas y tecnológicas, este texto expresa un pensamiento original sobre el cine en el marco de la influencia histórica de la revolución rusa, y especialmente transmite un entusiasmo poderoso por unir el cine a la transformación social, un aliento indispensable para los tiempos que corren.

Documentalistas, periodistas, corresponsales, trabajadores de la salud, jóvenes precarizados de distintas partes del mundo, están registrando una realidad completamente nueva. La dimensión de un cine de contra-información está hoy extendida en miles de dispositivos con una democratización de la imagen. (...) Es de esperarse que surjan nuevas producciones audiovisuales que tanto en forma como contenido expresen los nuevos tiempos.

Acerca del entrevistado

Violeta Bruck es documentalista, estudió Cine y Profesorado en Comunicación Audiovisual en la Facultad de Bellas Artes de La Plata. Es parte del colectivo Contraimagen, con quienes realiza producciones audiovisuales desde fines de los años ‘90 y luego impulsan las iniciativas de TVPTS y La Izquierda Diario Multimedia. Es co-realizadora de los documentales Memoria para reincidentes y La internacional del fin del mundo.







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