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OPINIÓN

Breve historia del millonario que quiere a sus obreros en la calle o esclavos

Aportó a la campaña de Macri, es uno de los más ricos de la Argentina, tiene fortunas en los paraísos fiscales y la dictadura decidió que el pueblo pague sus deudas millonarias.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Miércoles 13 de febrero | 20:15

Javier Santiago Madanes Quintanilla mira la cámara y sonríe. Luce un look informal pero estira el brazo para que el fotógrafo de Forbes capte sus gemelos de oro. Se lo enseñaron desde chico.

Ese mismo hombre, quizás con la misma sonrisa, hace pocos días presentó un Procedimiento Preventivo de Crisis que tiene en vilo a sus trabajadores de Fate. Te contamos quién es, de dónde sacó su dinero y qué busca con este nuevo ataque.

La cuna de oro y la teta del Estado. Nació varios años después de la fábrica que luego heredó, así que ya tenía cuna de oro. Como hijo único de Dolores Madanes Quintanilla, heredó un imperio que había crecido con ayuda del Estado, sobre todo cuando lo gobernaban gorras y botas.

Aunque Fate fue fundada en los ’40, recién se convertiría en uno de los referentes de la “burguesía nacional” en 1971. Ese año, el dictador Alejandro Lanusse le adjudicó el monopolio del aluminio a través de Aluar. Otra dictadura le haría un favor tan o más grande que ese: en 1982 Domingo Cavallo estatizaría la deuda privada de Fate y otras grandes empresas. 223 millones de dólares que seguimos pagando todos.

Quizá nadie igualó aquellos favores, pero lo cierto es que los Madanes siempre mamaron de la teta del Estado, gobierne quien gobierne. Recibió subsidios y favores durante todos los gobiernos radicales y peronistas. Sin excepciones.

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A veces devolvió migajas de esos favores, es cierto. Como cuando en las últimas elecciones, en 2017, aportó el máximo 3 millones de pesos a la campaña de Cambiemos. Era lo máximo que se podía.

En barrio de ricachones. Javier Santiago no es un empresario más. Es uno de los hombres más millonarios de la Argentina, según la revista Forbes. Tiene una fortuna personal de 1.600 millones de dólares, 61.000 millones de pesos. Leíste bien, aunque seguro no te podés imaginar cuánta guita es eso. Para tener una idea, es igual al presupuesto total de la provincia de Jujuy para el año 2019. Con esa plata se podrían construir 1.000 escuelas, o 2.000 jardines o 50 hospitales.

¿Y cómo hizo tanta plata?, te preguntás. Por un lado, con esos favores del Estado que decíamos. Por otro, con todo tipo de maniobras a las que acostumbran los patrones. Entre ellas la evasión fiscal. En 2013 el diario La Nación reveló una serie de fideicomisos y sociedades offshore que el grupo tenía en las Islas Cook, Bahamas, Islas Vírgenes y Panamá, todas conectadas a cuentas en Suiza. Hace poco fue incluido entre los grupos que fueron descubiertos en los Panama Papers. Pero además, fueron parte de los empresarios que se sumaron al “blanqueo de capitales” impulsado por Macri para emprolijar, un poco al menos, los chanchullos a los que acostumbra su familia y los dueños de Fate. Javier Madanes Quintanilla y Miguel Madanes “blanquearon” $ 1.279 millones.

Si hablamos de “ladrones de guante blanco”, se puede decir que Javier Santiago es el jefe de la banda o le pega en el palo.

Del clan de los chupasangres y los rompehuesos. Pero además de todo eso, hay un robo mayor digamos. Los dólares que giran a sus paraísos fiscales salen de la sangre, el sudor y las lágrimas de sus ahora 4.500 trabajadores y trabajadoras. Son quienes están detrás de los hornos de Aluar y las líneas de Fate.

Son los que hacen funcionar el gigante del aluminio pero se llevan migajas. O mueren en el intento. Como los 10 tercerizados sepultados por el silo que construían en junio de 2007. La mayoría eran bolivianos, que para Javier Santiago son trabajadores de segunda como los cientos de tercerizados de Fate.

Una explotación que se nutre de los convenios por empresa, negociados durante el menemismo. Pero que fueron refrendados en 2003, por eso la productividad por hora trabajada en el neumático aumentó un 34 % entre 2003 y 2011. Con las mismas máquinas. En esos años los trabajadores de Radial Camión calcularon que con un día de su trabajo la empresa ganaba el dinero suficiente para pagar el salario mensual de todos los obreros del sector, y además le sobraban $ 200 mil.

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Así Madanes logró que en Fate muchos trabajadores estén rotos. “Calcula un turno completo fuera de la fábrica, cientos de compañeros. La mayoría son jóvenes. Tendinitis, hernia de disco, lumbalgia, quebraduras” cuenta un obrero. Como Saúl Romero, que perdió su brazo, o Javier Bertolotti que apenas salvó su vida el año pasado. Como los que no pueden levantar a sus hijes en brazos cuando llegan a casa.

¿Qué más querés Madanes Quintanilla? Pero a Javier Santiago no le alcanza. Ni sus 61 mil millones, ni los paraísos fiscales, ni los cientos de cuerpos rotos. Parece que se dio cuenta que el año pasado ganó unos millones menos y se le ocurrió quiénes pueden pagar los platos rotos. Adivinaste. Le quiere sacar el pan de la boca a 437 familias. Y además avanzar con más flexibilización laboral. “Cada crisis es una oportunidad” leyó alguna vez en un manual de managment.

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Pero ya mostramos esta semana, Fate no tiene una crisis. Si tomamos sus propios balances, en los últimos 4 años tuvo ganancias por 13.400.000 dólares. Si algún balance dio perdida, los otros dieron ganancias. Es difícil creerle a la “contabilidad creativa” de los patrones, mucho más conociendo la historia de los Madanes. Pero aun así la siguen levantando en pala.

Este nuevo saqueo a los trabajadores de Fate y su sindicato no puede pasar. Los quieren desocupados o esclavos. Por eso es un caso testigo para toda la clase obrera. Tenemos que apoyarlos, todos tienen que hacerlo. Porque ganan las familias obreras o ganan los parásitos.

Foto: Leonardo Sánchez para Forbes







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