Política México

MUJERES LATINOAMERICANAS

Brasil, te digo qué se siente...

Andrea D'Atri

@andreadatri

Martes 1ro de septiembre de 2015 | Edición del día

El pasado sábado 29, con la diputada nacional Myriam Bregman fuimos invitadas a participar del Encuentro de Mujeres y LGTB que organizaron nuestras compañeras brasileñas de Pão e Rosas. Más de 400 mujeres trabajadoras, estudiantes y amas de casa, mujeres y hombres trans y jóvenes gays se reunieron para debatir, intercambiar experiencias y votar campañas y actividades que llevarán adelante en sus lugares de trabajo y estudio. Fue verdaderamente gratificante ver el enorme crecimiento de nuestras hermanas de Pão e Rosas en Brasil.

Frente a ese auditorio planteamos que ese encuentro se estaba haciendo en un momento político muy especial: en Brasil, con la crisis del gobierno de Dilma; en Argentina, transcurriendo los últimos meses del fin de ciclo kirchnerista. Y mientras la crisis golpea a las puertas de los países de la región, cada gobierno busca cómo defender los propios negocios desnudando que la “integración latinoamericana” es apenas un discurso vacío y de lo que se trata es de buscar acuerdos con la Unión Europea o con el imperialismo norteamericano.

Dos mujeres presidentas; tres, si contamos también a Michelle Bachelet. Algo inédito en la historia institucional de la región de lo que mucho se habló durante estos años. Pero en este marco signado por la crisis que empieza a hacerse sentir con suspensiones, despidos, inflación y otros ajustes al bolsillo del pueblo trabajador, son las mujeres quienes cargan el mayor peso sobre sus espaldas. Las mujeres trabajadoras y del pueblo pobre, seguimos muriendo por la violencia machista, por los abortos inseguros, secuestradas por redes de trata y prostitución, trabajando en condiciones de precarización laboral, mientras crece el número de hogares sostenidos por mujeres solas, con salarios que no cubren la canasta familiar, sin vivienda...

En Brasil, cada día, mueren 15 mujeres son asesinadas por la violencia machista o mueren por las consecuencias de la violencia de género y cada 10 minutos, una mujer es violada. Todos los años, alrededor de 860 mil mujeres abortan en clandestinidad y la Organización Mundial de la Salud reconoce que una brasileña muere cada dos días por las consecuencias de esas prácticas inseguras e insalubres. Ya conocemos las cifras de la Argentina: a la brutal estadística que indica que una mujer es asesinada cada 30 horas, hay que agregar el “femicidio estatal” de las 300 mujeres que, cada año, mueren por las consecuencias del aborto clandestino. La precarización laboral tiene rostro de mujer en todo el continente. Y nuestras hermanas migrantes son quienes sufren las peores consecuencias.

Pan y Rosas se ha movilizado, todos estos años, por los derechos de las mujeres transformándose en una de las organizaciones más grandes de América Latina, reuniendo a miles de mujeres en Argentina, Brasil, Chile, México, Bolivia y Uruguay. Esa experiencia de lucha y organización de nuestra corriente es la que se expresa en nuestra candidatura para el Parlasur.

La voz de las mujeres al Parlasur

Aun denunciando que el Parlasur en manos de esta casta política que administra los negocios de los capitalistas y vive alejada de la realidad del pueblo trabajador latinoamericano, es apenas una institución “decorativa”, creemos que conquistar allí la presencia de una voz de las trabajadoras, las jóvenes y la izquierda significaría una nueva tribuna para la denuncia de la entrega y el saqueo, para impulsar la solidaridad con las luchas obreras y populares, por encima de las fronteras, expresando la necesidad de unir a los pueblos trabajadores de toda la región e internacionalmente.

Para que el grito de “Ni Una Menos” se oiga en todo el continente; para acabar con la intromisión de las iglesias y los Estados sobre nuestras sexualidades, nuestros cuerpos y nuestras vidas; para denunciar que las redes de trata y prostitución nos convierten en mercancías con la complicidad y participación directa de las autoridades políticas, judiciales y las fuerzas represivas de los Estados; para mostrar que no estamos solas, porque la lucha contra la opresión y la discriminación, como la lucha contra la explotación es la misma a un lado y otro de las fronteras impuestas por las clases dominantes.

Volvimos de Brasil con mayores convicciones de poner en pie un poderoso movimiento de mujeres en toda América Latina, que sea una fuerza política consecuente en la lucha por los derechos democráticos. Pero más concientes también de que mientras no rompamos definitivamente las cadenas de la explotación que esclavizan a millones de seres humanos y sobre las que se sostiene este régimen social de miseria, desigualdad y oprobios, ni las mujeres ni ningún otro grupo social oprimido alcanzaremos nuestra emancipación definitiva. Por eso, es necesario construir una izquierda de la clase trabajadora, un partido que levante nuestras demandas en la perspectiva de atacar el poder de los capitalistas con una lucha revolucionaria, por un gobierno de la clase trabajadora y por el socialismo internacional. Esa es nuestra tarea, una tarea que no respeta las fronteras con las que los gobiernos –más allá de las retóricas- pretenden dividirnos.







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