Internacional

UNIVERSIDAD DE SAN PABLO

Brasil: la lucha del sindicato no docente es la defensa del derecho a organización

A tres días del receso navideño, el rectorado de la Universidad de San Pablo (USP) avanza en el ataque al sindicato de trabajadores no docentes.

Marcelo Pablito Santos

Dirigente del Sindicato de Trabajadores de la USP

Viernes 23 de diciembre de 2016 | Edición del día

Bruno Gilga
Marcelo Pablito

En 2016, y sobre todo después del golpe institucional, una serie de ajustes y ataques venidos del gobierno golpista de Temer y del parlamento afecta a los trabajadores y a la juventud en forma brutal. El congelamiento de gastos sociales como la salud y educación por 20 años mediante una enmienda constitucional (PEC 55 conocida como PEC del fin del mundo) que afectará brutalmente también a la universidad y hospitales universitarios, así como la reforma previsional, condenan a los trabajadores a una vida de explotación y precarización. Gobiernos y patrones están unidos para tirar la crisis económica sobre la espalda de los trabajadores. En este contexto, el Rectorado de la mayor universidad de Brasil, la USP, está alineado con el objetivo de destruir los derechos básicos de los trabajadores y la población, como la salud y la educación.

La USP es la más grande –y tal vez la más elitista- universidad de Brasil. Está en el ranking de las mejores universidades del mundo. En este universo hay más de 15.000 trabajadores que cotidianamente ayudan a construirla, su fama y sus premios. Cotidianamente, la USP es también un campo de batalla entre los trabajadores y el Rectorado, con su proyecto privatista y de destrucción de la universidad pública y precarización del trabajo.

La actual gestión, bajo el comando de Marco Antonio Zago, ya desguazó el hospital universitario y los aparatos de salud que atienden a la población. Lo que Zagó denominó en una entrevista “grasa para quemar” es uno de los principales hospitales de referencia de la Zona Oeste, tan carente de atención de salud. Además, cerró miles de puestos de trabajo con el plan de incentivo al retiro voluntario (PIDV según sus siglas en portugués) aumenta la sobrecarga de trabajo y la precarización. Cerró también, desde 2015, las vacantes en las guarderías de la USP impidiendo que cientos de madres y padres estudiantes se mantengan en la universidad, además de perjudicar a otro centenar de trabajadores, sobre todo mujeres, de la universidad que no tienen cómo dejar a sus hijos para que sean cuidados y educados en lugares cercanos a sus trabajos.

Desde principios del años 2016 el Rectorado de la USP declaró la guerra no solo a los trabajadores de la universidad, sino también a su sindicato, el Sintusp, y su sede física, ocupada hace más de 50 años. A fines de noviembre, el Rectorado avanzó en ese ataque, buscando el desalojo judicial del edificio que ocupa el Sintusp. La justicia concedió la orden de desalojo, sin embargo el mandato aun no fue expedido y el poder judicial se encuentra en receso hasta el 9 de enero de 2017. No contento con esto, el Rectorado decidió por cuenta propia cercar la sede del sindicato, así como el centro de estudiantes de la Escuela de Comunicación y Arte (ECA) y el espacio de convivencia estudiantil.

Para resistir a esta destrucción de la universidad, la fuerza de los trabajadores es fundamental. El Sintusp, sindicato de trabajadores no docentes de la USP, ha cumplido el papel de defensa de los derechos de los trabajadores y de la universidad, siendo una verdadera piedra en el zapato de los proyectos del Rectorado. El histórico de lucha y combatividad de los trabajadores de la USP y de su sindicato es bastante extenso. No en vano, en una entrevista concedida a la revista Veja, Zago plantea que para efectuar sus planes privatistas de universidad “hay que terminar con la dinámica de sindicalismo en la universidad”.

¿Qué quiere decir el rector de la USP con eso?

Zago no respeta ningún derecho básico de los trabajadores, ni de estudiantes, ni siquiera de la comunidad Es el derecho constitucional de organización sindical de los trabajadores lo que Zago quiere atacar. Para él, así como para cualquier patrón, que no exista un organismo de trabajadores que defienda sus derechos es el mejor de los mundos. Pero el Rectorado no quiere atacar a un sindicato cualquiera, sino que quiere atacar a un sindicato combativo, clasista y democrático que se apoya en la democracia obrera para defender no solo los derechos de los trabajadores de la USP sino que se pone al servicio de defender la universidad y la unidad de las filas obreras, defendiendo a efectivos y tercerizados.

El Sintusp se ha colocado al frente de la defensa de la educación, exigiendo más partidas presupuestarias para la universidad, ampliación de las vacantes y cupos raciales para que todo hijo de trabajador tenga acceso a la universidad y sus investigaciones y sus frutos estén al servicio de la población y no de empresas privadas. Defiende irrestrictamente a todos los trabajadores tercerizados exigiendo su inmediata efectivización, para poner fin a la explotación de miles de trabajadores, sobre todo mujeres negras, por empresas tercerizadoras y fundaciones privadas (en su mayoría bajo control de la burocracia académica). El Sintusp es también línea de frente de la defensa de la salud, luchando contra la desvinculación de los hospitales como el HU (Zona Oeste) y el HRAC (Bauru) y su desguace (proyecto de Zago en curso), además del mantenimiento de equipamiento de salud de la universidad, como el Caseb, y la lucha contra los OS (Organizaciones Sociales), que son empresas privadas sin compromiso con una salud de calidad, que lucran con la carencia de hospitales en regiones como la Zona Oeste de San Pablo.

El Sintusp actúa también, además de los muros de la universidad, contra toda forma de opresión y explotación, en defensa de los derechos de las mujeres, a través de su secretaría de mujeres, de los negros, con la secretaría de negras y negros y combate al racismo y la opresión sexual con la secretaría LGBT. Donde los derechos están siendo más atacados, en la salud y educación, los principales blancos de los ataques, mujeres, juventud negra y periférica, la defensa de todo esto es parte de la tradición del Sintusp y de los trabajadores de la USP.

Por eso el Sintusp es blanco del Rectorado de la USP y con eso toda la tradición de lucha de ese sector, forjada en la defensa de la educación y de los derechos de los trabajadores, es atacada cuando se ataca el espacio físico de este sindicato.

La campaña democrática contra el desalojo de la sede del Sintusp debe ser entendida como la defensa incontestable del derecho de los trabajadores de organizarse libremente, de tener un organismo que lo represente y luche por sus derechos, que organice su sector y también a su clase y que responda políticamente a los ataques a los trabajadores. Más aun, defender el Sintusp es defender una tradición de unidad de los trabajadores y de defensa de los derechos de toda la población que es ejemplo para todos los sindicatos de Brasil y del mundo. Al atacarlo, Rectorado, gobiernos y patrones atacan a un símbolo de lucha ejemplar para todos los trabajadores de todos los sectores.

Hoy el blanco del ataque es la sede del Sintusp pero el ataque no se termina ahí. Todos nuestros de rechos, la salud, la educación, la lucha contra el machismo y el racismo- que ya están siendo duramente atacados por el gobierno golpista de Temer- son blancos del Rectorado, de los gobiernos y de los patrones.

En defensa del derecho de organización sindical, salud y educación: #SintuspFICA!






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