Política

DECLARACIÓN POLÍTICA

Brasil: abajo la intervención federal, fuera las tropas de Río de Janeiro

La intervención federal de Río es continuidad del golpe de Temer. Publicamos a continuación la declaración política del Movimiento Revolucionario de Trabajadores de brasil.

Viernes 16 de febrero | 13:59

El golpista Temer acaba de anunciar una intervención militar en Río de Janeiro, en acuerdo con el gobernador Fernando Pezão. Se trata de una escalada represiva sin precedentes en medio de los intentos de aprobación de la reforma previsional.
Además, Temer busca imponer una medida que le permita revertir su creciente impopularidad, al tiempo que ahogar el grito de odio contra los ataques a los derechos de los trabajadores, que quedó explícito durante el carnaval.

El anuncio de una intervención federal hace que la votación de cualquier medida provisional (como es el caso de la reforma o enmienda constitucional) quede suspendida durante el tiempo que dure la intervención. Sin embargo esto no significa que el gobierno no pueda avanzar en la aprobación de la reforma previsional, ya que puede suspender la intervención federal durante un día y volver a retomarla después de votada. Pero es incuestionable que se trata de un intento de Temer de desviar las atenciones de su debilidad, para aparecer como un gobierno de "mano fuerte" contra el pueblo negro y pobre. Con eso la reaccionaria bancada de la derecha securitaria sale aún más favorecida.

A diferencia de la Garantía de Ley y Orden (GLO) que estaba en vigor en el estado de Río desde el año pasado, responsable de las operaciones del ejército en ese Estado el último año, la intervención decretada por Temer es inédita desde la instauración del régimen de 1988. Con ella se instituye una intervención federal en el estado de Río de Janeiro, con el Ejército teniendo el control absoluto de las fuerzas represivas, creando aún una especie de gobernador específico para encabezar la represión en Río de Janeiro, a cargo del general Braga Netto. Se trata de una intervención de las fuerzas represivas sobre la política de Río de Janeiro con "super poderes", que superan meras operaciones locales de los militares, y que ya de por sí son escandalosas.

Como si esto no fuera suficiente, Temer quiere también crear un Ministerio para "mejorar la represión". Con ello la policía federal, la caminera y todos los aparatos represivos saldrían de la órbita del Ministerio de Justicia hacia un nuevo Ministerio. Esto podría redundar en que la Policía Federal que actualmente investiga algunos de los ya conocidos escándalos de corrupción que involucran a Temer, termine cambiando de mando. Se especula que este nuevo "Ministerio de la Bala" quedaría a cargo del general Sergio Etchgoyen, actual ministro de Seguridad Institucional del gobierno golpista proveniente de un largo linaje de generales de la dictadura, o de un exgobernador de São Paulo, Antônio Fleury Filho, responsable por la infame Masacre de Carandiru. Son dos nombres que ya anuncian lo que están preparando para los trabajadores y el pueblo negro y pobre.

En un marco de recrudecimiento del autoritarismo judicial, con la condena sin pruebas de Lula, ahora es el turno de Temer seguir el golpe que lo puso ilegítimamente en el poder, y con ello atacar los derechos democráticos elementales del pueblo, bajo la demagogia falsa de que estaría preocupado por la población que sufre las consecuencias de la descomposición social generada por la crisis. En realidad Temer, así como todos los políticos que actúan para perpetuar la situación de miseria de la amplia masa de los trabajadores, busca profundizar aún más la criminalización y la represión de los pobres y negros, en medio de la aprobación de ataques como son la reforma laboral y previsional.

La crisis del estado de Río de Janeiro, creada por los capitalistas y alimentada por los gobiernos que actúan en su beneficio, viene siendo descargada sobre las espaldas de los trabajadores y del pueblo pobre y negro de las maneras más brutales. Son familias obreras destrozadas por la miseria, jubilados obligados a trabajar hasta la muerte, jóvenes negros y pobres sin ninguna perspectiva. Para los trabajadores y el pueblo pobre de Río de Janeiro la única respuesta que existe es la represión, la miseria y el asesinato de su juventud a manos de la policía.

En un Estado en el que reina la impunidad a los asesinatos cometidos por los policías contra el pueblo trabajador, en que las operaciones policiales en las comunidades son cada vez más violentas -como las imágenes de los helicópteros de la policía disparando a los habitantes de Jacarezinho, o la violencia policial cotidiana en Maré-, esta medida autoriza que los policías y militares actúen aún más impunemente, concediendo todo el poder a un general, que no ha sido votado por nadie y que no será controlado por nadie.

No es casualidad que sea Río de Janeiro la plataforma de esa escalada represiva, que apunta en realidad a ser una prueba piloto para todo el país en cómo lidiar con la crisis generada por los capitalistas. El mensaje es "o aceptan los ataques o el futuro de Brasil será como en Río": es decir reprimir y actuar preventivamente contra cualquier organización de los trabajadores y del pueblo que se levante contra las reformas, barriendo el espectro de una resistencia como la que se dio con la huelga general del 28 de abril del año pasado. Sin embargo, la aspiración a resistir a los ataques sigue viva, pese al pacto de inmovilismo de las centrales sindicales.

Necesitamos partir de esas aspiraciones y organizar la resistencia para acabar con la tregua de las centrales sindicales y exigir una huelga general en defensa de nuestros derechos como la jubilación y la revocación de la reforma laboral. Que avance contra los privilegios de los capitalistas y de los políticos. Y que ahora incluya la exigencia del retiro inmediato de las tropas del Ejército de Río de Janeiro, y la caída del decreto de Temer.

En necesario que el pueblo trabajador de Río de Janeiro, que sufre todos los días las consecuencias de la descomposición social causada por la crisis, no caiga en las ilusiones de que la militarización resolverá la situación. Es necesario acabar con la guerra a los pobres, en especial a los negros, garantizando la legalización de las drogas. Todas estas medidas represivas están dirigidas contra nosotros. Sólo la resolución de la crisis haciendo que sean los capitalistas y los corruptos los que paguen por la crisis que crearon, expropiando sus empresas y poniéndolas a producir bajo control de los trabajadores, puede resolver en profundidad el problema que genera la violencia social.








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