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PARO POR AUMENTO COMBUSTIBLES

Brasil: hubo acuerdo entre el Gobierno y las patronales del transporte

Durante cuatro días se desarrolló en Brasil una huelga de transportistas autónomos y grandes patronales del transporte contra el aumento del precio de los combustibles producto de las políticas del gobierno de Michel Temer. Los trabajadores, que también son afectados por los aumentos, necesitan una política independiente.

La Izquierda Diario

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Viernes 25 de mayo | Edición del día

Desde el lunes se desarrolló en Brasil una huelga de transportistas contra el aumento del precio de los combustibles producto de las políticas del gobierno de Michel Temer. Medidas similares tomó el gobierno de Macri, generando rechazo por su impacto sobre el precio de los combustibles y sobre el conjunto de la economía, en especial los productos de la canasta básica.

Desde transportistas autónomos hasta las grandes federaciones patronales impulsaron la huelga, que se sintió en estaciones de servicio de todo el país. La huelga generó simpatía popular por la demanda de reducción del precio de los combustibles, simpatía legítima ya que afectará a la vida de la mayoría de los trabajadores.

Este jueves, diversas entidades representantes de transportistas se reunieron con el gobierno y acordaron una rebaja impositiva y varias medidas compensatorias, a cambio de una tregua por 15 días, cuando se volverá a negociar.

El acuerdo incluye medidas que no afectan el interés del gobierno de privatizar Petrobras, ayuda a los empresarios de transporte y dejan de lado cualquier medida relativa al aumento del gas de cocina y gasolina. El acuerdo afecta solo el diesel, dejando de lado otros combustibles. Una verdadera provocación para todos los trabajadores, que tendrán el gas de cocina y gasolina ajustados diariamente, tal como exige el capital extranjero para entrar en las privatizaciones.

La política del gobierno golpista

Temer cambió la política de reajuste de precios de los combustibles. A partir de ahora, el precio fluctuará según el movimiento de los mercados y la cotización del dólar. Esta era una exigencia de las grandes petroleras estadounidenses, como ExxonMobil y Chevron, la anglo holandesa Shell y la francesa Total, para poder entrar a Brasil. Con eso, el Temer y Pedro Parente, presidente de Petrobras, intentan preparar a toda velocidad la privatización de Petrobras.

Esto va a significar el empeoramiento de los servicios y un costo cada vez más alto para el consumidor. El aumento de impuestos y del precio del combustible tiene como objetivo conseguir más subsidios, aumentando el costo para quienes tienen que pagar el gas de cocina, la gasolina y otros derivados del petróleo: la población trabajadora y pobre de Brasil.

Los objetivos de la patronal

Las grandes patronales del transporte, la logística y el comercio de vehículos pesados reclaman exclusivamente dos puntos: reducir el precio del diesel y aumentar los subsidios públicos para garantizar sus ganancias.

Estas federaciones patronales no están preocupadas por el aumento de los precios de la nafta y del gas para cocinar, que afecta a decenas de millones de personas, o con las pésimas condiciones de trabajo de los camioneros.

Por eso es clave la independencia de los trabajadores frente a la actuación patronal agrícola y del transporte, que se monta sobre las demandas obreras en función de obtener más subsidios en acuerdo con Temer para incrementar sus ganancias.

Durante los 13 años del gobierno del PT, los precios de los combustibles estuvieron en manos de los grandes accionistas de Petrobras. Esta política, junto con el sometimiento de Petrobras al capital extranjero y con la corrupción que el PT asimiló de la derecha, abrió el camino a la derecha golpista que hoy quiere privatizar a Petrobras.

Para lograr la reducción de los precios de los combustibles sin que aumenten los impuestos a la población, los trabajadores de Brasil tienen planteado frenar la entrega de Petrobras a los capitales extranjeros, estatizarla al 100% expulsando a los lobistas, accionistas y burócratas que trabajan para los capitales imperialistas, y que pase a ser controlada y administrada por sus trabajadores, poniendo adelante los intereses de la población, garantizando servicios baratos. Para ello, las centrales sindicales, deben romper su inmovilismo frente a los ataques de Temer y encabezar la movilización para anular el aumento de combustibles.







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