Géneros y Sexualidades

BRASIL

Brasil: fallo reaccionario autoriza las terapias de "reconversión sexual"

El fallo del juez federal Waldemar Cláudio de Carvalho apunta a tratar de enferma a la diversidad sexual fomentando la violencia en un país donde en promedio matan una personas LGBTI por día.

Pablo Herón

@PhabloHeron | Estudiante de Psicología (UBA)

Melina Michniuk

Consejera directiva - Psicología (UBA)

Jueves 21 de septiembre | Edición del día

El pasado 15 de septiembre se conoció en Brasil una orden judicial que abre la peligrosa posibilidad a psicólogos de utilizar terapias de reversión sexual, la cuales tienen como objetivo “curar” a las personas LGBTIs imponiéndoles la heterosexualidad como la única sexualidad posible. La acción fue promovida por un grupo de psicólogos defensores de esa práctica, que fue prohibida en muchos países por representar una violación de los derechos humanos y no tener ninguna base científica. La misma va contra las conquistas obtenidas por la organización y lucha del movimiento de la diversidad sexual que logró que la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) desde 1973 no considere la homosexualidad como una enfermedad, así como que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la quite de la Clasificación Internacional de Enfermedades en 1990.

Esta medida ya había sido impulsada en 2013 desde el Congreso de la mano de un diputado evangelista. La movilización de miles en las calles obligó a la cámara de diputados a retroceder en la propuesta de modificación de la resolución elaborada por el Consejo Federal de Psicología, institución que al día de hoy repudia el fallo del juez federal de Brasilia, Waldemar Cláudio de Carvalho.

Las terapias de reconversión sexual, más allá de las legislaciones en su contra, continúan siendo una nefasta práctica ampliamente extendida a nivel internacional. Las mismas pueden consistir desde la terapia psicoanalítica y el encierro en clínicas de internación, hasta las terapias aversivas, llegando a los casos más extremos en la historia con intervenciones quirúrgicas de todo tipo y hasta lobotomías. Los tratamientos de aversión consisten en la exposición del “paciente” a dos estímulos de manera simultánea: uno de ellos es la actividad o estímulo que se desea erradicar y el otro es un estímulo que provoca cierto grado de displacer o incluso dolor, que suele realizarse mediante el electroshock. Con estas terapias lo que se busca es que la persona, cuando pensara en alguien del mismo sexo con quien quiera acostarse, se acordara de las descargas eléctricas y a partir de aquí, supiese que aquello estaba mal y que no debía de hacerse por más que le gustara o quisiera.

Estos métodos pueden provocar efectos devastadores en la subjetividad de quienes los padecen, como la depresión, ansiedad y tendencias suicidas; dichas “terapias” implican la perspectiva de una supuesta cura para la homosexualidad, dando por entendido que existe un estado de "salud" ligado a la sexualidad heteronormativa. Una mirada que encuadra con la ideología más conservadora, como los dichos del papa Francisco que llegó a comparar las personas trans con armas nucleares, y hasta con sectores del campo de la psicología y el psicoanálisis que aún al día de hoy desde las academias sostienen la patologización de la diversidad sexual, arrastrando en sus posiciones preconceptos biologicistas y de la moral religiosa. Muy lejos de concebir la sexualidad como producto de una elección subjetiva, a partir de la historia de la persona, y el contexto familiar, social, económico, histórico, político y cultural. El sexo, la identidad de género (hombre/mujer/trans/travesti), y la orientación sexual según el deseo y sentir de cada persona no son lo mismo, mientras el primero está determinado por la biología, el segundo y el tercero son una construcción social mediante la cual se asignan determinados roles y formas de conducta, que se construyen a partir de diferentes identificaciones.

El fallo de este juez federal, no solo implica una avanzada contra los derechos de la diversidad sexual, sino también fomenta la violencia, discriminación y los prejuicios más reaccionarios en las y los trabajadores brasileños, dividiendolos en el marco del brutal ajuste que lleva adelante el gobierno golpista de Temer. Como ya sucedió en 2013, solo la lucha en las calles de miles de LGBTIs junto a la clase trabajadora, las mujeres y los jóvenes, logrará tirar abajo el intento de la casta judicial para retroceder en los derechos conquistados.








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