Internacional

DEBATE PROGRAMÁTICO EN BRASIL

Brasil: un programa para terminar en serio con el sometimiento

Un debate sobre que alternativa es necesaria ante la entrega de fortunas en pagos por la deuda y las gigantescas fugas de millones de dólares que las multinacionales extraen de Brasil.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Martes 22 de mayo | Edición del día

Entregan fortunas a dueños de la deuda y permiten gigantescas fugas de miles de millones de dólares al año de las multinacionales para pagar accionistas con más plusvalía extraída de Brasil. En definitiva, un país que cuanto más riquezas produce o retira del fondo del mar, más vorazmente es atacado y servido en bandeja.

“Brasil del futuro” en los planes de Bovespa, Wall Street, Temer y de los tucanos es cada vez más una versión dependiente y atrasada de millones de pobres, en su mayoría negros, y una ínfima minoría que vive ostentosamente de sus rentas, ganancias y propiedades. Un país que ya era violentamente desigual y lo será aún más: por un lado, millonarios que viven como sheiks y se transportan desde y hacia Nova York, París y Dubái; y, por el otro, la pobreza, el desempleo, la precarización laboral y las changas como medio para subsistir.

Quieren un país sumamente dependiente del campo y de la exportación de materias primas como el hierro, el petróleo y la soja. Estos tres productos equivalen a casi una quinta parte de la economía brasileña. Un país extremadamente urbanizado, pero que se des-industrializa, año tras año, agravando así las condiciones sociales en cada gran ciudad. Un país que entrega cada gota de riqueza nacional al imperialismo.

Este es el programa de sometimiento que está siendo implementado por Temer. Fue debido a este proyecto, cínicamente bautizado como “Puente hacia el Futuro”, que Lava Jato, Globo y Washington pusieron a Temer en el poder.

El imperialismo ya no tolera más las formas en que sometía a Brasil durante el período lulista. El golpe no sólo se llevó a cabo para implementar mayores ataques que el PT venía haciendo, sino también para acelerar y profundizar la sumisión a los deseos de Washington.

La política de Trump de “America First” no es un mero capricho de locos, sino una acción que responde a determinaciones materiales y a las relaciones entre las clases sociales. Con el aumento de la tasa de intereses y el retorno de un “nacionalismo económico”, Estados Unidos le demuestra a todos cómo quiere mantenerse como principal potencia económica del mundo a costa de otras naciones.

Las consecuencias de la política de aumento de los intereses son graves en todo el llamado “mundo en desarrollo”. La globalización implicó un determinado libre tráfico de capitales que fluían hacia las semicolonias, buscando una revalorización más rápida y aún mayor. Al reducir la diferencia de lo que el dinero puede rendir en títulos de la deuda yanqui, comparado con los títulos de la deuda brasileña, argentina, turca, sudafricana, una parte de estos capitales se va, vuelve a los Estados Unidos, presionando para que haya una devaluación de la moneda y un aumento de la tasa de intereses, para seguir atrayendo y abonando capitales imperialistas con parte de lo que se extrae de plusvalía en Brasil.

Pero esta ofensiva va más allá y antecede a Trump. Trump es sólo una expresión particular de una transformación en la política externa, en particular hacia América Latina. Luego de junio de 2013, se abrió una etapa de crisis orgánica en Brasil, en que desencadenó la operación Lava Jato, siendo sus actores principales varios jueces y fiscales formados en Estados Unidos, con derecho incluso a pasantías de 1 año en el Departamento de Justicia, como lo hizo Sergio Moro. Tras cinco años del inicio de la Lava Jato y dos del comienzo del golpe institucional, el Poder Judicial brasileño cuenta con un documento oficial, proveniente de la Casa Blanca, denominado “Estrategia de Defensa Nacional”, como su principal herramienta de actuación en Latinoamérica.

La política concreta de Lava Jato tiene como objetivo destruir todos los márgenes de maniobra conquistados en el último período por las burguesías del continente, en particular la brasileña, además de lanzar algunas advertencias a diferentes imperialismos europeos. Esto queda claro cuando Lava Jato, además de atacar empresas brasileñas, menciona y multa a empresas europeas, pero nunca menciona y/o multa una empresa estadounidense.

Ahora las condiciones internacionales y la política yanqui están opuestas. Los márgenes se achicaron.

Un inmenso saqueo imperialista que aumentó durante el gobierno del PT

A diferencia de los discursos actuales, la penetración imperialista aumentó en los años que gobernó el PT, aunque hayan surgido empresas “global players” y hubiese algunos cambios en la diplomacia.

Mientras que las inversiones extranjeras en Brasil pegaron un salto significativo durante el período de Fernando Henrique Cardoso, pasando de 6% en 1995 a 17% del PIB en 2000, esta tendencia siguió en aumento con el PT, alcanzando los 25% en 2014. Simultáneamente, el Banco Central de Brasil notó que las empresas que tenían, por ejemplo, como mínimo 10% de su capital con derecho a voto extranjero pasaron de representar con sus ventas 27,2% del PIB en 2010 a exorbitantes 59% en 2015. Desde el punto de vista de la propiedad de los “activos”, el salto de estas empresas que son controladas mayoritaria o minoritariamente por el imperialismo es aún más descomunal: pasaron de 42% a 85% del PIB durante el primer mandato de Dilma Roussef. Es decir, debemos resaltar que durante el gobierno Dilma ¡se duplicó lo que las empresas extranjeras controlan o se benefician en Brasil!

Líneas enteras de producción están completamente o mayoritariamente controladas por el imperialismo, como la producción automovilística, las semillas, los fertilizantes (dado que en el gobierno Temer Petrobras cerró sus fábricas, las únicas del sector en todo Brasil), la rama farmacéutica, química, entre otros sectores. Nada de esto se modificó durante el gobierno del PT. Al contrario: hubo un aumento considerable, aunque el país intentó desarrollar nuevas tecnologías con buques de perforación, submarinos nucleares y buscó ’parcialmente’ cambiar su política externa.

Ninguna de las condiciones de dependencia de Brasil con el imperialismo se rompió en los 13 años de gobierno del PT y ni siquiera ahora este partido se propone a hacerlo tras el golpe. La deuda externa brasileña, supuestamente pagada, sigue creciendo y a esta le debemos sumar una enorme deuda interna de R$ 6,8 trillones sólo de intereses y del pago "principal" que se generó entre 2007 y 2015, mientras que el monto total de la deuda interna aumentaba de R$ 1.237 trillones a R$ 2.793 trillones. O sea, pagaron la deuda en Brasil y esta se duplicó en el mismo período, siendo el apogeo del lulismo, el auge de la supuesta soberanía.

La sumisión al imperialismo ocurrió de forma aberrante en la época lulista, en un escenario internacional favorable, y ahora el mismo programa sólo puede generar mayor sometimiento.

Entre la continuidad de la sumisión al imperialismo con el PT y su avance con los golpistas

Pero el imperialismo yanqui, en ofensiva internacional y particularmente en América Latina, quiere una sumisión aún más grande. Si se bancaron en otra coyuntura internacional que hubiesen “global players” brasileñas, ahora ya no más. Si antes de consumar el primer movimiento del golpe institucional (el impeachment) ya se había logrado que Dilma aprobara, junto a Renan y a Serra, el fin de la obligatoriedad de Petrobras de manejar el Pre-sal, ahora el imperialismo quiere todo el Pre-sal. Lo mismo ocurre con la diplomacia internacional, la cantidad de recorte presupuestario a través de la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC 55), los recortes en salud y educación, la reforma previsional, y todo lo que está diseñado para garantizar el pago de la deuda brasileña y el sometimiento al imperialismo como parte del programa del golpe.

No podemos decir que este programa saldrá victorioso, ya que la clase trabajadora no está derrotada estratégicamente. Es posible vencerlos. El proyecto que ellos trazaron provocará reacciones mucho más enérgicas. El Proyecto de Lula y del PT, compartido ahora por varios partidos, incluso por el PSOL a través del “Manifiesto Unidad para Reconstruir a Brasil”, es un proyecto – salvando las diferencias entre cada uno de estos partidos – de un esfuerzo común para intentar conciliar los intereses de los empresarios “productivos” y “nacionales” con promesas, cada día más irreales, de concesiones a los trabajadores, ya que no rompen con la sumisión al imperialismo. Y ahora el imperialismo ya no tolera más lo que toleraba hace una década atrás.

La ofensiva de los yanquis con el FMI y con el poder judicial se viene con todo

Los medios de influencia del imperialismo no pasan sólo por las armas o por el desembarque de ejecutivos del FMI, como ocurre en Argentina. En Wikileaks, donde se filtraron los cables diplomáticos de Estados Unidos, en las mil y una conferencias que los grandes medios de comunicación se encargar de mostrar, en los cursos y premios otorgados por el Departamento de Estado y por la Cámara de Comercio Brasil-Estados Unidos, AmCham, podemos observar un paso obligado por Harvard o Wall Street de cada uno de los actuales gobernantes y pensadores brasileños para este proyecto de país. No hace falta que consten en ningún rol de agentes oficiales del imperialismo yanqui para que sean elogiados como tales. Esto no es una novedad, por el contrario: es algo que viene desde fines del siglo XX, cuando Estados Unidos empezó a utilizar “intercambios culturales” para formar agentes locales, primero con las Fuerzas Armadas y ahora se concentra en el poder judicial.

Es así como estos agentes se burlan de la ley brasileña y de los intereses nacionales, ayudando a empresas estatales de Brasil a que sean condenadas por Estados Unidos, como es el caso de Petrobras, cuando deberían velar constitucionalmente por el patrimonio del Estado nacional, pero, sin embargo, ayudan a transferir la propiedad de JBS de Brasil a Estados Unidos y ayudan a despejar el camino a las contratistas yanquis en todo el continente. Los agentes del Ministerio Público Federal (MPF) de Brasil tienen un intercambio fluido y directo con Washington, que “se pasa por encima de la burocracia”, como ya lo reconoció el ex-Fiscal General estadounidense.

La llamada ’República de Curitiba’ y sus semejantes en Rio y otros lugares son agencias locales de la ley yanqui Foreign Corrupt Practices Act, que sirven para atacar a empresas extranjeras y blindar las estadounidenses y, cuando es necesario, también minan a gobiernos y regímenes políticos en Brasil y en Sudamérica, como fue el caso de la Lava Jato, útil a los intereses no sólo en Brasil, sino también en Perú y en menor medida en otros países. Esta subordinación es la continuidad económica y jurídica del sometimiento ya aceptado previamente por la burguesía y por los militares, con la tutela diplomática-militar de la Doctrina Monroe y sus actualizaciones históricas a través de la OEA, del tratado de Tlatelolco y toda la supervisión yanqui sobre la soberanía nacional, impidiendo la obtención de nuevas tecnologías, ya sea para los radares en el Amazonas con el escándalo de Sivam durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, para los vuelos aeroespaciales en la Base de Alcántara, en el submarino nuclear o con los cazas supersónicos, ambos observados por la mismísima Lava Jato.

Con la actuación del poder judicial brasileño degradan día a día la ya limitada democracia de los ricos con medidas que llamamos bonapartistas, ya sea para apoyar el impeachment y robar el voto de millones de personas o para impedir el derecho a la población a votar en quien ella quiera y así intentan ayudar a que el resultado electoral sea más favorable a algún candidato que profese una subordinación al imperialismo mayor que la que el PT garantizaba.

Pre-sal y Petrobras como una parte del objetivo golpista

El descubrimiento del Pre-sal había sido anunciado, en aquél entonces, como un gran futuro: las ganancias se utilizarían para inversiones en educación y para el desarrollo social. Afirmando su soberanía, Brasil estaría recorriendo el camino del crecimiento económico con la distribución de las ganancias y un desarrollo social, y mejor aún: todo sin la necesidad de rupturas, crisis, sin la irrupción violenta de la lucha de clases, sin enfrentarse a Washington.

El Pre-sal brasileño, el descubrimiento petrolífero más grande de todo el mundo en los últimos 50 años, “es el lugar donde todos quieren estar”, afirmó una vez el presidente de Shell, previo a una reunión con Temer. Allí hay una estimativa de reservas entre 116 mil millones y 288 mil millones de barriles de petróleo, que equivale entre 7% y 12% de las reservas mundiales de petróleo, según diferentes cálculos. El precio de mayo de 2018 del petróleo de estas reservas representaría entre 8 y 20 mil billones de dólares. Una inmensa riqueza que es uno de los principales objetivos de la codicia imperialista. La garantía dada en el gobierno de Dilma que alrededor del 36% de estos recursos se quedarían en manos de los socios imperialistas de Petrobras y de la nueva estatal PPSA (que recibe por la ley del reparto una parte de la producción) ya no bastaba. Con su ambición y subordinación del PT, aún con Dilma a la cabeza, lograron terminar con la obligatoriedad de la participación de Petrobras en la explotación del Pre-sal, y buscan destruir la ley de reparto, para reducir la cantidad de impuestos que inciden sobre el oro negro. Desde el punto de vista de la francesa Total, de la anglo-holandesa Shell, de la estadounidense Chevron, etc., ¿por qué contentarse con los 36% del Pre-sal si se puede ir rumbo a los 100%?

La inmensa fuga de capitales por la deuda entrega, cada día más, más recursos a Wall Street

Se trata de 6,8 billones de reales entregados en 8 años, una media reciente de R$1 billón por año, cada vez más deudas, más intereses y más presiones para recortar los derechos de los trabajadores, para poder pagar aún más deudas e intereses.

No cierran los números de la cuenta actual y por eso los golpistas quieren que haya medidas mucho más agresivas para recortar gastos sociales. Los intereses de la deuda, los más altos de todos de los 35 países de la OCDE que gastan un promedio de 2% de su PIB, representan el 8% del PIB en Brasil. Va a llegar un momento en que no tendrán que pagar la deuda o tendrán que aniquilar la salud, la educación pública y el sistema previsional para pagar la deuda. Tarde o temprano el mecanismo de la deuda expresa lo que es: un mecanismo para retirar los derechos sociales y retirar todo del país, para enriquecer el capital financiero imperialista.
La Ley de Responsabilidad Fiscal, creada por Fernando Henrique Cardoso, honrada por Lula y Dilma, y que tiene su continuidad prometida en el “Manifiesto para Reconstruir a Brasil” implica que los gobiernos deben estipular un techo de gastos para generar este “ahorro para la deuda”, el superávit primario. El tema es que para garantizar este sobrante se deben recortar cada vez más derechos. Según los principales analistas imperialistas, la PEC 55 (que congela los gastos públicos por 20 años, liberando más recursos para la deuda) no resuelve el problema. Es decir, afirman que hay que recortar la jubilación brasileña en 300 o 500 reales y desvincular completamente los gastos en salud y educación. Parte de este programa es abiertamente defendido por Meirelles y por Pérsio Árida, consultor económico de Alckmin.

La deuda brasileña, además de ser la más cara entre los países de la OCDE, también es extremadamente a corto plazo: se exige a cada año la quita del 40% del total, y muchas veces esta se paga con nuevas y más deudas caras. Esta operación es la que genera más ganancias a nivel mundial, dado el grado de intereses generados. Por eso, el 72% de los ahorros privados de los capitalistas en el país se termina derivando al pago de la deuda pública. Esto incluye no solo a los capitales "rentistas", a los que los neodesarrollistas quieren poner impuestos "preferenciales", sino también a los "productivos".. La división entre capital productivo y especulativo sólo existe en la imaginación pueril de algunas personas, del mismo modo que es infantil pensar que es posible buscar márgenes de maniobra para Brasil, sin enfrentarse al imperialismo.

El hecho de que la deuda pública sea principalmente interna no tiene nada de “soberano”. La compra y venta de títulos de la deuda es una parte importantísima de las transacciones de la bolsa BMF/Bovespa, y según la misma el 39% de las transacciones es realizada por los “no residentes”, pero el número real es mucho más elevado.

Todos los grandes bancos y fondos de inversión del mundo tienen sedes “brasileñas”. En este intercambio entre quienes son los dueños de la rentable deuda brasileña circulan 1 billón de reales por mes, según el Banco Central de Brasil.

La importancia de un programa antiimperialista

El único camino para poner al servicio de los intereses de la mayoría de la población algunas de las inmensas riquezas de Brasil -como la producción del 32% de la soja del mundo, 17% del hierro, 9% del maíz, 3% del petróleo y reservas de lo que podría ser el cuarto productor más grande, utilizar la capacidad instalada para ser el quinto mayor productor de autos, cuarto mayor productor de navíos, quinto mayor productor de aeronaves, entre varias otras- es el de enfrentarse al imperialismo y a los capitalistas nacionales. Es erigir en la clase trabajadora una fuerza que saque lecciones revolucionarias de cómo el PT preparó el camino para la actual ofensiva yanqui y de los capitalistas nacionales y, junto a esto, todo un séquito de ideas conservadoras y reaccionarias.

Para ser consecuente con estas lecciones, en primer lugar es necesaria una fuerte orientación antiimperialista y de independencia política de toda la burguesía nacional brasileña, se vista esta con los colores tucanos o de supuestos soberanistas y de “justicia social”, y no sólo debe expresarse en el discurso, sino en un programa.

Cualquier programa que no levante claramente la ruptura con la Ley de Responsabilidad Fiscal, con el no pago de la deuda pública brasileña, como no lo hace Boulos, ni mucho menos Lula, no puede representar más que un discurso de soberanía y desarrollo nacional en medio de la continua fuga de recursos y subordinación.

Las vías de fuga de capitales nacionales empiezan por la deuda, pero también atraviesan cada fraude contable, accionario y bancario. Por eso, necesitamos demostrar a los trabajadores la necesidad de nacionalizar todo el sistema bancario, bajo el control de los trabajadores, para contener esta fuga que también se realiza con otros 25 mil millones de dólares al año, que se remiten como ganancias hacia las matrices de las multinacionales, y utilizar estos recursos para el bien de la mayoría de la población, brindando crédito a bajo costo a los pequeño-burgueses pobres.

Por eso, desde el Movimento Revolucionário de Trabahadores (MRT), resaltamos algunas medidas elementales para que las riquezas nacionales brasileñas estén destinadas a los intereses de la mayoría de la población:
Es necesario controlar los recursos estratégicos de Brasil, nacionalizando los principales sectores de producción que son utilizados para drenar recursos del país: el agro-negocio de la soja, el hierro, el petróleo.

Es necesario impedir nuevas privatizaciones como ocurre con Pre-sal y Petrobras. Debemos luchar para que Petrobras sea 100% estatal y esté gestionada por obreros petroleros, dado que es la única manera de garantizar que sus cifras millonarias no estén destinadas a la corrupción “nacional” o del imperio.

Por la reestatización sin indemnización de las empresas privatizadas, bajo control de los trabajadores, pues es la única manera de garantizar no sólo que estos recursos estén destinados a la población brasileña, sino porque también sirve para combatir la profunda degradación ambiental, como ocurre con Vale/Samarco/BHP Billinton.

Para garantizar que estos recursos estén efectivamente al servicio de la población, proponemos una completa transparencia y publicidad de todos los contratos y cuentas de estas empresas, que sean elegidos técnicos, contadores y otros especialistas de universidades públicas, para que, junto a representantes electos, no sólo garanticen un control popular de estos recursos, sino también para que junto a las administraciones obreras se pueda decidir dónde asignar grandes recursos que podrían servir para planes de obras públicas que garanticen viviendas y transporte de calidad y recursos para la salud y educación para todos los brasileños.

Reteniendo las gigantescas reservas de las principales commodities del mundo, Brasil podría usar este margen de maniobra para utilizar mejor los recursos, desarrollar nuevas tecnologías que permita que todos trabajen menos, y para aumentar los salarios. Para eso, es necesario garantizar el monopolio estatal, bajo el control de los trabajadores, de todo el comercio exterior. Actualmente, el comercio exterior es anárquico y se lleva a cabo según los intereses individuales de los capitalistas. Si estuviera en manos de los trabajadores podría ser un arma al servicio de la mayoría de la población.

Medidas elementales como estas, que tampoco llegan a ser socialistas, despertarían, necesariamente, una oposición del imperialismo y de todos sus socios y hombres armados nacionales. Esta lucha no puede disociarse de la lucha contra el latifundio, dado que se debe garantizar una reforma agraria radical, para que todos aquellos que quieran un pedazo de tierra la puedan tener, junto a estancias colectivas bajo control de los trabajadores para que voluntariamente trabajadores y campesinos decidan cómo van a producir.

La oposición imperialista y de los herederos de las tierras, de la esclavitud y de las rentas nacionales no se dará de manera pacífica. Nunca ninguna clase decidió entregar sus privilegios sin antes luchar. Por eso, también evocamos la necesidad de un gobierno de obreros que rompa con el capitalismo, basado en organismos de democracia directa de las masas.

Traducción: Sharon Vidal







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